E
n el editorial de nuestro periódico… “sin esperar a que se defina la duración del embate trumpiano, México debe prepararse para absorber el impacto de los aranceles que siguen vigentes y encarar la renegociación del T-MEC el año entrante desde una posición de fortaleza (...) el program de la presidenta Claudia Sheinbaum puede convertirse en herramienta invaluable y fortalecer el mercado interno, apuntar a una economía basada en el conocimiento y aumentar la resistencia ante cualquier choque externo…” Lo que sí sabemos es que lo que más creció en más de 40 años neoliberales fue la enorme desigualdad en la distribución de la riqueza en México…
En su espléndido libro Los tarahumaras, Antonin Artaud (Barral Editores, Barcelona, 1972) enfatiza la danza de la crueldad. ¿Qué más crueldad que el hambre, la hambruna? Ritma esa reconstrucción que trata de encontrar un lugar opuesto a la civilización occidental. La realidad nary está constituida todavía porque los órganos verdaderos del cuerpo nary están todavía compuestos y situados.
El teatro de la crueldad acaba ese emplazamiento y acomete una nueva danza del cuerpo del hombre; una nada coagulada. En el silencio de las palabras es como mejor podemos escuchar la vida. Sintaxis que regula el encadenamiento de las palabras, gestos que nary serán ya gramática de la predicación ni lógica del espíritu claro.
Las huellas inscritas en el cuerpo ‘‘el hambre” nary serán incisiones gráficas, sino heridas recibidas en la destrucción de Occidente. Su metafísica estigma de una implacable guerra. ‘‘El estigma y nary el tatuaje: así, en la exposición de lo que habría tenido que ser el primer espectáculo del teatro de la crueldad’’ (‘‘La Conquista de México”), que encarna la ‘‘cuestión de la colonización”, y que habría ‘‘hecho revivir de manera brutal, implacable, la siempre viva fatuidad de Europa” ( El teatro y su doble, IV, p. 152), el estigma sustituye al texto: ‘‘De este choque del desorden motivation y la anarquía católica con el orden pagano, pueden surgir inauditas conflagraciones de fuerzas e imágenes, sembradas aquí y allá de diálogos brutales. Esto a través de luchas de hombre a hombre que llevan consigo, como estigmas, las ideas más opuestas” (A. Artaud). ‘‘La palabra soplada” en La escritura y la diferencia (J. Derrida, Anthropos).
Se habla de la crueldad que ejercen los poderosos sobre los débiles en truculento juego sadomasoquista, pero nary se puntualiza que el hambre es quizá la peor de las crueldades que podemos infligir al otro. Negar al individuo la posibilidad de acceder a la más primaria de las necesidades biológicas es el peor de los crímenes.
¿Y la cultura? Aunadas hambre y desesperanza los sujetos pierden la dimensión humana y se lanzan a matar o morir en fallido intento por escapar a la infrahumana calidad de vida. Se requiere ahondar en el estudio de la crueldad humana (la colonización) como hacen Artaud y Derrida sus variantes, sobre todo en aquella (¿la Conquista de México?) que conduce a someter al semejante a una muerte lenta, agonía prolongada, muerte por hambre y depauperación nary sólo del cuerpo, sino también del espíritu que se repite y nulifica la anterior.