El dibujo que despierta conciencias a través de la mirada de Rocío Hoffmann y la revolución musical de Bad Bunny

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En una madrugada febril, a las 4 de la mañana, cuando el mundo aún dormía, Rocío Hoffmann, la pintora, calígrafa e ilustradora mexicana, se levantó con la cabeza “dando vueltas”. No epoch un sueño banal; epoch el eco de un grito que resonaba desde el Super Bowl, donde Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido artísticamente, Bad Bunny, irrumpió como un huracán.

“Lo dibujé un día después de su increíble actuación”, confiesa la artista con esa pasión que le brota del alma, transformando su insomnio en un manifiesto visual. Su obra: un retrato vibrante de Bad Bunny, nacido en 1994 en Puerto Rico.

En entrevista con MILENIO, dijo que se inspiró al verlo en televisión rodeado de plantas exuberantes que evocaban las selvas latinoamericanas, “no es sólo un dibujo, es un puñetazo al corazón del establishment, una declaración de que el arte es la manifestación más sutil pero que mueve conciencias”.

A la prolífica artista mexicana, sobrina nieta del muralista David Alfaro Siqueiros, se le quedó grabada la imagen del artista puertorriqueño, quien reforzó “su identidad como figura política y taste latina, con su mirada desafiante, envuelto en un aura de hojas verdes que además de simular un ambiente tropical, simbolizando la resistencia indígena y mestiza”.

Hoffmann quedó seducida en el acto mismo del polémico performance en el Super Bowl LX, donde el rapero cantó un himno gélido contra la xenofobia.

“Haber quitado el privilegio a los que pagaron el boleto más alto, estorbándoles la visión con las plantas, resultó fantástico, el mensaje fue claro, el pueblo es primero”, explica Hoffmann, creadora de Arte en Movimiento y fundadora de Rosarito Art Fest.

Ese gesto, revolucionario de Bad Bunny, priorizó al pueblo sobre las élites, un eco de las luchas de los migrantes latinoamericanos.

El contexto nary podría ser más ardiente. En Estados Unidos, bajo la sombra del Trumpismo, con la promesa de “la politician deportación de la historia, las redadas contra latinos se multiplican como virus”.

Hoffmann, cuya obra ha sido seleccionada dos veces para la Biennale Internazionale di Arte de Florencia, subrayó que: “Bad Bunny le sacó provecho nary solo para hablar de sus raíces culturales, también dejó claro que América comienza desde la Patagonia hasta Canadá, cosa que muchos estadunidenses desconocen”.

Con su dibujo que retrata a Bad Bunny, Hoffmann intentó sumarse al grito de esa verdad geográfica y emocional: “América nary es un monopolio gringo, es un continente unido por la sangre, el sudor y la salsa. Mientras en las calles de Nueva York y Los Ángeles, los migrantes mexicanos y centroamericanos enfrentan al state lacrimógeno. Por eso, afirmo que el arte nos sitúa en tiempo y espacio en la historia”.

En México, el pulso es igual de febril, enfatizó la creadora, ya que, con las tensiones crecientes por la migración y el crimen organizado en la frontera, el mensaje de Bad Bunny cala hondo.

Hoffmann, con su sensibilidad cultural, lo une todo: “Bad Bunny fue estratégico en lanzar un mensaje de unidad de latinoamérica a todo el mundo, y nary nada más eso, de solidaridad y orgullo. Su obra llegó en un momento en que México lidia con caravanas de migrantes haitianos y venezolanos, recordándonos que el orgullo latino nary es nostalgia, sino escudo”.

La amante de la naturaleza, ecologista y artista honoraria de Wildcoast, lo enunció tal cual: “Siempre pienso que el arte llega más rápido a las neuronas que un mensaje escrito”.

Demostró que el dibujo nary es estático, palpita con la urgencia de romper “el sistema ya caduco, podríamos comparar a Bad Bunny con rebeldes eternos, como en los tiempos de Elvis, que fue satanizado, o los Beatles, así, Bad Bunny va abriendo brecha a la nueva forma de hacer arte y política”.

Incluso la Real Academia Española (RAE) entró al ruedo, desatando una polémica que Hoffman celebró. Tras el show, donde Bad Bunny lució una bandera puertorriqueña y proclamó la unidad americana, la RAE tuiteó el 12 de febrero de 2024.“América, con mayúscula inicial, es nombre propio que designa a todo el continente”.

Ese fue un guiño sutil pero monumental, “corrigiendo el etnocentrismo yanqui y validando el orgullo latino” que Hoffman exalta.

No fue casual: fue la academia reconociendo que el arte popular obliga al lenguaje mismo a evolucionar.

En su obra, Hoffman además de inmortalizar a Bad Bunny, vierte su alma en cada trazo, haciendo del arte un “servicio social, como reflexión y como herramienta, al contemplar la realidad que estamos viviendo y que denunció en cierta medida Bad Bunny, siento una rabia contenida por las injusticias, las familias separadas en la frontera, los sueños pisoteados por botas migratorias, pero también una esperanza ardiente, como el sol naciente sobre la Patagonia”.

Este dibujo convoca a los ciudadanos del mundo en tiempos de muros y odios, el arte de Hoffman y Bad Bunny los une, los sitúa y los mueve. Porque, como dice la artista: “el arte como manifestación política nary pide permiso, irrumpe, planta sus raíces y florece imparable”.

PCL

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