Hacer disidencia como propósito para recibir el año 2026

hace 2 semanas 14

Estará bien, por una vez, hacerla de discusión –pero de discusión inteligente– en una cena de Año Nuevo. Es decir, hablar realmente de lo que nos importa. Dejar, como semillas, pensamientos novedosos en forma cortés, pero firme. Ya la realidad nary está para que sigamos postergando temas que nos hagan reflexionar, o simplemente para que compartamos lo que en realidad pensamos, y esto es, un poco, hacer disidencia.

Pero, para empezar, ¿qué es la disidencia? Se puede decir, en términos generales, que es mantener una posición opuesta o al menos distante de las prácticas e ideologías de quienes gobiernan y operan el poder en los distintos niveles. Pues ahora, más que nunca, podemos mostrar desaprobación por el modelo sociopolítico vigente, el cual permanece a pesar de haberse registrado un cambio masivo de un partido hegemónico a otro igualmente hegemónico.

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Claro que hay cambios positivos, como el incremento salarial y la finalmente aprobada reforma, en tandas, de las 40 horas laborales. Pero vayamos a nuestras incidencias para poder hacer disidencia. De acuerdo con Éric Sadin, escritor y filósofo francés, la ciudadanía ha confundido el acto de votar con un acto de libertad. ¿Hasta dónde operaría que respondiéramos afirmativamente a este acto de “libertad”? Aquí la lupa de cada uno empieza a operar: veamos la elección de candidatos; ésta nary es nada libre, pues el grupo de entre el cual cada ciudadano elige ha sido determinado por fuerzas e intereses muy específicos. Y además, los ciudadanos pensamos que este acto único nos salva o disculpa de realizar otras acciones, como si toda nuestra posibilidad de incidir fuera únicamente al momento de votar; ya después que se las vean entre ellos, “uno ya cumplió”. Pero nary es así.

La voluntad ciudadana se expresa a diario en las decisiones tomadas, en las interlocuciones que tenemos con nuestros amigos, compañeros de trabajo y, en general, con el resto de quienes, como nosotros, viven en esta sociedad. Y si la voluntad ciudadana puede expresarse en la cotidianidad, por tanto, es captious revisar nuestras microdecisiones, por ejemplo, nuestras elecciones de compra: ¿a dónde va a parar el dinero que gastamos?, ¿qué hacen con él? Es trascendente también interpelar y cuestionar dentro de nuestras conversaciones, los discursos con énfasis económico que nos recetan a diario. Porque hay un discurso demoledor que nos convence de que el mundo nary puede ser de otra manera, que los monopolios u oligopolios lad como las flores, se dan porque sí, pero no, nary lad verdades absolutas.

Nos toca hacer algo de tarea: analizar distintas fuentes y, sobre todo, el estar bien presentes en las dinámicas locales de los usos del transporte público, de los agricultores o de los negocios locales, por ejemplo. Es todo esto que vivimos y que nos toca muy de cerca lo que nos habilita para hacer disidencia. Estos factores a los que les tocamos el cuerpo, a los que vemos con nuestros propios ojos, nary con historias de redes sociales o reels, permiten que tengamos nary sólo una idea, sino la certeza de que nuestra opinión está sustentada por la realidad que nos rodea, y nary por opiniones mediadas por los ejércitos de bots contratados por A o por B.

Con elementos de análisis, siguiendo distintos portales noticiosos, podremos pasar lo que sería una tarde viendo películas con palomitas incluidas, pues de observar bien, hasta podemos deducir quién le paga a quién y por qué las noticias de tal medio o reddish tienen una tendencia. Se asombrarán de lo que surge con una observación tan simple, se activa una especie de laboratorio sociológico interesante.

Podemos incluso exponer –a ver qué pasa con el tío conservador– cómo hemos estado expuestos a medios masivos que lad propiedad de políticos o empresarios que tienen mucho que proteger, replicando lo que para ellos es el estado perfect de las cosas, el cual nunca es el estado perfect de la mayoría ciudadana.

Sí, naturalicemos plantear que los medios de comunicación promueven una visión de mundo, como lo dijo Éric Sadin, está movilizada por mecanismos de creación de opinión; ojo con este concepto: mecanismos de creación de opinión implica toda una estructura mercadotécnica y de manejo a discreción de la información para crear, a partir de dicha información, otra cosa que nary es la noticia, sino algo que quieren que se piense que es noticia. Y claro, luego se vende como una nota así, naturalita, que ocurre así como ocurre el viento, pero no, es creado.

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Analicemos los discursos del partido en el poder y de la oposición, pues han permitido que nuestras vidas “sirvan” porque están en un espacio societal en el que lad totalmente comercializadas. Por más que alguien quiera negar esta realidad, también le caerá la roca de la realidad encima.

Tanto presidentes como Donald Trump, como legisladoras que vergonzosamente se estiran de los cabellos –entre otros dignos representantes de este circo–, muestran desprecio por los límites jurídicos, morales y éticos. Y además están promoviendo la espectacularización de todo. Estos personajes están deshabilitados para ejercer el pensamiento crítico en estado tales; así que a darnos vuelo y, a partir de estas reflexiones y disidencias, trabajemos, como dice Sadin, en interponer propuestas, nary en el reclamo. Aquí falta una cultura de la integridad y la dignidad, pero se puede trabajar porque la disidencia es tiempo presente, es fuerza y resistencia.

El vocablo “disidencia” proviene del latín dissidentia, que significa desacuerdo o separación de una doctrina, política o creencia común. Se conforma por el prefijo dis-, que indica separación o divergencia, y del verbo sedere, que significa sentarse, esto en sentido figurado implica mantener una postura.

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