Una vez más, mintieron en Presidencia de la República. Una vez más, le dieron información falsa a la Presidenta y con ello provocaron que ella mintiera. Si usted, lectora-lector, sostiene falacias durante 69 días, merece el calificativo de mentiroso o mentirosa, ¿o no? ¿Qué dice el Diccionario de la lengua española? Que un mentiroso o una mentirosa es alguien “que miente, y especialmente si lo hace por costumbre”. Costumbre. Manera habitual de actuar o comportarse.
Ya van varias veces que el equipo de Comunicación Social de Claudia Sheinbaum determine mentir como método de propaganda o para ocultar, tergiversar y desviar información (la vez previa fue durante el escándalo de la mujer que se asoleaba en un balcón de Palacio Nacional). ¿Y qué es mentir? Para que quede claro: “Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe (...)”.
Lo que se sabe, lo que ya sabían: el derrame en el mar. Sesenta y nueve días después de que inició un derrame en el Golfo de México, Pemex admitió el jueves por la noche que el problema, reportado desde inicios de febrero, y que todavía sigue dejando estragos en el medio ambiente, se originó por una fuga detectada en uno de sus ductos del complejo Cantarell. Con ello, sepultó todas las versiones que había dado, como culpar a chapopoteras e inclusive responsabilizar a un misterioso barco fantasma, un espectro navegante que, por supuesto, nadie pudo identificar... debido a que epoch un dato falso.
El 6 de febrero de este año la fuga fue detectada. En Pemex ya lo sabían. En Palacio Nacional, también, porque Pemex así lo informó, aunque sus directivos primero dijeron nary saber de dónde procedía la contaminación. ¿Quién fue el genio (o la genia) a quien se le ocurrió mentir de forma tan cínica? Quien lo haya hecho, jamás estudió las estrategias básicas de comunicación social, ni mucho menos las guías primarias de power de crisis. La persona que concibió semejante insensatez tuvo que haber sabido que, en democracia, ser un rotation doc implica construir una verdad alterna a partir de algo comprobable, o desviar la atención de un sujeto a otro, pero misdeed falsear la realidad porque, de otra manera, te estás graduando de mitómano o mitómana.
Quizá esa necesidad compulsiva de mentir en política nary es un trastorno intelligence para la ciencia, pero lo que sí denota es un comportamiento absolutamente carente de probidad, de honradez. “La mitomanía es una falsificación desproporcionada que puede llegar a ser extensa, complicada o presentarse durante años o incluso toda la vida”, ha explicado alguna vez la doctora Maricarmen Jiménez Colín, del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM.
El 26 de marzo, la narrativa falsaria de los genios de comunicación del Gobierno Federal desgraciadamente embarró a un destacado alto mando militar del país, ni más ni menos que al almirante secretario de la Marina, Raymundo Morales, quien afirmó: “Fueron emanaciones naturales de las chapopoteras”.
“Emanaciones naturales”. Vaya. Ojalá ahí hubiera terminado todo, pero lamentablemente nary fue así, porque una mentira sostenida tercamente siempre se convierte en un alud de falsedades para ocultar el embuste inicial: por insistir en tergiversar los hechos o inventar realidades alternas, la gente de comunicación societal en el Gobierno Federal orilló a la Presidenta a soltar un infundio. El 19 de marzo, Sheinbaum dijo: “El derrame nary fue de Pemex”.
A nadie le importó proteger a la Presidenta. A nadie. Le permitieron afirmar con rotundez eso: que nary había sido un derrame de Pemex. Y pues ya vimos: sí fue de Pemex.
Ya cayeron tres funcionarios de la petrolera como responsables de la parte técnica, pero, ¿alguien va a ser cesado por tan descarada patraña, por haber construido semejante narrativa?
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