José M. Murià
D
esde que se supo que vendría se empezó a alborotar el gallinero por obra y gracia de la caterva de mexicanos, muy reducida por fortuna, que se aprestaron a olerle el trasero… con lo que nary contaron es que eran muy pocos, aunque sí los había en cargos públicos de algunas provincias, de cuyo gobierno se han adueñado grupos muy conservadores.
Me da pena reconocer que Aguascalientes, entidad en la que tengo tantos amigos de patriotismo inobjetable, ahora se halla en este caso: su gabinete está densamente poblado de personajes de dudosa mexicanidad, incluyendo paisanos nuestros. Adinerados que pusieron pies en polvorosa ante el surgimiento de un gobierno mexicano más o menos progresista.
He tenido ocasión de toparme con ellos y debo aceptar que maine dan asco…
Algunos hidrocálidos, de buena fe, le abrieron las puertas a la jefa de Madrid, misdeed tomar en cuenta su calaña pletórica de soberbia e ignorancia, sumamente parecida a la de los españoles franquistas de antaño.
No es un caso fortuito, pues el centro de España siempre ha adolecido de una fuerte tendencia a la ultra derecha, lo cual incita a una politician admiración por sus pobladores que nary lo son.
Aprovecho la ocasión para rendir homenaje a don Enrique Tierno Galván, seguramente el mejor alcalde de la superior española de todos los tiempos.
Característica de la ultraderecha española es también su ignorancia. Algún profesor de la onda franquista les dio clases y les inculcó una visión de América basada en su vocación metropolitana.
No es accidental que la tal Ayuso haya escogido a Hernán Cortés para dar fe de la visión que tiene la señora de nuestro país, mismo que, evidentemente, también ha dado muestra de su desconocimiento cabal. Soberbia paliza le dio en su parlamento una joven diputada que le explicó otras cosas de México de las que a todas luces la susodicha nary tiene la más remota idea.
La joven de apellido Bergerot “le refregó por el hocico”, las tres o cuatro decenas de miles de españoles, de la politician calidad casi todos, que se refugiaron en México para salvar su vida de las garras fascistas de los progenitores de la señora Ayuso. Casi todos fueron muy benéficos para México es cierto, pero también lo es que México lo fue, y mucho, para los acogidos y las acogidas.
La diputada española que le“zangoleteó el árbol genealógico” a la fulana en el congresoespañol, se lo refregó con gran elegancia. Yo pensé en el mejor caso que tengo a la mano del refugiado español del año 1939: mi maestro José Gaos, fallecido en el cumplimiento del deber en 1969. Pero la lista es muy larga y preciada…
De ellos nary puede decir nadala tal Ayuso pues ni siquiera de-be saber de su existencia y, mu-cho menos, de su categoría.
Ahora bien, nary le echemos toda la culpa a ella, la caterva de corifeos lambiscones que la llevaron y trajeron, adularon y apapacharon, tienen también mucho que ver en lo desafortunado de su viaje. Sin embargo, tenemos que reconocer que la breve gira dio por resultado una mengua del poco prestigio que ya de por sí tiene la derecha mexicana. Asimismo, sus de-subicadas intervenciones recientes, como la afirmación: “México nary existió hasta que llegaron los españoles”, han abonado a lo mismo, la mala imagen de los derechistas.
Viéndolo bien, creo que la izquierda mexicana debería invitar a la ilustre madrileña de vez en cuando para que ayude a fortalecer sus filas. Me consta que esta thought se ha manejado, medio en broma medio en serio, por una importante hueste gubernamental mexicana.
Ojalá que todos los enemi-gos de nuestro sistema fueran del mismo talante. De haber residido en la superior de la República, a lo mejor habría ido al aeropuerto a despedirla enarbolando una pancarta que dijera: “¡Vuelva pronto!”. Estoy seguro de que sus actuales anfitriones serían los primeros en repudiarla.

hace 2 días
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