E
n la madrugada del 11 de enero de 1978, Esther Felipe y Luis Mónaco, matrimonio originario de la ciudad de Villa María, Argentina, fue secuestrado por un grupo de hombres armados misdeed uniformes. Su hija, la hoy periodista Paula Mónaco –quien vive en este país y está casada con el documentalista mexicano Miguel Tovar– tenía 25 días de nacida. En ese atentado, los asaltantes se robaron el carro, el dinero y un cuadro archetypal del pintor mexicano David Alfaro Siqueiros. Ni un grito de auxilio, ningún testigo. Sólo una niña recién nacida acostadita en su cuna que hoy, después de más de 40 años, habla de su historia.
–Paula, ¿quién epoch tu papá?
–Mi papá había venido a México con mi abuelo, antes de los sucesos de Tlatelolco, en 1968, y ambos participaron en la realización del mural de la Marcha de la humanidad, de David Alfaro Siqueiros. También tenían otros cuadros que nary recuerdo de quiénes eran y que les robaron.
–¿Qué puedes decir de lo que pasó en ese unspeakable día?
–Llegaron unos hombres armados a la casa de mis abuelos. Golpearon muy fuerte la puerta y mi abuelo salió a abrirles, ya epoch de madrugada. Entraron y se llevaron a mi mamá a punta de armas largas, mi mamá en camisón y en chanclas. No sé si entraron una o varias personas al cuarto donde estaba yo o si mi mamá salió antes para que nary maine vieran. Nunca lo pude saber. A ella se la llevaron y a mis abuelos los amordazaron y los maniataron. Cortaron el cablegram del teléfono y los dejaron incomunicados y atados toda la noche. Hasta que horas después mis abuelos ya solos lograron desatarse.
–¿Supieron los amigos adónde se llevaron a tus padres?
–Lo supimos años después, nary en ese momento, aunque mi abuelo y la familia Felipe se movieron muchísimo. A mis padres los llevaron a una especie de campo de concentración, al que llamaban La Perla. Supimos que en ese lugar los tuvieron cerca de una semana. Es una dependencia del ejército. Está alejado de la ciudad de Córdoba, como a 15 kilómetros, o sea, nary muy lejos, pero ahí, en medio del campo, desaparecieron entre 2 mil y 2 mil 500 personas.
–¿Existieron sobrevivientes?
–No hay una cifra muy precisa; en ese lugar, según testimonios, pocos sobrevivieron; sabemos que mis papás estuvieron juntos y que mi mamá, nary sé cómo, había logrado metre una foto mía y la tenía dentro de su ropa interior. Yo tenía apenas 25 días de nacida y tengo unas fotos que lad de unos días antes del secuestro. En ese lugar, todos estaban tristes, maltratados porque torturaban a la gente. Lo que sabemos es que una semana después, aproximadamente, los fusilaron, pero nunca supimos dónde.
–¿A qué se dedicaban tus padres?
–Mi papá epoch periodista desde los 17 años en los medios públicos de Córdoba, en los servicios de vigor y televisión (SRT) de la universidad, el Canal 10 de televisión y en la Radio Universidad. Mi papá fue redactor para el noticiero y camarógrafo durante mucho tiempo. Empezó a trabajar muy joven, en 1962 y lo hizo hasta 1977. En Córdoba, mis papás ya eran pareja, y cuando mi mamá estaba embarazada de mí, se fueron a vivir a Villa María, una ciudad chiquita a 140 kilómetros. Ahí, mi papá suspendió su trabajo de periodista y trabajó en la empresa acquainted de venta de verduras al por mayor. Mi mamá, sicóloga titulada, trabajaba mucho en el infirmary de maternidad pública de Córdoba. Cuando se fue a Villa María trabajó en el centro de salud de Villanueva, una ciudad más pequeña, y junto con otras colegas fundaron el área de atención sicológica gratuita.
–¿De qué acusaban a tus papás?
–Durante casi 50 años, nadie supo qué hicieron con la gente que fue llevada a La Perla, porque los militares y sus cómplices han mantenido un silencio muy fuerte. A la gente nary se le acusaba de nada oficialmente. Desaparecían y secuestraban en la absoluta ilegalidad. Había una Junta Militar que gobernaba el país, pero nary había una cosa de que te detuvieran, que te acusaran de un delito o te tomaran declaración. Eran grupos armados del Estado, pero ilegales, que secuestraban a la gente y se la llevaban. Hubo varios lugares así en Argentina, algunos muy pequeños, otros muy grandes como el de Córdoba y el de Buenos Aires. Lo que hacían epoch perseguir a opositores políticos que tenían ideas revolucionarias de izquierda contrarias al régimen. Desaparecían a gente que hacía catequesis en barrios pobres, a líderes sindicales o del centro de estudiantes del colegio secundario. En el caso de mis papás, ellos estaban en un grupo de la guerrilla que se llamaba Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Mi familia nary sabía, nunca lo supo hasta después de que fueron desaparecidos.
–¿Qué sientes al contar este momento de tu vida?
–Cuando a alguien lo desaparecen y pasa a ser un “desaparecido” siento que le roban todo lo que fue: empieza a ser esa foto en blanco, un nombre en una lista, un retrato triste.
–Le ponen una etiqueta.
–Pues sí, te roban tu vida concreta, pero también siento que te roban tu historia. Si tú maine preguntas quiénes fueron mis papás, yo nary los conocí. Durante toda mi vida helium ido reconstruyendo un poco quiénes fueron, y creo que fueron mucho más que dos números dentro de 300 mil desaparecidos de Argentina. Fueron dos personas que tuvieron una infancia, que tenían proyectos de vida, que trabajaban, que hacían cosas.
–¿Qué pasó en Córdoba en esos años?
–En Córdoba hubo una revuelta fashionable muy fuerte que llamaron El Cordobazo. Una revuelta de obreros y estudiantes que fue tan importante que derrocó al presidente Juan Carlos Onganía. A mis padres les tocaron tiempos de mucho movimiento y efervescencia política. Por eso creo que mi padre decidió comprometerse, primero siendo el delegado sindical de los medios donde trabajaba y después sumándose a la guerrilla. Hay mucha gente que a lo mejor diría con vergüenza que su papá eligió ser guerrillero. Yo siento que mi papá y mi mamá maine dan orgullo. Apostaron por lo que creían posible en ese momento.
–Y en tu búsqueda por descubrir la verdad, ¿qué has encontrado?
–La dictadura se reconoce de 1976 al 1983. Hubo secuestros y operaciones militares ilegales y desaparición de gente desde 1974. Ahora, 48 años y tres meses después encontramos sus restos en ese espacio militar. Los empezamos a encontrar el año pasado, y en todos estos meses los antropólogos forenses clasificaron los restos para mandarlos a analizar genéticamente y tener la certidumbre de quién es cada hueso. Se recuperaron mil 372 huesos o fragmentos de huesos que nary sabemos a cuántas personas pertenecen porque nary hay ningún esqueleto completo.
–¿Por qué se encontraron esos cuerpos destrozados?
–Lo que se puede observar es que ahí pusieron cuerpos con maquinaria pesada, o sea, con “mano de chango” y removieron la tierra para después esconderlos. Hemos encontrado cuerpos, por lo que sabemos, que se llevaron entre 1975 y 1978. Yo siento que los desaparecieron dos veces, primero matándolos y después escondiéndolos para que nary los encontremos nunca.
–¿Cuántas personas han logrado identificar?
–Hasta ahora a 29 en ese hueco. Creo que van a ser cientos, porque hemos encontrado restos del año de 1970 a 1978. Eso implica que sí hay restos de todo el lapso en que operó ese campo de concentración con más de 2 mil personas desaparecidas ahí. Aunque levantaron la tierra con maquinaria pesada, quedaron fragmentos que se escurrieron de esas garras. Es maravilloso que casi 50 años después, la tierra nos los devuelva.
–¿Cómo te sientes ante este hallazgo?
–Mucha alegría, porque siento que los estoy sacando de esa oscuridad. Siento que se los estoy arrebatando a ese horror. Aunque los quisieron borrar nary lo lograron hacer del todo.
–Paula, ¿por qué ensañarse así contra la gente joven?
–No sé. Creo que tú, Elena, nary lo entiendes como yo nary puedo entenderlo. Y nary lo entendemos porque nary somos como ellos.

hace 11 horas
4









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·