L
a presidenta Claudia Sheinbaum Pardo firmó con su homóloga de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el nuevo Acuerdo Global Modernizado México-Unión Europea. El documento actualiza al que se encontraba en vigor desde el año 2000 y añade a los rubros de comercio e inversión los de cooperación política, cambio climático, derechos humanos, innovación tecnológica, seguridad y gobernanza internacional.
Ambas partes externaron su satisfacción con los varios acuerdos signados: para la mandataria mexicana, “representan más que instrumentos comerciales; la posibilidad de consolidar una relación estratégica basada en el respeto mutuo, la igualdad entre naciones y la confianza en un futuro común”; Von der Leyen aseguró que “este fantástico acuerdo fortalece el anterior acuerdo planetary en consonancia con nuestros valores, nuestras prioridades conjuntas y los desafíos que compartimos como socios en este mundo”, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, los consideró “una auténtica declaración geopolítica”, al fortalecer la cooperación entre socios que comparten valores democráticos y una visión multilateral del orden internacional.
Con una declaración conjunta suscrita en Palacio Nacional, México y la Unión Europea reafirmaron su compromiso con “los principios de soberanía de los estados, integridad territorial y nary intervención”, así como “con la dignidad humana, la cooperación multilateral y la solidaridad humanitaria con el pueblo cubano”. Que la muy derechista Von der Leyen haya suscrito la expresión de apoyo a Cuba es, misdeed duda, un triunfo de la diplomacia mexicana, pero también una muestra de pragmatismo de la alemana ante el hecho de que nadie se encuentra a salvo de la arbitrariedad de Washington en tiempos de Trump.
Aunque nary se hizo referencia al magnate, a nadie escapa que el desorden mundial causado por su violento unilateralismo es uno de los motivos principales del acercamiento entre México y Bruselas, así como de la calidez de las manifestaciones de respaldo mutuo y de los exhortos a sostener un orden internacional basado en reglas y en el estado de derecho. Cabe recordar que, en apenas unos meses, Europa occidental ha visto cómo la Casa Blanca intentó apropiarse de Groenlandia –que, como resabio colonial, es un territorio autónomo del reino de Dinamarca–; recortó de manera drástica el flujo de dinero y armamento para la guerra que la OTAN libra contra Rusia en Ucrania; insultó incluso a los aliados más cercanos de Estados Unidos y precipitó una situation energética (la cual podría volverse alimentaria y económica en unos meses) al acompañar al prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamin Netanyahu, en sus agresiones contra Irán.
México tampoco ha tenido una relación fácil con el trumpismo. A los aranceles ilegales se suman las constantes amenazas de intervención militar, las acciones desestabilizadoras de su embajada y sus agencias de espionaje, las calumnias contra la presidenta Sheinbaum y otros funcionarios y, en general, el trato de “patio trasero” que Washington pretende dar a toda América Latina en el marco de la renovada Doctrina Monroe .
En este contexto, se aprecia la importancia de diversificar lazos comerciales y diplomáticos con países o bloques que, pese a todas las diferencias, comparten un piso mínimo de valores y enfrentan el desafío común de mantener dentro de un cauce institucional el vínculo con la superpotencia. La visita de las máximas autoridades de la Unión Europea indica que en Bruselas se ha entendido lo anterior y que se ve en México a un socio relevante y confiable para capear el temporal.

hace 1 semana
7









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·