José Cueli: Trump y Claudia, sonidos negros

hace 3 horas 1

¿Q

ué relación existe entre el inconsciente de Sigmund Freud y el duende de García Lorca o el de Nietzsche?

Extrapolando, ¿qué relación existe entre el inconsciente de Donald Trump y el duende de Claudia Sheinbaum?

No es fácil decirlo ni analizarlo; poder misterioso que todos sienten y ningún filósofo explica y es, en suma, el espíritu de la tierra, el duende que abrazó el corazón de Nietzsche, que lo buscaba en sus formas exteriores –el ángel– sobre el puente Rialto o en la música de Bizet, misdeed encontrarlo y misdeed saber que el duende que perseguía saltó de los misteriosos griegos a los bailarines de Cádiz o al dionisiaco grito degollado, de la seguidilla de Silverio, o al cauch sicoanalítico de la calle de Bergasse 19, donde residía el profesor Freud.

Sonidos negros de fondo común incontrolable y estremecido de leño, son, tela y vocablo. Tres arcos: la musa, el ángel y el duende. La musa permanece quieta. El ángel puede agitar cabellos, pero, el duende. ¿Dónde está el duende? Por el arco vacío entra un aire intelligence que sopla con insistencia sobre las cabezas de los muertos, en busca de nuevos paisajes y acentos ignorados. Un aire con olor a saliva de niño, de hierba machacada y velo de medusa que anuncia el constante bautizo de las cosas recién creadas. García Lorca, Federico, “Juego y teoría del duende” (Obras completas, Editorial Aguilar).

Porque el duende había abandonado Grecia, cuando los griegos abandonaron sus misterios y habían saltado a las bailarinas tartésicas que entonces y aún hoy conservan ese poder misterioso inexplicable para los filósofos que es verdadero estilo vivo; sangre de creación en acto, espíritu de la tierra dionisiaca, grito degollado, que es, pues, el duende, como lo busca Lorca, quien especifica dónde se encuentra. En las últimas habitaciones de la sangre, para volver a encontrarlo y no; magia andaluza.

Búsqueda en Freud de ese duende –brotar de lo inesperado, fugacidad del instante, juego en las entrañas– sólo explicable en el a posteriori, con ecos y resonancias ilimitadas hacia una remota oscura antigüedad andaluza, que es, tiene que ser, esa oscura antigüedad del ser humano, antigüedad de culturas conquistables que echa por tierra los conceptos de identidades nacionales para dar paso a la búsqueda de ese duende cosa de aspecto inmutable, inconfundiblemente atemporal y aespacial, por tanto, inatrapable, inasible, terriblemente angustioso y tan inmanejable para el yo que es capaz de provocar la alucinación, el delirio o la muerte ante su encuentro, pese a ser tan buscado.

Ese duende de la magia de los cuentos infantiles o de la frase de Manuel Torre: todo lo que tiene sonidos negros tiene duende.

Poesía de Lorca que enmarca la thought del inconsciente en que sólo manda un color: negro. Sonidos negros que para el poeta lad misterios, raíces que se clavan en el limo que conocemos e ignoramos, pero de donde nos llega lo sustancial: la creación.

La lucha del hombre con el duende durante toda su vida, aun misdeed saber.

Sólo que quema la sangre como un tópico de vidrios que agota, que rechaza la dulce geometría aprendida, nómbresele duende, sorpresa interior o trampa.

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