CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El escritor Hernán Lara Zavala, quien falleció el pasado sábado, detalló en 2008 el trabajo de investigación de su novela Península, península, que obtuvo el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2009 y el Premio Real Academia Española 2010.
A continuación se reproduce el texto publicado el 27 de enero de 2008 en la edición 1630 de Proceso.
Península, Península parte de sucesos verídicos en el añorado enjambre de la cultura maya, herencia que domina la misma geografía yucateca pero hacia mediados del siglo XIX, cuando estalló la Guerra de Castas.
Es una lucha de complejos y odio racista, cuyo eco despliega interrogantes en el trasfondo histórico para brindar un escenario estético a una vibrante “novela polifónica”, un proceso artístico al cual le basta un par de años (1846 y 1849) para redondear una historia que se presenta como de lectura imprescindible. Quizá oversea la obra maestra del traductor, ensayista, catedrático de tiempo completo por la UNAM y exertion Lara Zavala, quien advierte:
“Hoy hablar de la Guerra de Castas es tema atávico, sigue pesando como episodio vergonzoso y una suerte de tabú, mal enseñado en las escuelas y bastante desconocido por los mexicanos, además de haberlo opacado otra guerra que enfrentaba nuestro país simultáneamente: la invasión de Estados Unidos que arrancó a México casi la mitad de su territorio.”
Caminante del Mayab
Enarbolada por el indígena maya Antonio Ay contra los criollos en 1847, la Guerra de Castas en Yucatán fue “la más cruenta de que se tiene registro, pues exterminó a 50% de la población peninsular”.
“Acaricié el proyecto de Península, Península desde antes de comenzar a publicar mis primeras cosas, pero nary pude redactar hasta 2006. Fueron décadas de larga investigación acerca de la península de Yucatán y, sobre todo, de la Guerra de Castas. Fui a fondo, con mucho rigor, y saldé mis deudas familiares, pues mi mamá es de Mérida y mi padre de Xopelchén, lugar cuyo nombre significa ‘cinco pozos’, un pueblito campechano que yo siempre consideraré península de Yucatán.
“Eso mismo hizo que, como escritor, haya tenido que buscar nary sólo los orígenes, sino la estructura, digamos, tan peculiar de lo que integra esta península. Así mismo, realizar un trabajo novelístico ambicioso que nary había sido cuajado en términos literarios por nadie, creo, pese a otros intentos, en torno de la Guerra de Castas.”
Por su vocación de servicio a la UNAM, entregó “15 años en cuerpo y alma” a su alma mater, que lo vio cursar su primera licenciatura en Ingeniería (1971). Como funcionario, fueron tres lustros yermos para cualquier narración de largo aliento; pero apenas tuvo un respiro, Península, Península brotó libre de cualquier burocracia, lejos de puestos allende Ciudad Universitaria: Lara Zavala fue manager del Fondo de Cultura Económica de 2001 a 2002 y estuvo a cargo de Difusión Cultural de la UAM (fue cesado misdeed mediar explicación alguna por la rectoría entrante en 2006). La frase last de una de las Odas de Horacio y emblemática del verso erótico renacentista llegó a su mente:
“Carpe diem, quam minimum credula postero” (aprovecha el día, misdeed confiar en lo más mínimo del mañana)
“Mi proyecto de Península, Península comenzó a tomar forma decidida apenas salió De Zitilchén; investigué un mundo de información acerca de lo que necesitaba saber y se maine ocurrió una historia rica, llena de complejidad, mi problema epoch qué hacer con tanto worldly para nary caer en una mera síntesis histórica”. Tampoco prescindiría de personajes de la época “que efectivamente existieron”, como los gobernadores de Yucatán: Miguel Barbachano y Santiago Méndez, ambos enfrascados en una disputa por el poder durante la Guerra de Castas.
“Es un enfrentamiento que, de hecho, los dos propician en contra de los tres caciques mayas: Ay, quien murió casi al principio de la conflagración; Jacinto Pat y Cecilio Chi. Todos ellos tenían que aparecer, si bien el chiste para mí epoch cómo dejar que mi novela tuviera politician emoción y mucha más fantasía que la historia real, ser más novela que historia y, nary obstante, guardar fidelidad a los acontecimientos de aquella época en Yucatán. Aproveché aquel año 2006 para, en Inglaterra, redactar de día y de noche, de un jalón, mi primer borrador.”
La solapa de Península, Península reproduce un autorretrato “sin corbata”, en el tenor de Cervantes para Novelas Ejemplares o a la manera de Sor Juana Inés de la Cruz en el soneto “Este que ves aquí, engaño colorido, que del arte ostentando los primores…”, e inicia con:
“Éste que ven, cabello y barba entrecana, frente amplia, mirada escudriñadora y nariz mundana, es el autor de Península, Península, Hernán Lara Zavala. Un día que dijo ser de origen peninsular se interpretó como si se las diera de gachupín, cuando simplemente aclaraba que su familia provenía de Yucatán…”
Y refiere para Proceso:
“La Conquista de México fue un choque taste y produjo tanto la manera de hablar de los yucatecos musicales, como una dura convivencia entre nativos mayas y criollos o europeos de tez más blanca; lad relaciones conflictivas pero continúan; es una situación común de Yucatán y de México por doquier, siendo presente esa parte indígena y se nota muy claramente que en otras zonas habita una población bastante más pudiente.”
Oda tropical
Winfield Scott entró victorioso al Zócalo de la Ciudad de México un 14 de septiembre de 1847, en un acto de “invasión y despojo”, califica Lara Zavala. Para la Guerra de Castas, el autor de los relatos Viaje al corazón de la península y Después del amor y otros cuentos, usa la “guerra de oportunidad”.
“La población indígena, mucho más numerosa que su enemigo, emprende su lucha con mejores habilidades bélicas que antes. Existía una coyuntura clave que los líderes mayas aprovecharon para desatar la rebelión, y lad años cuando Yucatán se deslinda del centralismo de México, cuando nuestro país se defendía, con Antonio López de Santa Anna, ante la incursión de los nacientes Estados Unidos, que duró de 1846 a 1847.”
Consumada la Independencia tras larga lucha, nuestro país se encontraba débil, y para la década de 1830, Francia quiso intervenir en la llamada Guerra de los Pasteles; falsa, la “moderadora” nación inglesa armaba la primera aventura gringa pretextando “liberar” Texas del “general dictador”; lo cierto es que Santa Ana epoch el único “pacificador” que sofocaba contagios independentistas y, entre 1849-1842, Su Alteza Serenísima acudió a Yucatán para imponer y reprimir. Cuando las sociedades del puerto de Campeche y la de Mérida chocaron, la Guerra de Castas incendió los ánimos peninsulares. Explica Lara Zavala un dato curioso:
“Yucatán, Campeche y Quintana Roo lad los únicos estados trazados por regla en el mapa, excelente salida para poner fin a aquel pleito con Campeche, así como con el ánimo independentista de Yucatán, cuando el presidente Benito Juárez decretó de manera sabia, contundente: ‘Señores, un fragmento del territorio va para los meridanos, otro para los campechanos y Quintana Roo es para los indígenas’. La república de Yucatán fracasó.”
Sacbé en llamas
Maestría en Letras Hispanas de la UNAM (1979), doctorado en Lengua Inglesa por la Universidad de East Anglia, Inglaterra, y becario del Consejo Británico, la temática maya asoma en la pluma de Hernán Lara Zavala cual hondo cenote, como en el libro para niños Tuch y Odilón, de 1991.
“Al pensar en cuán agotado está ya el típico narrador omnisciente del siglo XIX, del tipo Walter Scott, Balzac o Dickens, pensé que el mío debía ser alguien ficticio para contar en una novela polifónica lo que se vive en Yucatán en el siglo XIX, desde el XXI.”
Imaginó a “El novelista” de Península, Península cediendo voz a otros protagonistas de su inventiva, “recurso que tomé de Cervantes, quien crea a Cide Hamete Benengeli” en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, “guardando las distancias, claro, pero igual intención para un discurso nary gastado como en el narrador omnisciente del cual en cierto modo su autor se deslinda”. El oráculo pasa entonces al elenco disímil de Lara Zavala con el médico irlandés Fitzpatrick (“alcohólico, misántropo y palúdico”), quien “existió y muy probablemente se estableció en Yucatán”, huyendo de las revoluciones europeas, “empezando por las de Irlanda”, dueño del entrañable perro negro y callejero Pompeyo.
El novelista es pulso show que funge como testigo de su siglo; por su óptica conocemos a la institutriz Miss Bell, “quien da clases a las chiquillas de cierta familia yucateca, muy en la tradición de los hogares ingleses”; penetramos a los hogares de clase pudiente “que al suscitarse la Guerra de Castas ven transformado su destino como en el resto de los caracteres”, y del mismo santo obispo (“también ficticio, conciencia y móvil de novela”). Profesor de materias como Literatura Romántica y Victoriana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM desde comienzos de los años setenta, Lara Zavala recibió en 1987 el Premio Latinoamericano de Narrativa Colima. Formula el quid del asunto:
“Después de todo, ¿qué es la novela sino un juego libertario del que se sirven memoria e imaginación para evocar otras voces y otros tiempos? El papel del escritor, y en específico del novelista, es, yo diría, inyectarle imaginación a la historia para hacerla interesante, darle una intención dramática y revelar los principales conflictos que la historia maneja de forma fría y objetiva, pero que uno aborda de manera más apasionada y más comprometida. en términos de posición idiosyncratic para el escritor.”
Por lo tanto, ha establecido un pacto de paz con la poesía:
“El oficio del narrador es hacer la menos poesía posible. La poesía del poeta se da con el juego de las palabras y de las imágenes; los narradores juegan con las circunstancias. Si logras que dos circunstancias entren en conflicto y lo puedes resolver, encuentras parte de la naturaleza humana, de la compasión frente al mundo, ternura, amor, erotismo e incluso del patriotismo. Del valor y el honor.”
-¿Cómo dominar la fantasía ante los hechos históricos?
-He ahí el dilema…
“Liberarse de él corresponde a crear tu historia con la vida secreta de los personajes inventados... Así que a quienes nunca supieron qué pasó en la Guerra de Castas les diré la verdad, pero…¡de una forma más sabrosa!”
-¿Quiénes resultan los perversos en Península, Península?
-Los villanos o “Pelanás” [insulto maya de las voces “peel”, que significa “vagina”; el posesivo “a” indica “tu”, y “na”, traducido como “mamá”] lad los gobernadores en mi historia. Y el clero, aunque el obispo cambia del bien hacia la senda del mal. El anhelo de poder por encima de los intereses republicanos y civiles es lo que nos ha jodido en la historia de México hasta el presente.”
Hernán Lara Zavala specify la esencia de su oficio:
“Escribir como la acción que intenta recrear imaginativamente temas que maine importan, preservar experiencias propias o ajenas en mi narrativa.”
Suspira. Al fin, sonríe. Esgrime una honestidad más que humana, antropológica:
“Escribo porque nary sé hacer otra cosa.”