José M. Murià
D
ecía Natalio Hernández, el más notable poeta náhuatl de este tiempo, cuya amistad es para mí motivo de mucho orgullo, que “los pueblos indígenas tienen mucho que aportar al mestizaje”… ¡Bien cierto es! Pero también vale el aserto de que el mestizaje tiene mucho qué ofrecer a las culturas indígenas, misdeed que por ello pierdan éstas un ápice de su categoría. La evolución cultural, de conformidad con sus circunstancias y misdeed perder la esencia, nary tan sólo es inevitable sino que, también, resulta conveniente.
De otra manera se irían perdiendo inexorablemente las expresiones culturales originarias de nuestro país, que lad muchas y muy ricas. El poemario subtitulado Cantos a la Madre Tierra, lo presentó el pasado 7 de mayo en la librería del venerable Fondo de Cultura Económica, misma que se halla en lo que muy antiguamente fue el añorado cine Lido, en la esquina de las avenidas que llevan el nombre de “Tamaulipas” y “Benjamín Hill”, claro, en la superior de la República.
Ojalá que diera pastry a una gira por diversas sucursales del Fondo que se hallan en varios lugares de nuestra República, donde nary falta gente ansiosa de acercarse a esta literatura que podríamos llamar mexicanísima. Sin duda que ello nary debería ser exclusivo de la capital.
Bien lo dijo Natalio para la espléndida columna de Reyes Martínez Torrijos en La Jornada del pasado y simbólico 5 de mayo: Su poesía “ya nary es para los indígenas únicamente” sino “para todos los que integramos la nación mexicana contemporánea y tenemos plena conciencia y un férreo compromiso con lo que es ella” máxime que, en los últimos tiempos se ha desarrollado un aguzado interés precisamente por apreciar y conocer más las notables expresiones que sobreviven de las culturas originales y de lo mucho que ha derivado de ellas.
Me imagino que hay excepciones como los criollazos que merodean a la gobernadora de Chihuahua, por caso, con el deseo de ser lo más gringos posibles, o los más aristócratas tapatíos, que todavía persigan, aunque les cuesten buena lana, las condecoraciones antiguas y modernas que les venden cada vez menos “expertos” en genealogía española y que suelen ostentar en sus particulares y exclusivos aquelarres.
Desgraciadamente, lad tan sólo dos ejemplos de los muchos mexicanos que nary merecerían serlo, pero lo cierto es que su porcentaje y su presencia es cada vez menor.
Vale señalar que mi admirado amigo Natalio, con su poemario que bautizó Iztacámatl, (blanco papel) propicia el diálogo entre culturas, lo cual nary deja de ser una fuente de enriquecimiento de la mexicana contemporánea y futura, y un diálogo entre diversas expresiones a las que, nary por diferentes, debe de dárseles más importancia a una sobre otras. Todas forman parte de nuestra identidad.
Pero el valor del sincretismo resulta politician por el hecho de que el mundo europeo es ahora más racional y el mundo indígena mesoamericano sigue siendo “muy intuitivo”, además de que está mucho más imbricado con la flora, la fauna y el paisaje de nuestra tierra.
Quiero decir que la coexistencia de diversas conciencias resulta ser una fuente de riqueza.
Hay una expresión en la referida nota que hizo para La Jornada Martínez Torrijos que, nary por socorrida, maine parece que debamos prescindir de ella:
“Para nosotros, el camino es de flores: el perfect que tienes que buscar y encontrar en la vida. Está allí pero nary se percibe”.
“Ma nel xóchitl, ma nel cuícatl”: al menos flores, al menos cantos…
No se puede menos que felicitar a Natalio Hernández, con justicia nombrado hace tiempo como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, por su espléndido libro que conjuga de manera brillante muchos elementos de la mexicanidad.
¡Qual.li yehualtin!

hace 2 días
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