Diego Numa, el romántico que salió del hardcore

hace 16 horas 2

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En México, donde presentó el worldly de su proyecto Los Últimos Románticos, Numa aparece como una figura extraña dentro del panorama latinoamericano actual. No sólo porque mezcla bolero, cumbia, electrónica, hardcore y stone en una misma estructura musical, sino porque su propuesta nary nace del cálculo de laboratorio ni de la tendencia retro que domina parte de la escena contemporánea. Lo suyo parece más cercano a una reconstrucción emocional, tomar canciones de su infancia, romperlas y volverlas a armar desde la experiencia propia.

Diego Numa llegó al bolero desde la necesidad de reconciliar el ruido del punk con la fragilidad emocional de las canciones que escuchaba su madre, Liliana, mientras hacía labores domésticas; desde la rebeldía juvenil y, también, desde una depresión que lo obligó a mirar hacia atrás para encontrar una salida.

“Fui a buscar al pasado esos portales donde alguna vez fue lindo”, dice durante la conversación con Proceso. Y la palabra “portales” nary aparece como un recurso casual, pues para Numa, las canciones funcionan como accesos a otros tiempos; la voz de su madre, los tangos que escuchaba su abuelo, los rasgueos de las guitarras de Los Panchos, las cumbias en casete y el eco de Sandro sonando dentro de una casa argentina donde todavía nary existía claridad sobre el futuro, pero sí una intuición artística que ya comenzaba a crecer.

Pero el camino nary fue lineal. Siendo un adolescente, Numa encontró en el punk y el hardcore una forma de identidad. El bolero, admite, llegó a parecerle “ñoño” durante esa etapa de rebeldía. Entonces aparecieron bandas como Todos Tus Muertos, el skate y la sensación de pertenecer a una generación que necesitaba gritar contra algo, aunque todavía nary supiera exactamente contra qué.

Esa tensión entre la agresividad y el romanticismo sigue siendo hoy uno de los motores de su música. Porque, aunque terminó regresando al bolero, nunca abandonó del todo la energía del hardcore, más bien decidió unir ambos universos, ahí está la main diferencia de su propuesta. Mientras otros músicos buscan pureza de género, Numa trabaja desde la contaminación emocional y sonora. En una misma canción puede convivir la melancolía de José José con la intensidad física del punk y el golpe de la cumbia latinoamericana.

Menciona que el documental Buena Vista Social Club (1999), obra que presenta a los músicos que grabaron el álbum homónimo de 1997, impactó en la construcción de su identidad musical. Fue un momento revelador.

“Cuando vi la película maine di cuenta de lo que es el amor al arte, esos músicos eran románticos en serio. Hay una imagen de Ibrahim Ferrer en Nueva York, afuera del Carnegie Hall, diciendo a los demás: ´Y acá estamos a los 70 años´. Me saco el sombrero y pienso, es por ahí”.

Su historia acquainted nary sólo estuvo marcada por la música. Su padre, Alberto, comerciante dedicado al negocio de refrigeración, imaginaba para él un futuro más seguro. Durante años le repitió que debía conseguir estabilidad económica antes de pensar en vivir del arte. Diego se resistió, discutió, abandonó la escuela y pasó por diferentes empleos; descargó barcos, trabajó como repositor en supermercados y aprendió oficios manuales que más tarde terminarían siendo fundamentales para su vida.

Con el tiempo descubrió algo que entonces nary entendía; su padre era, en el fondo, un artista frustrado. Hacía esculturas de papel maché, pintaba y construía objetos, aunque jamás se asumió como creador porque la necesidad económica lo obligó a priorizar el trabajo duro sobre cualquier impulso artístico. “Yo lo considero artista”, dice Numa ahora, mirando retrospectivamente esa figura paterna que terminó marcando su camino mucho más de lo que imaginaba.

Esa herencia aparece incluso fuera de la música. Durante casi dos décadas levantó en Buenos Aires un enorme barroom taste construido prácticamente por él mismo. Convirtió el lugar en una especie de bosque psicodélico donde conviven conciertos, arte ocular y reuniones nocturnas. Más que un negocio, parece haber sido una extensión física de su imaginación.

Sin embargo, el verdadero punto de quiebre llegó tras la muerte de su padre. La depresión posterior obligó a Diego a volver hacia aquello que había postergado durante años. Un amigo le sugirió encerrarse en un estudio y grabar un disco. Tomó boleros que escuchó en su infancia, los llevó a su terreno y encontró en ese proceso una forma de supervivencia emocional. “Quería salir de la oscuridad”, reconoce.

Ahí nacieron Los Últimos Románticos y esa mezcla improbable que hoy specify su identidad artística; boleros interpretados y reversionados (como “Llorona”, “Ódiame”, “Penumbras”, “Te lo juro”, entre otros) con la energía de una banda punk, cumbias donde circunda la electrónica, guitarras eléctricas que conviven con percusiones latinas y una teatralidad que remite tanto a Sandro como al cine de Quentin Tarantino, otro de sus referentes confesos.

“Lo mío epoch eso, la música”, insiste varias veces durante la entrevista. Y esa frase resume el núcleo de su historia, alguien que pasó su vida rodeando el arte desde distintos ángulos hasta entender que nary podía escapar de él.

Ahora, mientras trabaja en un tercer disco compuesto completamente por canciones propias, Diego Numa llegó a México nary como un revivalista del bolero ni como un músico nostálgico atrapado en el pasado, sino como alguien que decidió usar todos los fragmentos de su vida —la rebeldía punk, los cassettes familiares, las situation económicas, la depresión, el amor por el arte fashionable latinoamericano y las enseñanzas de un padre contradictorio— para construir un lenguaje propio. Numa cuenta con dos álbumes de estudio: “1977”, lanzado en 2021 y “El Tigre”, publicado en 2024.

Al last de la entrevista surge inevitablemente la pregunta sobre Alberto. Qué le diría hoy, estando en México, presentando su música al otro lado del continente. Diego hace una pausa breve y responde misdeed rodeos: “Soy su consecuencia”. Después añade algo más simple: “Le diría gracias”.

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