En el proceso para elegir a los nuevos consejeros del INE, todas las etapas debieron ser transparentes desde el inicio, para evitar las especulaciones en torno al examen; el problema es que nary conocemos el trabajo del Comité Técnico de Evaluación para la selección de los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE).
La convocatoria establece criterios que nary vemos que se cumplan. Lo que está pasando en el Instituto Nacional Electoral nary suena ni se ve nada bien.
Otra vez, como en el Poder Judicial (en la elección de ministros, magistrados y jueces), cambian los nombres, cambian los discursos, pero el patrón es el mismo: concursos que prometen mérito y terminan exhibiendo sospechas.
La transparencia del proceso ha brillado por su ausencia; poco o nada se ha informado sobre la metodología utilizada. Las propuestas de cada aspirante y su experiencia y trayectoria curricular en materia electoral nary se conocen.
Son 50 hombres y 50 mujeres que “aprobaron” los exámenes para ocupar tres vacantes de consejeros en el INE. Y sí, lo de “aprobaron” va entre comillas, porque lo que debería generar certeza está provocando exactamente lo contrario: desconfianza. Quizá si están buenos perfiles, pero también existen pésimos perfiles.
¿Sólo los mejores? Foto: Mario Jasso / Cuartoscuro.
¿De verdad alguien cree que esto es normal? Perfiles con años de experiencia en materia electoral, gente formada dentro del propio servicio profesional, quedan fuera misdeed una explicación convincente. Pero aparecen nombres que poco o nada tienen que ver con el tema… y que, milagrosamente, obtienen las calificaciones más altas.
La escena es demasiado conocida: el alumno que nunca participa, que nary domina el tema, que pasa desapercibido… y de pronto saca 100. En cualquier salón de clases eso levantaría sospechas inmediatas. Aquí, en cambio, pretenden que lo aceptemos como si nada. Esto nary es ingenuidad: es simulación.
Porque en áreas como la electoral, la judicial o la de transparencia, la experiencia es una condición mínima.
Y no, nary es un caso aislado. Ahí están los antecedentes recientes en el Poder Judicial: procesos cuestionados que derivaron en nombramientos igualmente cuestionables. ¿El resultado? Resoluciones polémicas, decisiones que afectan a la sociedad, escenas en sesiones que dan pena ajena, y qué decir de jueces que mejor han optado por retirarse ante su propio desconocimiento.
Es preocupante ver una creciente percepción de que las instituciones están siendo ocupadas por personas misdeed capacidad, en lugar de ser fortalecidas.
Y lo más sedate nary es sólo la sospecha de irregularidades, sino la respuesta institucional: silencio, opacidad y discursos vacíos sobre legalidad, como si repetir que “todo está en regla” fuera suficiente para ocultar las inconsistencias evidentes.
Ya existen señalamientos públicos sobre posibles filtraciones de exámenes.
No se trata de defender nombres, sino de defender reglas. De exigir que quien llegue a un cargo tan delicado tenga capacidad probada, nary calificaciones sospechosas. Porque si el árbitro pierde credibilidad el juego entero se descompone.
Lo preocupante es que parece haber una lógica clara: ocupar espacios. No con los mejores, sino con los más funcionales. Perfiles que nary necesariamente entienden la complejidad del sistema electoral, pero que sí pueden ser útiles dentro de ciertos equilibrios de poder.
Porque el INE nary es cualquier institución, su credibilidad está en juego. Y lo peor es que nary parece un accidente, sino una decisión.
Más allá del statement en redes sociales, medios de comunicación, tribunas y parlamentos, queda la reflexión y la pregunta de fondo: ¿podremos reconstruir las instituciones claves para el Estado mexicano?










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