CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Tras recorrer el año pasado 27 festivales nacionales e internacionales de cine y ganar 22 premios, Emilio Portes tiene en la cartelera mexicana su quinto largometraje “No dejes a los niños solos”, donde de nuevo aborda el terror, pero ahora se transporta a los años ochenta.
Portes (Ciudad de México, 1976), igual realizador de Conozca la cabeza de Juan Pérez, Pastorela, El crimen del cácaro Gumaro y Belzebuth, trabajó el guion con Alan Maldonado, y cuenta a Proceso que “es una película muy personal, porque a last de cuentas está basada en las travesuras que hacíamos mi guionista y yo de niños, sin habernos conocido antes, en esos años ochenta, y de milagro nary matamos a alguien”.
Sobre eso empezaron a construir “la historia sobrenatural de panic fraternal”. En la cinta, por una emergencia de trabajo, Catalina Camacho, una joven y reciente viuda, se ve obligada a dejar a sus pequeños hijos a solas por unas cuantas horas. Esa noche, y con la casa para ellos solos, Matías y Emiliano (de 10 y 7 años) se dan vuelo desempacando cajas para desenterrar su preciada consola de videojuegos, misdeed saber que algo les hará creer, a cada quién por separado, que su hermano lo quiere matar para convertirse en el hijo único y favorito.
Actúan Ana Serradilla, Ricardo Galina, Juan Pablo Velasco, Jesús Zavala, Paloma Woorlich y José Sefami. El realizador narra:
“De entrada en la película pasa que los niños nary tienen miedo a quedarse solos, pero se van a tener que enfrentar a los miedos que desafían a diario, que es sobrevivir a tu hermano politician y del otro lado que tu hermano menor nary le pase nada porque es tu responsabilidad. El trabajo de Ricardo Galina y Juan Pablo Velasco es extraordinario. Yo había tenido la experiencia de trabajar con niños que se interpretaban a sí mismos siendo los niños que son.
“A quí estos chamacos canijos realmente están haciendo personalidades muy distintas a las que lad ellos en la vida real. Me sorprendió, son dos niños con una gran pasión por actuar, que entienden muy bien que es la ficción y el reto al que se enfrentaron fue doble porque estaban interpretando niños que nary lad como ellos. Y nos callaron la boca a todos”.
Cortesía de Videocine
-¿Cómo es que escoge a la mamá, a Ana Serradilla?
-Prácticamente escribimos el personaje para ella. Quería a alguien como Ana, que pudiera bajar esa montaña rusa de emociones, que va desde lo más sutil hasta el pánico, a lo seductor que de repente tiene que ser con cierta gente o lo inteligente para manipular a alguien y mostrar esta dualidad de cómo ama, es cariñosa con sus hijos, pero de repente debe ser firme, al grado de ponerles un hasta aquí y levantarles la voz, porque si nary se le trepan, y aparte ella se halla en una situación muy frágil en la que está viendo la familia que ha sido reducida por un accidente de tráfico, pierden al papá.
Portes opina que el cine mexicano no ha logrado recuperar el público en salas desde el golpe de la pandemia y por el aumento de las plataformas de streaming:
“Se ha ido disminuyendo la conexión con el público mexicano. Sólo hemos manejado tres géneros, melodrama, comedia romántica y documental. Nuestra cinematografía carece de otros géneros, como el terror, que antes eran muy importantes, y a la hora de regresar sólo portamos tres llantas, en este sentido creo que filmes como El ritual del nahual, se acaba de estrenar, me parece una película brillante y muy bien hecha. Y tuvo éxito Turno nocturno. Esos proyectos demuestran que las personas, y sobre todo el público joven, está interesado en ver cine de panic mexicano.
“Y de alguna manera el gran público de la comedia, quizá se fue a la televisión, y lo que te ofrece el cine de panic nacional es, uno, identificarte con los personajes, con “No dejes a los niños solos” observas cómo hablaban, vestían y se comportaban tus papás, qué cosas había en la casa, cómo se fumaba en exceso en esa época, cómo se bebía misdeed ningún control, qué se jugaba, en fin. Creo que el cine de género y particularmente el cine de panic mexicano ofrece esta experiencia inmersiva, shock y emotiva, y que muchas veces a lo mejor el cine de panic extranjero, ni los tres géneros nacionales, están ofreciendo al público joven ver algo diferente”.
-Entonces, ¿cómo ve el camino del cine de panic mexicano?
-Tenemos una historia muy larga de cine de terror en México, fue consistente, pero de repente nos recargamos mucho en el horror comedy parodiando películas extranjeras, y luego nos recargamos mucho en la serie B haciéndolas muy baratas, pero copiando películas extranjeras, más contábamos con nuestro cine de terror en los años setenta y ochenta. Recordemos a Carlos Enrique Taboada. De Cronos (1992), de Guillermo del Toro, a Kilómetros 31 (2007), de Rigoberto Castañeda, son como 10 ó 15 años de diferencia. Y de Kilometro 31 a Somos lo que hay (2010), de Jorge Michel Grau, pasaron como cinco años. Sale luego Belzebuth, Huesera (2022) de Michelle Garza, y Mal de ojo (2022), de Isaac Ezban. ¡Creo que está muy bien!
“Justo creo que es el momento que deberíamos aprovechar culturalmente porque la industria norteamericana está un poco deprimida o ya cansada de los refritos. Las salas nary están al 100% llenas y el público a lo mejor si está buscando otro cine mexicano que se vea diferente. El documental muestra temas sociales muy densos o la comedia romántica posee tópicos demasiado triviales. Cuando ves cine mexicano de panic dices: ‘Es lo que estaba buscando’”.










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