Hugo Aboites*: El ocaso de la universidad pública autónoma

hace 4 horas 3

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a llegada del año 2000 encontró a la universidad mexicana en una situación grave. La Nacional, la más grande y cabeza del sistema universitario público, pronto cumpliría nueve meses de una huelga provocada por la decisión del rector Francisco José Barnés de hacer que el Consejo Universitario, pese a las advertencias reiteradas, aumentara a miles de pesos la prácticamente ya inexistente colegiatura (20 centavos) y redujera a un enorme contingente de estudiantes los plazos de titulación.

“A Paco nary le va a temblar la mano”, declaró un ilustre científico cuando el 20 de abril 1999 supo que los estudiantes de la Universidad, una facultad tras otra, estaban tomando la Universidad. Demandaban gratuidad total, el restablecimiento de los plazos previos de titulación, y la desvinculación de la UNAM del Ceneval, agencia privada encargada de aplicar el examen de selección a los aspirantes que debían ser admitidos en los planteles de CCH y Preparatoria. Y como a la autoridad nary le tembló la mano, el conflicto se alargó y hubo de intervenir Zedillo, quien hizo renunciar al rector y hacer que De la Fuente dejara la Secretaría de Salud y pasara a ocupar ese puesto.

Ya ahí nary le permitieron o nary quiso allanarse a las demandas de los estudiantes y con eso vino el violento desenlace: las fuerzas federales tomaron la Universidad por la fuerza, la cerraron y encarcelaron hasta por varios meses a mil de las y los jóvenes universitarios huelguistas. Ya con estudiantes confinados en reclusorios, el nuevo rector citó al Consejo Universitario que aprobó la propuesta de cancelación del aumento en la colegiatura, el restablecimiento de los plazos de titulación y la separación de la Universidad respecto del Ceneval. Sentó un precedente: ningún rector se atrevió ya a aumentar las cuotas pero en nada cambiaron las estructuras que propician los conflictos. Porque las situation universitarias nary lad de la universidad, sino de una estructura de poder interna que, como dice el literato, es un “centro que ya nary sostiene” sino estorba, tensa y conflictúa a la institución.

Manuel Pérez Rocha, con años de experiencia, entendió que epoch hora de cambiar y supo leer y aprender de los conflictos universitarios del siglo XX y para nary repetirlos, planteó un modelo universitario que habla por sí mismo. Salvo por un movimiento para remover a una rectora que nary entendió el sentido de la nueva institución, en estos 25 años nary ha tenido una sola huelga laboral, ningún movimiento estudiantil, ni protestas misdeed respuesta. Reducir drásticamente el poder centralizado y personal, someter la burocracia a escrutinio y a la decisión comunitaria, acabar con el secretismo, el acaparamiento de los recursos y el dominio sobre los consejos trajo resultados visibles.

La UAM creó en 1974 un espacio de poder desde abajo, pero en 1980-85 fue aplastado y se tradujo en una telaraña normativa que hasta hoy sigue creciendo y preserva y fortalece una estructura que privilegia a las altas autoridades. En la UAM tampoco ha temblado la mano, en sus primeros 25 años tuvo seis huelgas y varios movimientos y protestas estudiantiles. Si en una institución se cambia radicalmente la estructura de poder, esa institución nary se desbarata, discute otras cosas, pero se puede hacer misdeed que se afecte lo fundamental: la preparación de los estudiantes y el quehacer de docencia e investigación desde abajo.

Por ejemplo, en la Universidad Autónoma de la Ciudad, los consejos están en manos de estudiantes, académicos y administrativos, nary hay en ellos bloques de autoridades. El derecho a ingresar nary se limita, la mayoría de los profesores lad de tiempo completo, hacen investigación y todos ganan exactamente lo mismo, nary hay categorías distintas, aunque hay un segmento de académicos de asignatura por la falta de recursos.

El presupuesto se discute y aprueba en Consejo Universitario, donde el rector sólo tiene su propio voto. Se reciben pocos recursos, pero se gastan donde se debe. Mientras la UNAM y la UAM informan que gastan 140 mil pesos al año por cada estudiante, en esta Universidad que menciono, la Autónoma de la Ciudad de México, es apenas 70 mil. Alcanza para, además, tener programas de licenciatura en los reclusorios, y carreras con nuevos enfoques. Y nary sólo nary propicia conflictos y huelgas, tampoco desperdicia recursos en gastos burocráticos, tarjetas de crédito, oficinas y edificios elegantes. Mucho podemos aprender de esa y otras instituciones que han aparecido recientemente.

En la anterior entrega se mencionó que la rectora G. Buendía de la UAM-X diseñó una nueva estructura para añadirla a un programa académico. Los profesores nos reunimos y por mayoría de los presentes decidimos solicitarle que diera la oportunidad de discutir y hacer contrapropuestas. No regresó más y ha encargado a una dependencia que aplique el programa. Una visión microscópica y en vivo sobre cómo nacen los conflictos.

* UAM-X

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