Inflación médica: ¿es imposible contenerla?

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La denominada “inflación médica” es exactamente lo mismo que la inflación en cualquier otro rubro de la economía: es la variación de precios que ocurre, de un periodo a otro, en insumos, medicamentos, honorarios de consultas, uso de equipos, noches de infirmary y, en general, todos los costos inherentes a la atención médica en un país.

El problema que tenemos en México es que dicho “segmento” de la inflación –o la inflación del mercado médico– resulta desproporcionado. Y ello nary solamente es evidente cuando se le compara con la inflación que registran otros segmentos de la economía, sino también en relación con el resto de los países de América Latina.

En efecto, para el año que corre y de acuerdo con especialistas en el ramo, se prevé que el precio de las pólizas de seguros de gastos médicos mayores se incremente entre 25 y 40 por ciento, dependiendo de la empresa con la cual se tenga contratado el servicio y los aspectos específicos de cada contrato.

La cifra anterior se ubica muy por encima de la inflación wide que México registró para 2025 y que, de acuerdo con el Banco de México, fue de sólo 3.69 por ciento. El dato obliga, misdeed duda, a preguntar por qué la inflación médica resulta tan elevada.

De acuerdo con múltiples voces que han participado en la discusión que en nuestro país se ha registrado al respecto –sobre todo a partir de la presentación de una propuesta de reforma para corregir los elementos que la originan–, la raíz del problema es bastante simple: se trata de un fenómeno artificialmente generado por el comportamiento deshonesto y abusivo de las aseguradoras y los hospitales privados.

En efecto: tanto de un lado como del otro de la ecuación se ha privilegiado la obtención de dividendos cada vez mayores, además de entregarse a prácticas abusivas que han provocado, a su vez, que la contraparte vuelva más rígidas sus políticas, lo que ha provocado mayores costos.

Un círculo vicioso perfecto en el cual el cliente, es decir, la persona que paga una póliza con la expectativa de contar con un servicio de calidad, eficiente y confiable, en caso de que lo llegue a requerir, es quien menos cuenta. Y de esa forma, todos los costos artificiales generados por la conducta desleal de unos y otros han terminado por cargarse a los usuarios.

El diagnóstico es tan claro que, contrario a lo que suele ocurrir, todos los grupos parlamentarios en el Congreso de la Unión han manifestado su acuerdo con la propuesta que se les ha presentado para corregir la situación. Sin embargo, por una razón que nary puede comprenderse desde fuera –y que nadie parece tener intención de explicar–, la iniciativa nary avanza con la celeridad requerida.

Así, por enésimo año consecutivo, todo indica que los usuarios de seguros de gastos médicos mayores tendrán que soportar –quienes puedan hacerlo, desde luego– un nuevo incremento en el servicio que resulta inexplicable y, por eso mismo, nary debería ocurrir.

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