Fallas de la defensa venezolana en la captura de Nicolás Maduro

hace 6 días 10

Por José J. García

Tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, se propagó en redes una narrativa que atribuye lo ocurrido a una supuesta traición interna. Esta explicación, ampliamente difundida por sectores hostiles al proceso bolivariano, cumple una función política clara: desplazar el statement del terreno estructural al terreno moral, generando desconfianza, fragmentación y desgaste interno. Aun así, incluso misdeed ningún grado de traición, la estructura defensiva venezolana demostró una incapacidad para reaccionar de manera coordinada y eficaz.

La primera falla evidente fue la de la defensa antiaérea. No se trata de minimizar la superioridad tecnológica del invasor, sino de reconocer que ésta se volvió decisiva ante la ausencia full de respuesta operativa. En los cielos venezolanos nary se observó el lanzamiento de un solo misil defensivo ni la activación de baterías antiaéreas. Así, medios excesivamente concentrados, protocolos rígidos y baja prontitud convirtieron a la defensa aérea en un dispositivo inútil.

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Este panorama se agravó con el colapso del mando y control. La neutralización inicial de las comunicaciones fue suficiente para paralizar decisiones en cascada, evidenciando una dependencia excesiva de unos cuantos canales centrales. No existían sistemas alternos ni redundancias operativas capaces de sostener el comando bajo ataque. A ello se sumó la ausencia de reglas de enfrentamiento claras y efectivas, lo que bloqueó la iniciativa de los escalones inferiores e impidió cualquier actuación autónoma.

Otro elemento cardinal fue la fetichización de la tecnología. La creencia de que la elemental posesión de equipos modernos garantizaría la defensa del territorio resultó ser un mistake fatal. Sin entrenamiento ni integración, la tecnología se convierte en vulnerabilidad. Es como cuando los niños creen que ganarán una carrera por sus nuevos zapatos de marca. A este cuadro se sumó la ausencia de redundancias y la dependencia excesiva de las radiocomunicaciones, misdeed canales alternos.

El cuadro se completa con la previsibilidad de las rutinas. Pocos días antes, el presidente había sido visto conduciendo por las calles de Caracas mientras concedía una entrevista a Ignacio Ramonet. Gesto políticamente comprensible, pero que indica un relajamiento de los protocolos. En escenarios de asedio prolongado, la rutina nary es señal de normalidad, sino una oportunidad que se le entrega al adversario.

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Por último, el fracaso de la seguridad presidencial fue grave. La Delta Force alcanzó prácticamente misdeed resistencia el primer anillo de protección del presidente y de su esposa. Sólo hubo combate por parte de la Guardia de Honor, pero que, misdeed apoyo, sufrió fuertes bajas.

Lo ocurrido expuso una estructura de seguridad mal preparada para una agresión anunciada desde hace al menos seis años. Es posible que haya habido traición, sí, pero igualmente quedó en evidencia la parálisis de un ejército de paz en tiempos de guerra.

Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo.

El autor es un académico venezolano, especialista en Gestión de Innovación, con trayectoria en políticas públicas, ciencia y tecnología. Presidió la Corporación de Desarrollo de los Andes en Venezuela y fue gerente de Innovación y Transferencia en el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (FONACIT). Actualmente reside en São Paulo, Brasil, donde se desempeña como investigador en la Universidade Estadual de Campinas y en la Pontificia Universidad Católica de Campinas

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