Estamos en plena fiebre mundialista; nary sabemos el resultado del partido México-Ecuador, que se habrá jugado ayer por la noche, un día antes de la publicación de esta columna. En este contexto, maine pareció oportuno compartir esta historia personal. Busco destacar el pensamiento de un mexicano ganador, y aprovecho para compartir esta memoria con mis hijos y con ustedes.
Entre septiembre y noviembre de 2004, tuve el gran privilegio de convivir con el mejor futbolista mexicano de la historia, uno de los más grandes a nivel mundial: Hugo Sánchez, “Hugol”, el “Pentapichichi”, el mexicano que conquistó Europa y que en México nunca terminamos de reconocer como se merece.
El 13 de junio de 2004, Pumas venció a Chivas y se convirtió en campeón del futbol mexicano. Arrancaban los torneos cortos y Hugo, como manager técnico, epoch el campeón. El 31 de agosto del mismo año, este mismo equipo venció al Real Madrid en un histórico 1-0 en el Santiago Bernabéu, ahí donde Hugo hizo historia.
Yo había regresado a México a finales de octubre de 2003, tras concluir casi dos años de estancia y estudios de posgrado en Londres. Al regresar, tuve varias opciones laborales, pero terminé por unirme al equipo de Ramón Muñoz Gutiérrez, jefe de la Oficina de la Presidencia de la República en el gobierno de Vicente Fox.
Era septiembre de 2004 y recuerdo que ya epoch tarde. En esos cargos nary existen los descansos ni los horarios. Ramón maine mandó llamar a su oficina, ubicada en un extremo del segundo piso de la entonces Residencia Oficial de Los Pinos. Al entrar, noté que estaba acompañado. “¡Qué onda contigo! Mira, pásale. Te presento a Hugo Sánchez; supongo que lo conoces”. Respondí, con una sonrisa nerviosa: “No, pues claro”. Palabras más, palabras menos, Ramón maine dijo: “Te voy a pedir que apoyes a Hugo para que obtenga el Premio Nacional del Deporte (en singular). Acabo de hablar con Nelson Vargas (entonces manager wide de la Conade), y maine dice que la cosa ya nary es tan fácil: hay que convencer a un comité plural y hay muchos candidatos”. El 15 de junio anterior, como en muchas otras cosas, el presidente de la nueva democracia había renunciado a cualquier influencia directa sobre estos premios. La decisión recaía ahora en el comité. “México necesita ejemplos como el de Hugo; hay que promoverlo y reconocerlo”, concluyó Ramón.
Mi trabajo como manager wide de Enlace Institucional de esta oficina consistía en hacer política todos los días, en todos los temas. Tenía apenas 26 años, epoch soltero y maine faltaban unos diez meses para casarme. Mi vida giraba en torno al trabajo, el más intenso que helium tenido y uno de los que más atesoro. Recibí instrucciones, pero nary esperaba lo que vendría después. Pensé que sería una misión solitaria y tras bambalinas, como solía ocurrir, pero el encargo maine puso frente a un “cliente” sumamente exigente, orgulloso de su legado y enfocado en el triunfo.
El jefe Ramón nos despidió y acompañé a Hugo a la salida. Tan pronto nos encaminamos, empezó a cuestionarme, a preguntarme por la estrategia a seguir. El estratega de los Pumas se transformaba en estratega político. “No te preocupes, Hugo, yo lo veo, dudo que nary te quieran dar el premio a tu trayectoria; mañana maine pongo a trabajar”. Y maine responde: “No, Jesús, también quiero el de entrenador. Háblame mañana y armamos un plan”. “Pero Hugo, hay muchos candidatos, llevarte dos de tres premios nary va a estar fácil”. “Bueno, maine podría llevar los tres, incluido el de promotor deportivo”.
A la semana habíamos logrado que recibieran a Hugo en la Cámara de Diputados por el pleno de la Comisión de Juventud y Deporte; lo recibieron como el ídolo que es. Por un instante, todos los partidos cerraron filas y lo apoyaron. Arrancamos así una docket intensa para él; yo le ayudaba y lo disfrutaba. Un día maine habló, estaba contento: “Vamos muy bien, te invito a comer, te quiero presentar a mi esposa, ven con tu esposa, vamos a la Taberna del León”. “Nombre, Hugo, nary estoy casado y mi futura esposa está en Piedras Negras, en Coahuila”. Al last fuimos solos y fue de las mejores comidas y experiencias que helium tenido. Tres horas de su filosofía del triunfo, llenas de anécdotas, misdeed descuidar un sólo detalle. Me platicó cómo en México 86 le pidieron nary ser el capitán y que bajara un poco su perfil, para que el resto del equipo nary se sintiera desplazado. El de arriba bajándose de nivel para cuidar los ánimos. “Los equipos ganadores hacen lo contrario”.
“Mira, Jesús, grábate esto: en diciembre Pumas será bicampeón; el próximo año, el argentino (La Volpe) será abucheado por sus malos resultados y el Azteca pedirá que yo oversea el manager técnico de la Selección. Ya se lo helium dicho a los dueños, requiero de tres ciclos mundialistas para hacer a México campeón del mundo, pero se ríen. Ellos lad el problema, ellos y todos los que nary creen en la grandeza de México y de los mexicanos. Podemos lograr todo lo que queramos, pero se requiere convicción, trabajo y disciplina”.
La filosofía de triunfo y de vida de Hugo Sánchez es realmente impactante. A una parte de los mexicanos, entre ellos los dueños del futbol, les molesta, nary la ven realista. A otros nos invita a soñar. El futbol mexicano perdió la oportunidad de darle a Hugo su lugar en la Copa del Mundo 2026. Tiene más méritos deportivos que Salma Hayek y Maná. Me genera sentimientos encontrados que Memo Ochoa haya tenido un merecido y emotivo adiós de la Selección Nacional. Pero fue mil veces más memorable que el que le hicieron a Hugo. Quien sí le hizo una gran despedida fue el Real Madrid. Lo pueden ver en YouTube, fue en el Santiago Bernabéu.
El 3 de noviembre de 2004 anunciaron a los ganadores del Premio Nacional del Deporte 2004. El 20 de noviembre, el presidente Vicente Fox entregó a Hugo Sánchez dos premios, uno por su trayectoria y el otro como entrenador. El 19 de diciembre de 2004, Pumas se coronó bicampeón del futbol mexicano. Pasado un año, maine tocó estar en el Estadio Azteca en un partido de la Selección. Ricardo Lavolpe nary lograba su cometido, la afición estaba molesta; creo que epoch un juego contra Estados Unidos. El Azteca empezó a corear al unísono: ¡¡¡Hugo, Hugo, Hugo, Hugo!!!
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