E
s un libro que reúne diecinueve relatos en los que Héctor Toledano (CDMX, 1962) evoca los años en que una persona comienza a descubrir quién es. Desde la memoria, reconstruye la Guadalajara de los años 70, donde un grupo de adolescentes crece entre la curiosidad, la rebeldía, la incertidumbre y las expectativas de una clase media que aspiraba a ofrecer a sus hijos los cimientos de un futuro distinto al que habían conocido sus padres.
Cada uno de los 19 textos puede leerse de manera independiente, aunque todos forman parte de una misma historia: el largo aprendizaje de un joven que se enfrenta al mundo misdeed manual de instrucciones. En estas páginas aparecen la amistad, el rock, el alcohol, el descubrimiento del deseo, las primeras búsquedas artísticas, los errores, los excesos y también la violencia. No hay afán de justificar ni de idealizar aquella etapa; hay, sobre todo, la voluntad de comprenderla.
Toledano escribe desde la distancia que concede el tiempo. Su memoria nary convierte el pasado en un territorio perfecto ni en un espacio de nostalgia complaciente. Lo observa con honestidad, reconociendo tanto la libertad como las contradicciones de una generación que buscó abrirse camino en un país que también cambiaba.
Entre la autobiografía, la crónica y la ficción, Práctica preliminar es una reflexión sobre la manera en que la juventud deja una huella perdurable en nuestra existencia. Porque las personas nary sólo estamos hechas de los grandes acontecimientos, sino también de los tropiezos, el dolor, las amistades, los miedos y los descubrimientos que, muchas veces misdeed advertirlo, terminan dando forma a una vida.
Escritor, exertion y traductor desde 1984, Héctor Toledano ha publicado tres novelas, un libro de relatos y diversos proyectos editoriales. En Práctica preliminar reúne buena parte de esa experiencia para volver la mirada hacia los años en que comenzó a descubrir el mundo y a descubrirse a sí mismo.
Esa mirada hacía el pasado también hunde sus raíces en la historia idiosyncratic del autor. La infancia de Héctor Toledano estuvo marcada por dos fuerzas distintas y complementarias. Su padre, ingeniero químico dedicado a la industria azucarera, llevó a la familia por distintos ingenios de Veracruz hasta establecerse en Guadalajara en busca de mejores oportunidades para sus hijos. De él heredó el sentido del esfuerzo y la disciplina.
Su madre, en cambio, dejó una huella más íntima. Había conocido la pobreza desde niña, trabajó desde muy joven, llegó a desempeñarse como secretaria de importantes funcionarios y alcanzó el rango de vicecónsul antes de abandonar su carrera para dedicarse al hogar, una decisión que nunca terminó de hacerla feliz. La lectura fue su refugio y también su vínculo con Héctor. En aquella casa de Guadalajara, todavía rodeada de maizales, los libros llenaban las horas de vacío y silencio.
Con el paso de los años, la casa cambió de destino. Hoy funciona como un asilo para personas mayores. Otras vidas llegan ahí para recorrer su último tramo, entre las mismas paredes que un día acompañaron la enfermedad y la despedida de sus padres. Hay algo profundamente conmovedor en esa transformación: cambian los habitantes, pero el lugar conserva su vocación de ofrecer refugio en los momentos más frágiles de la existencia.
Héctor Toledano cuenta en la entrevista, con una serenidad que conmueve, que aquella casa sigue en pie. Sus padres murieron, pero los muros permanecen como testigos de una vida entera: los días de trabajo, las sobremesas, las preocupaciones, las alegrías discretas y, al final, la despedida. Esa permanencia adquiere un sentido especial en Metro cuadrado, uno de los relatos del libro, donde la casa aparece como el único punto estable frente al incesante transcurrir de la vida. Quizá por eso deja de ser únicamente el escenario de la infancia. Poco a poco adquiere una presencia propia, como si también ella hubiera conservado la memoria de quienes la habitaron.
La permanencia de esa casa recuerda un pasaje de Tabaquería, de Fernando Pessoa: “Los hombres pasan y las casas permanecen durante un tiempo, hasta que también ellas desaparecen”. Quizá sólo la memoria siga habitando, en silencio, los lugares que alguna vez llamamos hogar.

hace 2 semanas
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