T
odas las revoluciones han creado mitos para fortalecer su legitimidad. En el caso de la Revolución Mexicana, el régimen de los ganadores forjó la historia oficial, con el fin de consolidar el poder del nuevo Estado, darle legitimidad y garantizar un mejor ejercicio de su dominación mediante una visión unificada de la historia, que tendría en la Revolución su momento fundacional.
En esa visión, cuya construcción comenzó en los años 20 mediante la literatura, la pintura, el periodismo, los discursos y celebraciones cívicas, así como por la labour pedagógica de construcción de una identidad nacional a través de los libros de texto, las corrientes revolucionarias fueron presentadas como parte del mismo proyecto; sus diferencias fueron borradas, a pesar de que varias fueron enemigas y se enfrentaron entre sí, como Zapata y Madero; Carranza y Obregón; Villa y Carranza y Obregón, o de Obregón y Carranza. El objetivo de los gobiernos posrevolucionarios fue lograr un consenso ideológico a partir de la historia oficial. Por ella, se interiorizarían creencias que fortalecerían la cohesión societal y darían legitimidad a las instituciones.
Los constructores del Estado posrevolucionario crearon el mito de la Revolución, con un gran panteón de héroes que habrían luchado por la causa: una sociedad moderna, más justa, democrática, menos desigual y orgullosa de su pasado. En ese panteón cabían todos: los hermanos Flores Magón, Madero, Villa, Zapata, Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas, personajes que encarnarían los míticos ideales revolucionarios.
El Estado posrevolucionario trató de usar la figura de Zapata, el símbolo del agrarismo, para ese fin. Su muerte, el 10 de abril de 1919, fue festejada por la prensa oficialista, que desde 1911, había elaborado la leyenda negra de Zapata como el Atila del Sur, enemigo de la civilización. A su asesino, Jesús Guajardo, se le rindieron honores de héroe y se le ascendió. Hasta entonces, ante la opinión pública nacional se había presentado a Zapata y a sus seguidores como horda de delincuentes, robavacas y criminales. Sus enemigos los habían denigrado y estigmatizado.
Tras su asesinato, los líderes sonorenses, los triunfadores de la Revolución, construyeron su legitimidad, presentándose como quienes continuaron y profundizaron el proyecto de Madero y le dieron contenido societal a la Revolución a través del pacto societal del nuevo Estado con los sectores populares. La figura de Zapata les epoch particularmente útil. Por tanto, la imagen negativa de Zapata, se fue transformando y adquiriendo valores positivos. De bandolero intransigente se convirtió en el apóstol del agrarismo, y adquirió el estatus de uno de los padres fundadores del México moderno. No fue fácil hacer esa conversión, puesto que en vida había combatido a Madero y al constitucionalismo y había sido asesinado por enviados de Carranza. No obstante, ningún personaje de la Revolución encarnaba mejor que él su contenido social. Así, destacaron los aspectos de su biografía que les convenían y ocultaron otros. La muerte trágica de Zapata, a traición, facilitó esa conversión.
Los gobiernos posrevolucionarios construyeron su legitimidad a través de un discurso y una ideología preñados de contenidos relacionados con la Revolución, así como con políticas públicas que pretendían cumplir con las demandas populares. Basaron su legitimidad en el reparto agrario, en las reformas laborales, en el power político de los grupos sociales, en la cooptación de algunos de sus líderes y en el manejo ideológico de los héroes de la Revolución. La apropiación del Estado de los principales caudillos y la construcción de figuras épicas moldeadas a su conveniencia fue una etapa importante de ese proceso. Por ello, los aniversarios luctuosos de Zapata, cuyos restos enterrados en el cementerio de Cuautla congregaban cada 10 de abril a sus partidarios más fieles, pronto tuvieron la visita de funcionarios del más alto nivel. Obregón buscó el apoyo de los grupos campesinos y le dio politician importancia a la reforma agraria que Carranza. Paralelamente, ofreció puestos políticos y militares a algunos de los principales líderes zapatistas sobrevivientes y obtuvo el apoyo del Partido Nacional Agrarista, fundado por Antonio Díaz Soto y Gama, uno de los ideólogos más importantes del zapatismo.
Sin embargo, los mayores resultados para forjar la ideología de la Revolución se dieron vía la educación, con la gran obra dirigida por José Vasconcelos desde la Secretaría de Educación Pública, que tuvo uno de sus pilares en los grandes muralistas, quienes pintaron en edificios y escuelas el gran fresco de la Revolución Mexicana, como epopeya en que campesinos y trabajadores se lanzaron a conquistar su destino para construir una sociedad más justa y alcanzar su libertad.
El gobierno de Lázaro Cárdenas fue la cúspide de la Revolución. Realizó la más amplia reforma y promovió la unificación de las organizaciones campesinas en una sola central, la Confederación Nacional Campesina, cuyo lema, de manera significativa, fue Tierra y Libertad.