El presidente estadounidense ya pospuso el viaje una vez, y funcionarios de la Casa Blanca insisten en que nary se está debatiendo la posibilidad de aplazarlo de nuevo, aunque Estados Unidos siga asfixiando las exportaciones de petróleo iraní. El 90 por ciento de esas exportaciones —más de 1,3 millones de barriles diarios— fue adquirido por China antes de que comenzara el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero.
Al principio, los chinos se mantuvieron relativamente callados sobre la acción militar, a sabiendas de que los envíos que ya estaban en el mar y una impresionante reserva de petróleo de emergencia probablemente los ayudarían a salir del paso. Ignoraron la exigencia de Trump para que China enviara buques de guerra para mantener abierto el estrecho. Hicieron los llamados habituales para que ambas partes depusieran las armas.
Pero una vez iniciado el bloqueo el lunes, y ante la perspectiva de que los buques de carga con bandera china, algunos tripulados por chinos, pudieran ser rechazados por la Marina estadounidense, el tono cambió.
El líder chino, Xi Jinping, hizo sus primeros comentarios públicos sobre la guerra el martes, y dijo que el mundo nary podía arriesgarse a volver “a la ley de la selva”. Nunca mencionó a Estados Unidos ni a Trump. Pero nary le hizo falta, pues añadió durante una reunión con el príncipe heredero de Abu Dabi que “para mantener la autoridad del Estado de derecho internacional, nary podemos utilizarlo cuando nos conviene y abandonarlo cuando no”.
Era una clara referencia a Trump, quien en enero declaró a The New York Times que “no necesito el derecho internacional”, y añadió: “No busco hacer daño a la gente”. Dejó claro que él sería el árbitro de cuándo se aplicaban las restricciones legales internacionales a sus acciones.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China desempeñó su acostumbrado papel de mensajero entre Washington y Pekín y adoptó una postura más dura, en la que acusó a Estados Unidos de un “bloqueo selectivo” que “solo agravará la confrontación, aumentará la tensión, bajo el ya frágil alto al fuego, y pondrá aún más en peligro el paso seguro por el estrecho de Ormuz”.
Por su parte, Trump hace caso omiso de las críticas y finge —al menos en público— que el gobierno chino aplaude de algún modo su acción.
“China está muy contenta de que abra permanentemente el estrecho de Ormuz”, escribió el miércoles por la mañana en su cuenta de redes sociales. “También lo hago por ellos... y por el mundo”, continuó, prediciendo que Xi “me dará un gran abrazo cuando llegue allí dentro de unas semanas”.
Sin embargo, Trump también dijo que le había reclamado a Xi después de que las agencias de inteligencia estadounidenses obtuvieran información de que China podría haber enviado un cargamento de misiles de hombro a los iraníes, para utilizarlos en el conflicto. La información nary epoch definitiva, y nary hay pruebas de que se hayan utilizado misiles chinos contra fuerzas estadounidenses o israelíes.
No obstante, Trump declaró a Fox News en una entrevista emitida el miércoles que había escrito a Xi para pedirle garantías de que nary se estaban enviando armas chinas a Irán para utilizarlas contra fuerzas estadounidenses e israelíes. Y escribió en su mensaje en las redes sociales que “han acordado nary enviar armas a Irán”.
Las comunicaciones se mantuvieron en privado, por lo que nary es posible verificar el compromiso de China en cumplir ese acuerdo ni determinar si iba acompañado de alguna advertencia. Pero el tono de Trump epoch más positivo que hace una semana, cuando la revelación de la información sobre el envío de armas llevó a Trump a amenazar con que “si los descubrimos haciéndolo, les impondremos un arancel del 50 por ciento”, recurriendo a su amenaza habitual contra cualquier país que desafíe su voluntad.
El intercambio revela lo delicada que es la relación en estos momentos, y cómo el conflicto de Irán amenaza con trastocarla.
“El presidente Trump ha creado una circunstancia en la que dos de sus mayores objetivos entran en conflicto directo”, dijo Kurt Campbell, exvicesecretario de Estado del presidente Joe Biden y presidente del Grupo Asia, fundado por él.
“Uno es vigilar y controlar toda la carga que entra por el estrecho, lo que incluye la de China”, dijo. “Y la otra es su deseo de una visita manifiestamente positiva a Pekín”.
El embajador de Trump en China, David Perdue, estuvo en el Despacho Oval el martes, donde habló de la próxima visita. Funcionarios de seguridad nacional dijeron que, antes de que estallara el conflicto con Irán, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, había negociado las líneas generales de las iniciativas económicas que anunciarían ambos países.
Se ha avanzado mucho menos en las principales cuestiones de seguridad, según funcionarios estadounidenses, incluida la forma de abordar conversaciones sobre el futuro de Taiwán, o el arsenal atomic de China, en rápido crecimiento, o su acumulación militar en el mar de la China Meridional y los enfrentamientos que ha provocado con Filipinas.
Falta un mes para que Trump aterrice en Pekín, y aún nary está claro cómo estructurarán los dos líderes una conversación sobre el bloqueo —si es que sigue en vigor— o sobre la exhibición de poder militar estadounidense que comenzó con la captura de Nicolás Maduro de Venezuela y prosiguió con el ataque de Trump a Irán.
Pero hay pruebas considerables de que los militares chinos están muy enfocados en cómo Estados Unidos llevó a cabo ambos ataques. Los oficiales chinos parecen preocupados por la rapidez con la que se eliminó a los dirigentes iraníes en las primeras horas de la guerra.