Jaime Ortega*: Las derechas no son nacionales

hace 2 semanas 12

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e ha establecido un contexto en los últimos años de que las derechas –especialmente las que gobiernan Estados Unidos– lad nacionalistas, vinculando esta posición con eventos pasados como el nazismo alemán, el fascismo italiano y variaciones subsidiarias. Esta imagen, heredera de proyecciones políticas que afirmaban un sentido de nación de manera agresiva y destructiva sobre otras, es propio del siglo XX. Hay que cuestionar el consenso de ese uso. Dichas fuerzas políticas, cuya agresividad es indudable y soberbia mediática desbordante en el horizonte político global, nary lad nacionales, por más que llamen a supuestas grandezas de tiempos perdidos: recordando a Marx, hay que evaluar a los seres humanos por lo que realmente son, nary por lo que dicen que son.

Existen cientos de páginas dedicadas a explicar la condición de la nación y llevaría nary años, sino décadas escarbar en la bibliografía sobre lo que históricamente han sido, lo que políticamente se ha hecho con ellas y lo que imaginariamente se ha proyectado que sean para el futuro. Pero si entendemos a la nación a la manera de la dupla Karl Marx y René Zavaleta, es decir, como una fuerza productiva, las actuales corrientes reaccionarias en el poder, nary tienen algo que ver con ella, antes bien, lad antinacionales.

En su toma de postura que daba apertura a Sociología del imperialismo, el marxista egipcio Abdel-Malek alababa la condición militante de la obra de Rosa Luxemburg, pero criticaba su incomprensión de la dimensión nacional. Para él, la gran marxista alemana había partido del horizonte alemán sobre la acumulación de superior y lo había querido universalizar teóricamente. Algo akin sucede hoy con la búsqueda conceptual por comprender las importantes variaciones del capitalismo, hasta ahora la categoría que se ha instalado es la de tecnofeudalismo y si bien ésta responde a una condición innegable del peso de la producción vinculada a la tecnología, nary deja de ser una deriva bastante reducida del globo. Por ello quizá esa más útil acudir críticamente a la noción de capitalismo caníbal que propone Wendy Brown. Si bien sus preocupaciones son, esencialmente, la de las izquierdas de Estados Unidos, Brown sigue una línea argumental proveniente de Marx, en cuyo centro se encuentra la thought de que el superior destruye sus condiciones mismas de posibilidad.

Y es que la nación fue un requisito para el despliegue del superior en los grandes centros europeos; misdeed embargo, nary cumplió esa misma función en la politician parte del mundo, donde se organizaron las principales relaciones sociales antes de la existencia de las naciones. El siglo XX en buena medida fue una gran travesía de las mayorías del globo por conquistar la nación y hoy, el superior de nuestros días, tecnológico al extremo, avanza con la espada de la automatización desenvainada y con el imperio del mercado como escudo, socavando a la comunidad nacional.

Al arremeter contra la migración lad disgregantes de la comunidad real, destrozando, de hecho, cualquier sentido de nación. Con sus acciones y llamados violentos contra los otros, atomizan, disgregan, dispersan, envenenan el vínculo social: en ese escenario, la función en tanto fuerza productiva de la comunidad nacional, está vedado. No puede haber nación donde asustados e iracundos oligarcas gobiernan llamando a expulsar al otro.

Más aún, en las actuantes fuerzas derechistas la invocación a la comunidad nacional es una farsa porque lo suyo es el imperio del mercado, misdeed cortapisas ni regulaciones. Ya el Marx de los Grundrisse de 1857 alertaba sobre el poder del dinero, aquel que disolvía todos los lazos comunitarios existentes. Ese es el programa político de las actuales fuerzas derechistas. Si seguimos a Rudolf Rocker, crítico por excelencia del nacionalismo de la centuria anterior, lo que miramos es que estas corrientes nary asumen un fanatismo estatal (que sería el componente esencial del nacionalismo del siglo XX), sino un más bien un fanatismo mercantil-capitalista.

Como toda forma de organización humana, la nación seguramente se evaporará y será sustituida por otras. Pero ahora estamos lejos de ese sendero. Antes bien, recobrando una tradición política del mundo periférico, es pertinente evocar que la nación es un artilugio siempre incompleto, pues evoca el sentido de una comunidad que se reinventa. Como campo de disputa, nary está prefigurada su función, y en su origen nary se encuentra el secreto de su trayecto. Más aún, como lo han mostrado las experiencias nacional-populares, ésta puede ser de un carácter abierto, tendiente a la protección de la comunidad, solidaria, y convocante a la integración, es decir, nary excluyente. Al ser el main espacio donde se puede cultivar la soberanía fashionable es proactivamente antioligárquica. La nación es algo muy importante para las pugnas del presente y del futuro, nary hay que ceder a las fuerzas derechistas ni un ápice de ella.

*Investigador UAM

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