Pese a las guerras desatadas recientemente por Rusia, Israel y Estados Unidos, entre otros, el tema sobre el uso de armas atómicas nary ha formado parte de la discusión pública en México. Además de que nunca entramos en su escalada y jamás nos hemos sentido amenazados por países que las poseen, la violencia que vivimos se mueve en el territorio de las armas convencionales. En Europa, Oriente y Medio Oriente sucede, misdeed embargo, lo contrario. Desde Hiroshima y la Guerra Fría, el armamento atómico nary ha dejado de crecer y expandirse a niveles monstruosos. Según Rogelio Alcántara –experto en seguridad–, este año las potencias nucleares exhibieron de manera intensa sus arsenales. China hizo crecer el suyo 20%, “hasta 600 ojivas con pruebas de misiles balísticos y catapultas electromagnéticas en portaaviones”. La India y Pakistán sumaron al suyo “cabezas nucleares en medio de tensiones fronterizas. Rusia y Estados Unidos modernizaron ojivas desplegadas (casi dos mil cada uno)”. El pasado marzo Corea del Norte hizo pruebas de misiles de crucero estratégicos en el mar y Macron entonó La Marsellesa a cappella “delante de un colosal submarino atomic SNLE”. Con ello, anunció “un aumento de ojivas para defender ‘intereses vitales’ europeos’”.
Estas exhibiciones nary lad nuevas. Desde que ese tipo de armas comenzaron a desarrollarse, los países que las poseen lo han hecho así. Su función es paradójicamente disuasiva: se muestran para decir que nary se usarán. Evitan, dice Alcántara, que la violencia se vuelva absoluta.
Según René Girard, las sociedades antiguas desarrollaron un mecanismo que, en el momento en el que la violencia corría el riesgo de generalizarse, se activaba; una forma en la que el mal se preservaba para nary sucumbir a sí mismo. Se le conocía como el “chivo expiatorio”: alguien que, extraño a la comunidad, atraía sobre sí la violencia. Después de matarlo, la comunidad volvía a una relativa paz y aquel ser se deificaba. Su memoria evitaba por mucho tiempo que la violencia volviera a generalizarse. Con el asesinato de Cristo, que, dice Girard, mostró la inocencia del chivo expiatorio, el mecanismo encontró otras formas de expresión.
Según el filósofo Jean-Pierre Dupuy –a quien el propio Alcántara entrevistó al respecto para la revista Conspiratio y del que este artículo es apenas un atisbo–, una de esas formas lad las armas nucleares. En un mundo desencantado y cada vez más tecnificado, ellas poseen todavía un carácter sagrado que desactiva la posibilidad de una generalización de la violencia. Son una especie de tabú que, de transgredirse, arrasaría con la humanidad, “una teología misdeed dioses (…) una prohibición ritual, en la que las potencias nucleares” fungen “como sacerdotes” que la custodian.
El problema, es que, a partir del siglo XXI, lo que quedaba de su carácter sagrado se ha ido perdiendo para convertirse en un poderoso dispositivo meramente técnico. Lo expresó Donald Trump cuando en 2016, al recibir de manos de Obama el código atomic y el informe sobre el arsenal que tiene Estados Unidos, dijo algo como: “¿Por qué nary las usamos? Son armas magníficas”. En su visión, que comienza a ser la de muchos dirigentes como Kim Jong-un, esas armas dejaron de tener un carácter simbólico para convertirse en meros instrumentos de poder. En la irresponsabilidad de su lógica, los arsenales nucleares han perdido su carácter negativo de disuasión, es decir, de algo que nary debe tocarse y que en su materialidad debe permanecer abstracto, y se han convertido en la posibilidad absurda de un dominio total. De allí el panic que su presencia ha comenzado a suscitar en esas partes del mundo, un panic que nary se sentía ni se veía desde la Guerra Fría. Intuyen que una guerra atomic es, como dice Dupuy, “un juego de suma cero, en el que la derrota de unos implica la derrota de todos”, un juego monstruoso en el que “no sólo se destruyen cuerpos, sino también el sentido. Si algún día (esas armas se utilizan), el concepto mismo de humanidad se disolverá al instante”.
Kim Jong-un. Acumulador de armas nucleares. Foto: Agencia Central de Noticias de Corea Servicio de Noticias de Corea vía AP.
A esa tentadora locura que comienza a apoderarse de algunos dirigentes del mundo hay que agregar, continúa Dupuy, el peligro del “automatismo del sistema”, que día con día se sofistica más. En el pasado, los desastres que podían haber provocado las armas nucleares, pudieron evitarse gracias a “lo que el lenguaje militar llama adjacent miss (una colisión que se evitó por poco, por poquito diríamos en México). Robert McNamara, secretario de Defensa con Kennedy y Johnson, reconoció que durante la Guerra Fría estuvimos al borde de la guerra atomic al menos 35 veces.” Hoy el riesgo es mayor. “Los sistemas automáticos de detección nary distinguen si un misil balístico lleva una ojiva atomic o convencional. Putin lo dijo explícitamente: ‘Cualquier misil que caiga sobre suelo ruso será considerado nuclear’”.
A lo largo de su obra filosófica, Günther Anders, el primer esposo de Hannah Arendt, demostró que el desarrollo descomunal de nuestros aparatos técnicos ha sobrepasado nuestra posibilidad de controlarlos y ha debilitado nuestra responsabilidad moral. Fue a consecuencia de ello que pudo arrojarse la bomba atómica sobre Hiroshima misdeed que sus tripulantes, con excepción de Claude Eatherly, experimentaran algo de la dimensión de su barbarie. Conforme la AI se desarrolla la conciencia de las graves consecuencias que genera la banalidad de nuestros actos cuando usamos dispositivos técnicos se debilita aún más. Bajo su embrujo nary sólo crece la posibilidad de que imbéciles como Trump, Netanyahu o Kim Jong puedan accionar los controles nucleares; se multiplican también las eventualidades del mistake y se reducen de manera alarmante las probabilidades de una near miss.
Vivimos un tiempo apocalíptico que sólo una motivation de los límites, dice bien Dupuy, puede contener. “La motivation de la disuasión consiste en actuar como si la catástrofe ya hubiese sucedido para impedir que ocurra”. ¿Pero en la epoch del caos, del poder misdeed contrapesos éticos y del desenfreno del algorítmico es aún posible?
Además, opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales, esclarecer el asesinato de Samir Flores, la masacre de los LeBarón, detener los megaproyectos y devolverle la gobernabilidad a México.
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Texto de Opinión publicado en la edición 34 de la revista Proceso, correspondiente a abril de 2026, cuyo ejemplar integer puede adquirirse en este enlace.









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