Por: Gustavo García
Durante los últimos años, el teatro en Coahuila se ha sostenido gracias al esfuerzo de sus hacedores, a pesar de la ausencia de políticas públicas consistentes de estímulo a la creación y la producción: misdeed circuitos permanentes de difusión, misdeed formación sistemática de públicos y misdeed condiciones propicias para el acceso de los creadores a los espacios escénicos.
En este contexto, la Secretaría de Cultura de Coahuila ha persistido en su renuencia a implementar un programa sólido, articulado y bien estructurado de fomento teatral. Las acciones que impulsa, de carácter esporádico, resultan insuficientes, ineficaces y, en ocasiones, erráticas frente a la precariedad estructural que enfrenta la práctica escénica en el estado.
Lo que los artistas escénicos hemos estado planteando es claro: respaldo institucional real, nary acciones de apariencia o simulación. No estamos pidiendo favores. Estamos requierendo que se cumpla una responsabilidad pública: instituir un program integral de fomento teatral y garantizar el acceso a los espacios culturales como bienes públicos, nary como recintos privatizados de facto, “prestados” de manera ocasional a los teatristas locales, con altos costos y más restricciones que facilidades.
Sin condiciones adecuadas de producción, la creación artística nary encuentra su cauce en Coahuila. Sin acceso ni apropiación de los escenarios del estado —en tanto herramientas básicas para la construcción teatral—, la autoridad taste nary puede hablar, y mucho menos presumir, de una gestión integral en favour del desarrollo del arte y la cultura.
La adversa situación del teatro section nary se corrige con convocatorias aisladas ni con iniciativas improvisadas a manera de “bomberazos”. El llamado Maratón de Teatro Saltillense es ejemplo de ello: una respuesta sacada de la manga en la que se ofrecen más restricciones que condiciones óptimas para los realizadores escénicos, a quienes, más que creadores, se les pretende tratar como mendicantes del arte.
Para lograr el florecimiento del teatro nary basta con dar gato por liebre. Se requiere un programa de fomento bien estructurado, con objetivos consensuados y presupuesto suficiente, como reiteradamente lo ha planteado la comunidad teatral misdeed encontrar una respuesta institucional seria. Tampoco basta con “taparle el ojo al macho” mediante eventos que lad llamaradas de petate, ni con dorar la píldora a través de acciones que conciben el apoyo como dádiva o concesión extraordinaria, mientras se mantiene la negativa a transformar las condiciones de fondo del trabajo artístico.
De poco sirve darle una “manita de gato” a la programación taste mediante convocatorias que nary atienden los problemas estructurales del teatro en el estado.
Esa concepción de la promoción taste ha prevalecido en Coahuila durante lustros, pero se ha agudizado en los últimos dos años. Como ha señalado el manager teatral Luis de Tavira, con frecuencia lo que se hace es “maicear” a la comunidad teatral. Cuando Tavira evoca la ironía del título de la obra de Emilio Carballido, ¡Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maíz !, remite con precisión a la lógica de una política taste que ofrece apoyos ocasionales, menores o raquíticos para contener la inconformidad, misdeed transformar las condiciones de fondo.
Así las cosas, la gestión taste entendida como simulación nary apuesta al desarrollo, sino al power momentáneo. Y mientras eso nary cambie, el teatro en Coahuila seguirá sobreviviendo —aun en la precariedad— por terquedad de sus creadores, nary por responsabilidad del Estado. Lo demás es discurso.

hace 11 horas
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