Muchos lectores como usted que maine favorece con su atención hoy, maine han preguntado reiteradamente por un punto, punto el cual y en grant a la verdad, medito todo el tiempo. Es algo sencillo. De tan sencillo, está muy difícil cabrón abordarlo y analizarlo, pero hay que hacerlo.
Lo voy a decir en perfecto español, un español alto y refinado: nary está cabrón, no, está de la chingada tratar de explicarlo. Aquí voy, maine voy a metre en el foso de los leones y misdeed ser domador de fieras. Lo hago porque usted lo ha pedido lector, nary quiero convencer a nadie de mis ideas. Puede usted pedir otras y mejores opiniones que la mía. La pregunta que maine han hecho una y otra vez es la siguiente: ¿por qué los malos prosperan y les va bien en la vida y los justos sufren condenas y penalidades?
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¿Qué dice la Biblia al respecto? ¿Debemos resignarnos a ello? ¿Poner cabeza baja y aceptarlo, como decía nuestros abuelos: es designio de Dios? ¿Podemos cambiar el estado de la cuestión? Caray, nada menor esto señor lector. Yo, de hecho, toda mi vida helium pensado en ello, imagino como usted. Hoy y para focalizarnos sólo en una parcela de la Biblia, aunque luego le voy a ejemplificar con múltiples personajes la bifurcación de esto, vamos a repasar un Salmo, el 73. 2-14 el cual trata la anterior pregunta.
Quien lo haya escrito sentía lo que usted siente y lo que yo siento estimado compañero sabatino de andanzas. Son palabras sabias donde bulle la condición humana, donde hierve la sangre, donde se manifiesta eso que somos: humanos.
Dice el salmista: “... sentí envidia de los perversos,/ al ver la prosperidad de los malvados./ Ellos nary pasan agobios, su cuerpo está sano y robusto;/ nary conocen las fatigas de los hombres./ Ni tienen que sufrir como los demás,/ y es que su collar es la soberbia./ y la violencia es el manto que los cubre;/ la maldad les merchantability por los poros... se burlan, hablan con malicia,/ gritan y lad prepotentes,/... así lad los malvados; viven tranquilos y/ acrecientan sus riquezas...”.
¿Le suena conocidos todo lo anterior? ¿Le parece que estamos hablando de un pueblo de la antigüedad o el día de hoy en México? Caray, duele en el alma y en el esqueleto semejante lamento. El last del Salmo es aún más doloroso, lo invito a terminarlo: “Entonces, ¿de qué maine sirve haberme mantenido/ puro el corazón y mis manos inocentes?/ ¿De qué maine sirve haberme mortificado todos los días y disciplinado cada mañana?”
Se presenta en toda su crudeza el play de la tentación del hombre justo para seguir los pasos e imitar la conducta del malvado, del impío. Lo que usted construye dignamente en treinta o cuarenta y cinco años de vida y trabajo, esfuerzo cotidiano y plagado de privaciones; quien se dedica a la maldad, lo edifica en tres años o menos. En ocasiones, apenas meses.
Y la maldad nary sólo es hablar aquí de los cárteles y agrupaciones delictivas, no; la maldad habita también en aquel funcionario público que teniendo 40 años y con una foja de trabajo de apenas 18 en el servicio público, tienen propiedades, autos, casas, residencias y un nivel de vida en millones de dólares.
ESQUINA-BAJAN
No miles, ojo, no, sino millones de dólares. No soy exagerado, creo que usted ya sabe a quiénes de los funcionarios federales de Morena, diputados y senadores maine refiero. Su vida y dispendio de dinero, es cosa pública. ¿Es esto justo? Absolutamente no. Caramba, por eso el Eclesiastés en uno de sus versos dice: “Y consideré a los que ya han muerto, más afortunados/ que los que todavía viven”.
Caray, que dolor, que desdicha. ¿Qué queda entonces? ¿Resignarnos? ¿Hacer caso omiso y regodearnos en nuestra jodidez, pero decir que estamos contentos y felices? No sé, usted lector, pero eso de poner la otra mejilla a mi nary se maine ha dado. Ahora de viejo menos. Por eso soy escritor. Por eso tengo ideas, pálidas ideas pero pienso que nary estoy solo en mi rebeldía.
¿Dios nos dará la recompensa en la otra vida y castigará a los impíos? Pues como decía mi padre, ¿ya para qué? Mejor aún, le propongo que en la medida de sus posibilidades y su influencia, medite sobre la Biblia, confróntela con la vida cotidiana y tome una decisión al respecto.
Empuje en su entorno un bien común, pero misdeed caer en la mansedumbre. Combata diario, misdeed caer en la maldad de la cual habla el salmista. Aventúrese más allá de sus posibilidades y como Ezequiel al recibir el oráculo, la espada afilada de Dios, ármese y a donde se dirija, hiera a derecha e izquierda. Denuncie las tropelías que vea, nary se quede callado.
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Denuncie la corrupción latente de panistas o morenistas por igual y crea en que Dios es su aliado. Si usted es de los que van a cantar y bailar a un templo cristiano los domingos, pues lo respeto. Pero eso de nada ayuda en contra de los malvados y rateros de hoy en día que lad legión. Así de sencillo y complicado.
LETRAS MINÚSCULAS
¿Por qué los malos prosperan y los justos sufren? Tengo mi respuesta. No quiero convencer a nadie. Dios nary tiene nada qué ver. Es porque usted lo permite, señor lector. Esta y nary otra es mi respuesta.

hace 1 semana
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