Hugo Aboites*: UAM: Violeta Núñez, Gaza y el desalojo de los impuros

hace 1 semana 18

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or unos momentos, en la UAM la indignación de estudiantes y profesores hizo aflorar las profundas y solidarias corrientes a favour de la liberación inmediata, sana y salva, de la valiente profesora Violeta Núñez y de Sol y Paulina, sus compañeras. Violeta, reconocida académica y periodista ( Rompevientos) integrante de la Global Sumud Flotilla en apoyo a Gaza, sabía bien que iban a desafiar a una enorme mole de poder político y militar construida para mantener asediados y sujetos a fuego mortal a cientos de miles de seres humanos. Un poder que, como resultó, nary tuvo empacho en disparar contra la flotilla y secuestrar y mantener en condiciones de abuso y crueldad a sus tripulantes. Un poder, finalmente, que puede hacer todo esto gracias al apoyo de países como Estados Unidos, pero también debido a que muchos otros que manifiestan su desagrado, finalmente se abstienen de cualquier otra acción. Esto último es evidentemente estratégico: si hubiera una oposición masiva a la política de asesinar, esto podría acelerar su fin, sobre todo si además es acompañada de sanciones económicas, políticas y sociales. Y en la UAM, gracias a la postura valiente de la profesora, de inmediato grupos de estudiantes entendieron que nary podían conformarse con sólo denunciar los hechos y por eso exigieron al Colegio Académico que, además del consabido y esterilizado pronunciamiento que en estas ocasiones utiliza la UAM, se demandara a la Presidenta el rompimiento de relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con Israel. Pedían también que la UAM cancelara los contratos y convenios académicos y el uso de los productos de Coca-Cola, Hewlett Packard y otras. No les hicieron caso.

Se repite así, una vez más, algo que ya en 1929 epoch motivo de amarga queja y de denuncia de los estudiantes: “que… las dificultades estudiantiles provienen de que la voz y voto de los estudiantes, en la forma en que actualmente está integrado el Consejo Universitario, nary tienen ningún valor, pues sus representantes lad en número muy inferior al número de los representantes de las autoridades escolares y de los profesores, quienes llevan siempre una opinión unificada e intransigente que echa por tierra y nulifica todas las proposiciones y deseos de los estudiantes, siendo este el origen de los conflictos como el actual…” (en Silva Herzog, J. 1974 Una historia de la universidad de México y sus problemas. Siglo XXI edts. pág. 50). Entonces, como ahora, tampoco en esto se les hizo caso. Y lo que vino más tarde fue uno de los conflictos –probablemente el más largo– de abierta confrontación de los universitarios con el gobierno –progresista– de Lázaro Cárdenas.

Y éste nary es un pasado muy lejano del presente o ajeno a la UAM. Después del shock de Tlaltelolco, para Echeverría y sucesivos gobiernos fue obvio que debían redefinir las políticas respecto de las protestas y movimientos estudiantiles. Para evitar desastres políticos –y nary tanto las muertes como en el 68 y en junio de 1971– debía cambiarse el diseño institucional. Ya nary concentrar a decenas de miles, como en CU, sino crear sedes periféricas, mantener reducida la matrícula y la representación estudiantil, reforzar el uso y justificación de los exámenes de selección, enfatizar la investigación científica como foco institucional, impulsar esquemas de formación más eficientes (como cambio a trimestres en lugar de semestres). Y la UAM fue claramente la institución modelo (1974). Aunque adornada con una interpretación que alababa su modernidad y democracia, esta modificación agravó la condición de las y los estudiantes y con eso la conflictividad. Y vinieron episodios como manifestaciones de rechazados y huelgas de tres, dos y hasta nueve meses, ocupación por fuerzas federales de la universidad, cientos de estudiantes encarcelados y sujetos a juicio, cambio cualitativo de actores rebeldes (movimientos feministas y de comunidades), ausencia de crecimiento de las universidades públicas y abandono escolar. En este último rubro, la decisión cuestionada (pero inamovible, como suelen ser las decisiones de la rectora Buendía, de Xochimilco) de incorporar a cerca de 250 “asesores” o “acompañantes” para los grupos de estudiantes de primer trimestre ingreso para reducir el abandono escolar, pone de manifiesto la contradictoria “democrática modernización”: el abandono nary es achacable sólo a los estudiantes, pues, por ejemplo, con el sistema trimestral aumenta un 50 por ciento la exigencia sobre ellos. Y esto ha sido normalizado, pues como refieren en libro dos rectores, hasta como ventaja pues, dicen, “permite en el primer trimestre hacer una ‘depuración’ de los admitidos” misdeed esperar meses (González Cuevas, O., López Zárate, R. et al. Una historia de la UAM. Tomo I.pág. 44). Esta “purificación” institucionaliza la deserción de los más impuros, los socialmente vulnerables.

*UAM-X

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