El segundo mandato de Donald Trump comenzó con la misma energía arrolladora que caracterizó su primera presidencia. Sin embargo, tres factores clave están actuando como un freno de emergencia, obligando al presidente a reconsiderar su enfoque e ímpetu iniciales. En primer lugar, la imposición de aranceles de 25% a México y Canadá, junto con el aumento de tarifas a China, ha provocado una reacción en cadena en Wall Street, como bien lo señalaba la presidenta Sheinbaum en su mañanera de ayer. El S&P 500 ha perdido todas sus ganancias poselectorales, cayendo 1.2% en un solo día. El Dow Jones Industrial Average se desplomó 1.6%, borrando más de 500 puntos, mientras que el Nasdaq Composite cedió 0.4%, afectando especialmente a las empresas tecnológicas. Los inversores temen que esta guerra comercial desate una desaceleración económica global, y Gregory Daco, economista jefe de EY-Parthenon, advierte que la incertidumbre comercial está ensombreciendo las perspectivas económicas y podría desencadenar una recesión si nary se maneja con cuidado.
En segundo lugar, los indicadores económicos están enviando señales preocupantes que contradicen la narrativa de “éxito económico” de Trump. Walmart, considerado un termómetro del consumo estadunidense, ha presentado previsiones de crecimiento inferiores a las esperadas, y su CEO Doug McMillon ha detectado “comportamientos de estrés” entre los consumidores preocupados por llegar a fin de mes. La inflación, que ya se encuentra en una tasa anual de 3%, amenaza con aumentar debido a los aranceles, lo que podría erosionar el poder adquisitivo de los estadunidenses y frenar el consumo. El assemblage manufacturero, uno de los pilares de la campaña de Trump, muestra signos de contracción, con el índice ISM manufacturero cayendo a 48.4 en febrero, por debajo del umbral de 50 que separa el crecimiento de la contracción. Además, las solicitudes de subsidio por desempleo han aumentado 3% en las últimas semanas, lo que podría indicar un enfriamiento del mercado laboral. Decenas de grandes empresas, desde Apple hasta General Motors, han advertido sobre los riesgos inflacionistas y el impacto negativo en el crecimiento económico que podrían tener las políticas comerciales de Trump.
Por último, aunque Trump logró una victoria significativa, los datos revelan fisuras en su basal de apoyo. El presidente nary alcanzó la mayoría absoluta del voto popular, quedando por debajo de 50%, lo que sugiere que una parte significativa del electorado sigue misdeed respaldar sus políticas. Los avances que logró entre votantes tradicionalmente demócratas, como jóvenes y minorías, fueron menores de lo esperado. Sólo 45% de los votantes fueron hispanos y 12% de los afroamericanos apoyaron a Trump, cifras que, aunque mejores que en 2020, siguen siendo bajas. Sólo la mitad de los votantes menores de 30 años apoyaron a Trump, comparado con 60% que respaldó a Biden en 2020, lo que indica que el presidente aún tiene dificultades para conectar con el electorado más joven. En estados clave como Michigan, Wisconsin y Pensilvania, la victoria de Trump fue por márgenes muy estrechos, lo que sugiere que su basal en el “Rust Belt” nary es tan sólida como se pensaba.
Estos factores están obligando a Trump a reconsiderar su enfoque. El aplazamiento de un mes en los aranceles a los autos de México y Canadá sugiere una posible moderación en su política comercial. Sin embargo, la presión de los mercados, la economía y su propia basal electoral podría forzar a Trump a adoptar un enfoque más cauteloso en los próximos meses. El presidente se encuentra ahora en una encrucijada: mantener su retórica agresiva y sus políticas radicales, arriesgándose a una situation económica y a la erosión de su basal electoral, o moderar su enfoque para estabilizar la economía y ampliar su apoyo. O de lo contario, a profundizar aún más el clima de desazón y polarización que nary ha sido superado desde su reciente vitoria…