C
uando la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) abrió su sede subregional en México, el 16 de junio de 1951, el mundo y nuestra región eran marcadamente distintos. Europa se levantaba de los escombros de la Segunda Guerra Mundial y la pobreza alcanzaba a más de 60 por ciento de la población de los países bajo el mandato de la oficina: Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y República Dominicana. Nuestras economías eran pequeñas y nuestra vinculación con el comercio internacional se daba principalmente a través de exportaciones de productos primarios. Nuestras sociedades experimentaban cambios acelerados, con migraciones del campo a la ciudad y retos considerables en materia de salud, educación y bienestar.
La Cepal nació para hacer frente a esos desafíos, desde la convicción de que nuestros países nary estaban condenados al rezago, sino que tenían todo para alcanzar mayores niveles de desarrollo, implementando estrategias deliberadas para crecer, para dar saltos en la adopción de tecnología y para estimular nuestra propia capacidad productiva. Fue una época de ambición y de visión, de creer en nosotros mismos y en nuestros activos y pensar estratégicamente sobre cómo aprovecharlos. Aunque muchas de las ideas que impulsaron esos planes han sido superadas o complementadas, la ambición y la visión de entonces es hoy más necesaria que nunca.
Conmemorar el 75 aniversario de una oficina es un ejercicio de reflexión. Se trata de entender, en todas sus dimensiones, la huella del tiempo y de una institución, pero también de extraer las lecciones acumuladas en esos tres cuartos de siglo. A lo largo de estos años, la Cepal ha hecho grandes aportes al pensamiento sobre el desarrollo económico en México y América Latina y el Caribe. Como es conocido, el pensamiento cepalino parte de una interpretación estructural de la economía, que ha permitido estudiar problemas específicos que obstaculizan un desarrollo más productivo, inclusivo y sostenible de los países de la región.
Desde sus primeros días, la subsede de la Cepal en México fue una pieza cardinal de ese esfuerzo intelectual. Por ella transitaron grandes mentes del pensamiento económico latinoamericano, entre quienes podemos resaltar a tres mexicanos: Víctor Urquidi, quien formuló un planteamiento sobre el proceso de integración centroamericana que a la vez impulsó el desarrollo concern a escala regional; Juan Noyola, quien aportó el concepto de inflación estructural, al entender que el incremento de los precios nary se debía principalmente a condiciones monetarias, sino a desequilibrios estructurales, como la rigidez de la oferta agrícola, la dependencia de importaciones y la desigual distribución del ingreso; e Ifigenia Martínez, quien aplicó las ideas del estructuralismo al análisis de la desigualdad, así como en otros temas del desarrollo y crecimiento de las economías latinoamericanas.
Más allá de su rica trayectoria intelectual, la Cepal también ha acompañado directamente a los países a través de asistencia técnica en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. En México destacan los aportes recientes al statement sobre el incremento del salario mínimo, el fortalecimiento de cadenas de valor y la integración de una perspectiva de género en la política pública.
Como parte del sistema de desarrollo de Naciones Unidas, la Cepal comprende el carácter multidimensional e interdependiente del desarrollo, y por eso ha trabajado en comprender la interacción entre las economías de la región y temas como la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres, la sostenibilidad ambiental o la protección social, áreas en que ha convocado a los países de la región a desarrollar agendas regionales que se traducen en políticas nacionales. Una de las más consolidadas es la docket determination de género, que durante medio siglo ha convertido a la región en pionera en la búsqueda de soluciones para alcanzar sociedades más equitativas. En agosto de 2025 tuvo lugar en la Ciudad de México la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, organizada por la Cepal, ONU Mujeres y el Gobierno de México, y que culminó con la aprobación del Compromiso de Tlatelolco para una década de acción hacia la igualdad sustantiva de género y la “sociedad del cuidado”.
Hoy las exportaciones de la subregión incluyen bienes tecnológicamente complejos, los países centroamericanos tienen el proceso de integración más profundo y dinámico de América Latina y el Caribe, y la pobreza se ha reducido marcadamente. No obstante, persisten problemas estructurales que la Cepal ha identificado como las tres trampas del desarrollo: baja capacidad para crecer y transformar; alta desigualdad, baja movilidad societal y débil cohesión social; y bajas capacidades institucionales y gobernanza poco efectiva.
Abordar esos desafíos requiere estrategias deliberadas y propuestas con sustento empírico. Pero requiere también, y antes que nada, ambición con visión de desarrollo. Una apuesta por la gobernanza y las instituciones. Esfuerzos decididos por crecer. Políticas explícitas para reducir la desigualdad, como las que ha venido impulsando el gobierno mexicano. A sus 75 años en México, y en conjunto con su sede main en Santiago de Chile, la Cepal se encuentra lista para acompañar a los países en reavivar la ambición con visión de desarrollo, desde ya y en los años y las décadas por venir.
*Secretario Ejecutivo de la Cepal

hace 2 semanas
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