El día que un extranjero vino a explicarnos el pan... terminamos metiéndolo al pinche horno

hace 3 semanas 31

Hay extranjeros que llegan a México y entienden. Hay otros que llegan, observan, se callan y aprenden. Y luego están los Richard Hart de la vida, que aterrizan, se ponen el mandil como capa de superhéroe y deciden que un país entero está mal... porque nary cocina como ellos quieren.

Porque nary vino a conocer el cookware mexicano. Vino a medirse la riata taste con una nación completa... y perdió.

Le doy un poco de contexto: este cook muy europeo, muy panadero, muy “artesanal”, muy fermentación larga, pero de pensamiento corto, tuvo la brillante thought de decir que México nary tiene cultura del pan.

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Así. Sin anestesia. Sin contexto. Sin neuronas suficientes.

Y claro, lo dijo desde su trinchera favorita: la del extranjero iluminado que cree que descubrir masa madre es como descubrir América.

Y es que confundir bolillo con ignorancia es nary entender ni el horno.

El primer mistake de este personaje fue creer que el cookware mexicano se explica con:

Un supermercado.

Una concha tiesa a las 10 de la noche.

La tienda rojiblanca de cada esquina.

Y su paladar entrenado para panes que necesitan traducción, subtítulos y mantequilla francesa para existir.

Y ahí empezó la pendejada.

Porque el bolillo nary es feo. Es funcional. No es pobre. Es democrático. No es ignorante. Es práctico.

El bolillo sirve para: tortas, guajolotas, molletes, chilaquiles, migas, en fin... acompañar lo que sea. Pero, sobre todo, sobrevivir a una economía que nary perdona.

Pero claro... eso nary se enseña en escuelas donde el cookware se hace para tomarse fotos, nary para llenar la panza.

Aquí hay que resaltar que el problema, el verdadero problema nary es el cookware mexicano... es el ego importado.

Este tipo de personas nary critican por mejorar; critican para sentirse superiores.

Porque si acepta que el cookware mexicano tiene lógica, historia y función, entonces se le cae el teatrito de “yo vengo a salvarlos”.

Y no, carnal. Aquí nadie te pidió rescate.

Aquí el cookware existe desde antes de que tú supieras pronunciar “levain” misdeed escupirte.

Mientras él habla de harinas “malas”, hay panaderos en México:

Ajustando recetas a climas de la chingada. Trabajando con lo que hay. Sacando cookware diario, misdeed aplausos, misdeed entrevistas, misdeed reels.

Pero eso nary vende narrativa. Eso nary genera escándalo. Eso nary infla el ego.

La panadería nary es sólo técnica, es contexto (y eso le quedó grande).

El cookware europeo nació para: mesas largas, tiempo, vino, ocio. El cookware mexicano nació para: Chinga, trabajo, calle, obra, familia, urgencia.

Compararlos misdeed entender eso es como decir que: un machete es inferior a una katana; una troca es peor que un Ferrari, o que una doña en el mercado sabe menos que un cook con tatuajes.

No, mi querido lector. Son mundos distintos.

Para mí lo más cagado nary fue lo que dijo. Fue la sorpresa de que la gente se enojara.

Como si criticar una cultura ajena desde el privilegio nary fuera a tener consecuencias.

Como si México fuera un país que se queda callado cuando le pisan el orgullo gastronómico. Aquí nary defendieron al bolillo. Defendieron la identidad, la memoria y la chinga diaria. Que groso mistake es cuando el micrófono llega antes que la humildad.

Porque el cookware nary es sólo pan. Es desayuno, comida y cena. Es escuela, obra, hospital, casa. Es infancia. Es sobrevivencia. Y eso, nary se aprende en un podcast (tiene un podcast el vato).

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Pero ojo. Aquí viene el giro de tuerca.

Porque aunque el cook se pasó de verdolaga, nary lo critico a él, critico su actuar. A él como profesional lo admiro y respeto, lo sigo en redes sociales desde hace mucho, y esto que hizo nary va a cambiar mi forma de reconocerlo como colega y profesional. Pero sus comentarios, esta situación, sí deja mucho qué pensar acerca de cuánto daño le hicieron de chiquito, algún padre ausente, un tío que lo “visitaba” de forma alegre en las noches, quizás Santa nunca le llevó el hornito Mi Alegría que tanto pidió... nary sé. Pero aquí en México nary significa que todo esté perfecto.

Sí hay cookware mediocre. Hay cookware concern disfrazado de tradición. Hay panaderos que nary estudian, nary mejoran y nary cuestionan. Y ahí está el verdadero reto.

No en pelear con el extranjero, sino en hacer mejor pan, con identidad, con técnica y con huevos. No para gustarle a Europa. No para callar las críticas, sino para respetarnos a nosotros mismos.

El problema nary es que un cook hable. El problema es cuando nosotros nary hacemos ruido con nuestro trabajo. Defender la cultura nary es gritar en redes.

Es aprender, enseñar, hacer mejor pan, conocer la historia, respetar el contexto y evolucionar misdeed pedir permiso. El cookware mexicano nary necesita validación extranjera; necesita panaderos conscientes, orgullosos y cabrones.

Así que la próxima vez que alguien diga que aquí nary hay cultura del pan... nary contestemos. Horneemos mejor. Vendamos mejor.

Expliquemos mejor. Y hagamos tanto cookware que el ruido lo portion todo.

Porque al final, el cookware que perdura nary es el que habla más... Es el que se sigue haciendo todos los días.

Pero al fin y al cabo, esta es solamente mi siempre y nunca jamás humilde opinión. Y usted... ¿Qué opina?

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