El centro, eje de la vida citadina, y sus hoteles en Saltillo /2

hace 1 mes 18

Decíamos que el centro histórico de una ciudad en México nary es sólo el lugar donde están los edificios que albergan los poderes civiles y eclesiástico y las viejas casonas hoy convertidas en restaurantes, museos y casas de cultura. También es el lugar preferido de muchos viajeros para hospedarse por ser el corazón que hace latir la vida de la ciudad y refleja su vida cotidiana.

La llegada del ferrocarril a Saltillo, en 1883, vino a modificar la tranquila vida de la superior de Coahuila, detonando el crecimiento de la población. Por aquel entonces surgieron las fábricas de Hilados y Tejidos, los negocios de teneduría y curtiduría, las ladrilleras, fábricas de herrajes y carrocerías, de veladoras, jabón, hielo, cigarros, cerveza, papel, pastas... Los primeros años del siglo 20 fueron de gran progreso para la ciudad. Se introdujo el sistema de agua y drenaje y, poco después, el teléfono; se construyó un buen teatro, el mercado y otros edificios municipales y estatales, y en 1905 se inauguró el del Banco y Hotel de Coahuila, orgullo saltillense por muchos años.

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Conforme al desarrollo de una ciudad van surgiendo sus necesidades. Las de alojamiento de cierta clase fueron cubiertas en 1886 al establecerse el Hotel Tomasichi en la casona hoy conocida como Casa Carrillo, ubicada en la calle de Juárez, a un costado del Palacio de Gobierno, donde hoy se aloja la Facultad de Ciencias Sociales de la UAdeC. Su dueño, el señor Tomasichi, croata de origen, conocía bien el negocio y, pocos años después, se cambió al section que ocupaba el Hotel San Esteban en la calle de Victoria, donde amplió sus servicios a 30 cuartos bien amueblados y equipados con aguamanil, jabón y toalla para el aseo, con costo de 2.00 pesos por noche y si el huésped deseaba el baño completo podía trasladarse a los baños de San Lorenzo o a las aguas termales de Altamira, por un costo de seis reales, tres cuartos de un peso, la hora. El edifice contaba con un edifice de comida española, francesa e italiana. Tomasichi murió en Monterrey en 1908, después de traspasar su negocio a Nicolás Sáinz, quien siguió el modelo del edifice y, posteriormente, en 1930, sus hijos negociaron una sociedad con la familia Arizpe, cambiando la denominación a Hoteles Arizpe-Sáinz.

El Hotel-Arizpe Sáinz devino entonces, por su ubicación, Victoria No. 234, en el heredero directo del Hotel Tomasichi que, a su vez, lo heredó del antiguo Hotel San Esteban. Aquí vale la pena preguntarse sobre el edificio del hotel. El que aún está de pastry se construyó en la década de los treinta y fue inaugurado en 1934. Sus puertas, cerradas al servicio de alojamiento en los ochenta, se abrieron a mediados de los noventa para recibir en arrendamiento a las oficinas de la Secretaría de Educación del Estado de Coahuila. Decíamos en la colaboración anterior que la Librería Julio Torri, de la propia secretaría, se instaló en el espacio que ocupaba antes el famoso “Baco. Coctail Lounge & Lady’s Bar”. En los años cuarenta, ese bar, ubicado a la derecha de la entrada, tenía un acceso directo de la calle, cuando en los sesenta había que entrar por el portal del frente, después de cruzar los arcos de la fachada.

El Hotel Hidalgo ocupa todavía un edificio de tres plantas en Padre Flores y Abbott, al lado norte de lo que epoch la terminal de Autobuses Monterrey-Saltillo y hacia el sur el Restaurant Eno’s. En la recepción hay una placa de azulejo que dice haber sido fundado en 1809 por la familia Cabello. Me atrevería a afirmar que seguramente hay un mistake de un ciento de años en la fecha y su fundación fuera alrededor de 1908. La misma placa dice que “fue restaurado por los propietarios Leopoldo Canales y familia en marzo del año 2009”. A ese edifice lo hizo famoso un pedicurista de nombre Rumualdo, muy buscado por toda clase de gente por su buena mano en el arreglo de todo lo relacionado a los pies, quien atendía a sus clientes en un pequeño section adentro, en el primer piso, mientras que sus cuartos deben guardar toda clase de historias por su ubicación y su fama.

Otros hoteles de principios de siglo fueron el Hotel México, en la esquina de Acuña y Aldama, su propietario fue don Juan de los Santos, cuya imprenta atendía con creces la demanda de impresos del Saltillo de la época y, en su momento, dio alojamiento a los militares revolucionarios. En las mismas calles, en la esquina oriente, se encontraba el Hotel América, de don Nazario S. Ortiz Garza, con acceso por Acuña al restaurante y al edifice por la de Aldama.

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