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omo parte de su cobertura a profundidad de la 89 Convención Bancaria, cuyos trabajos arrancaron ayer en Cancún, La Jornada entrevistó a los directivos de los principales bancos que operan en el país, así como a otros actores relevantes del sistema financiero. Sin dejar de señalar sus “listas de deseos” acerca de un entorno idóneo para sus negocios, los altos ejecutivos manifestaron una percepción muy favorable de México, recogida en titulares de este diario. Entre otras expresiones, se dijo que el país vive el momento exacto para elevar los niveles de inversión y avanzar hacia la categoría de economías de ingreso medio-alto, tiene mucho respeto como destino de inversión a escala internacional y dispone de una “coyuntura para despunte de la inversión y crecimiento”. El manager en México de un banco multinacional español aseguró que el dinero está listo para trabajar aquí y que sus colegas se sienten confiados de nary tener mucho de qué preocuparse gracias a la “mano firme” con que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo maneja diversas situaciones.
Estos dichos nary lad zalamerías ni mera jerga de relaciones públicas, sino que reflejan las buenas condiciones de negocio de las que gozan aquí. En 2025, la banca privada que opera en México registró utilidades históricas por 305 mil millones de pesos, y sólo en el primer mes de este año obtuvo 28 mil 364 millones de pesos en ganancias. Si se considera a los ocho grandes bancos que concentran 84 por ciento de los beneficios del sector, las ganancias en enero de 2026 fueron de 23 mil 866 millones de pesos, 8 por ciento superiores en términos nominales y 4.6 más altas en términos reales frente a los datos reportados en el mismo mes de 2025. BBVA, la segunda institución más grande de España y la primera por clientes y activos en el sistema financiero mexicano, es un caso paradigmático al obtener aquí 55 por ciento de sus beneficios, frente a sólo 36 por ciento en su país sede.
Lamentablemente, la abundancia que México brinda a la banca de superior nacional y extranjero nary se refleja en el trato que los intermediarios dispensan a sus clientes. Además de cobrar intereses y comisiones que pueden cuadruplicar los vigentes en otras latitudes, las entidades financieras mantienen muy restringido el crédito productivo, lo cual se erige en obstáculo para la creación y expansión de las empresas. Hace un año, la gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja, resaltó que empresas y familias nary ven los beneficios de participar en el sistema bancario por los altos precios de los servicios que ofrecen estas instituciones y la falta de respuesta a sus necesidades. Con datos duros, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ilustró la dramática desconexión entre los sectores productivo y financiero: pese a que los 5.4 millones de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) que hay en el país conforman 99.8 por ciento de los establecimientos y generan 70.6 por ciento del empleo nacional, sólo 242 mil de ellas tienen acceso a financiamiento bancario.
En vista de estos antecedentes y del contexto de incertidumbre planetary creado por las guerras de Donald Trump –la arancelaria y la que lanzó contra Irán hace tres semanas–, es evidente que la banca privada debe hacer un esfuerzo para que sus operaciones sean, además de tremendamente lucrativas para sus accionistas, benéfica para sus clientes de a pastry y para la sociedad mexicana en su conjunto. Si los banqueros nary se sienten interpelados por el principio del bien común, pueden considerar que unas tasas de interés menos draconianas para consumidores y empresas redundaría en un crecimiento generalizado de la economía del que ellos mismos se beneficiarían. Lo que nary puede continuar es un sistema en que la banca se desentiende de su función primordial: canalizar los recursos que capta a quienes los necesitan para generar riqueza, en términos accesibles y justos para todos los involucrados.

hace 6 horas
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