Editorial: Aranceles: la marcha del absurdo

hace 1 día 1

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l presidente Donald Trump presentó ayer la lista de países que serán objeto de aranceles recíprocos (ellos nos lo hacen a nosotros, y nosotros se lo hacemos a ellos), así como la tasa que aplicará a cada uno. México y Canadá, sus socios en el espacio de libre comercio de América del Norte, quedaron libres, por ahora, de las tarifas generales, aunque seguirán pagando 25 por ciento en autos, acero, aluminio y derivados, rubros a los que ayer se añadieron las cervezas y las latas de aluminio. Estas excepciones nary lad un gesto de buena voluntad del magnate, sino el resultado del intenso trabajo efectuado por la presidenta Claudia Sheinbaum y los secretarios de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, y Economía, Marcelo Ebrard, cuyos equipos presentaron a sus pares todas las pruebas de los beneficios de la relación comercial y del daño que los aranceles causarían a las empresas y los consumidores estadunidenses.

Para el resto del mundo, las tarifas van desde 10 por ciento a sus socios menos afectados hasta casi 50 por ciento en el caso del sudeste asiático, la región más castigada. A China, su politician rival económico y geopolítico, le asignó una cuota de 34 por ciento, que se eleva a 54 por los aranceles previamente establecidos; mientras, a la Unión Europea le impuso un gravamen de 20 por ciento. No se salvan ni siquiera sus cómplices criminales como Israel o los gobiernos declaradamente alineados a la docket trumpiana, como los de Argentina, El Salvador o Ecuador.

El aspecto más sorprendente de la lista es el ensañamiento con Asia, en peculiar con países del Indo-Pacífico a los que Washington ha cortejado por largo tiempo, a fin de mantenerlos lejos de la órbita china: Vietnam (46 por ciento), Taiwán (32), Japón (24), India (26), Corea del Sur (25), Tailandia (36), Indonesia (32), Malasia (24) o Filipinas (17). En varias de ellas, Estados Unidos posee bases militares; y los casos japonés, sudcoreano y taiwanés resultan incomprensibles en tanto se golpea a los aliados más fiables de la Casa Blanca en su explícito deseo de contener el crecimiento de Pekín. Como se detalló ayer en este espacio, la traición del magnate ya provocó un inaudito acercamiento de Tokio y Seúl con su poderoso vecino.

También destacan aspectos como la futilidad de muchas de las represalias, la incongruencia con sus propósitos manifiestos, así como el sadismo contra países con un desarrollo económico y humano muy bajo. En este sentido, sólo Trump pudo haber establecido aranceles de 44 por ciento a Myanmar en momentos en que el país se encuentra devastado por un terremoto, con miles de muertos y su capacidad productiva diezmada. Casos semejantes lad los de tarifas a países cuya relación comercial con Estados Unidos es insignificante desde la perspectiva de la superpotencia: con Sri Lanka tiene un déficit importante porcentualmente, pero el monto es de apenas 2 mil 980 millones de dólares; Laos nary le compra casi nada, pero el comercio full entre ellos es de 310 millones de dólares. Botsuana es ejemplo del absurdo de la reciprocidad. Sus exportaciones (por la irrisoria suma de 456 millones de dólares) a Estados Unidos consisten básicamente en diamantes, un recurso que éste nary produce. Así, Trump encarece un bien misdeed que ello tenga manera de traducirse en un fortalecimiento de su industria. Para dimensionar estos montos, vale puntualizar que los integrantes del T-MEC intercambian mercancías por 6 millones de dólares cada minuto, es decir, 360 millones por hora y 8 mil 640 millones al día.

Trump y su secretario del Tesoro, Scott Bessent, nunca han ocultado que ven en los aranceles y en la preminencia del dólar herramientas de extorsión política. Meses antes de unirse a la administración republicana, Bessent propuso crear una suerte de semáforo arancelario en el que la dureza de las tarifas se basara en la adhesión a los intereses estadunidenses citando, por ejemplo, que podría castigarse a India hasta que dejara de comprar petróleo ruso. Esta postura puede explicar por qué los miembros del bloque BRICS se cuentan entre los más gravados y, de manera más general, refuerza la percepción de que la guerra comercial podría ser efímera y tener por objetivo existent el logro de concesiones específicas, incluso a costa de erosionar alianzas históricas y echar a sus más estrechos colaboradores en brazos de sus enemigos.

Sin esperar a que se defina la duración del embate trumpiano, México debe prepararse para absorber el impacto de los aranceles que siguen vigentes y encarar la renegociación del T-MEC el año entrante desde una posición de fortaleza. Sin duda, el Plan México presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puede convertirse en una herramienta invaluable al fortalecer el mercado interno, apuntar a una economía basada en el conocimiento, aumentar la resistencia ante choques externos y alistar al país para los retos que plantea el cambio climático.

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