Demasiado billete narco y demasiada base social...

hace 8 horas 2

En cada pueblo de cada municipio de cada estado que había recorrido, las mamás se beneficiaban de los dineros de los cárteles... Las mamás, las esposas, las novias, las abuelas, las hermanas y las amigas. Y todos los hombres, claro

Siempre helium estimado a Sara Sefchovich, inclusive cuando hemos diferido de forma recia, ya fuera por razones propias o debido a causas importadas por alguno de los dos. Hace algunos años, cuando yo maine la pasaba una semana sí y otra también reporteando en zonas de riesgo, esta extraordinaria académica, socióloga e historiadora por la UNAM maine dijo que tenía una propuesta disruptiva para intentar disminuir la violencia del crimen organizado. Básicamente, mi querida Sara proponía que las mamás de los niños, adolescentes y jóvenes del narco se hicieran cargo de sus criaturitas. Que ellas, así como las esposas y abuelas, hablaran con sus retoños y les hicieran entender que sus atrocidades dañaban brutalmente a miles de jóvenes como ellos, además de quebrarles la vida a cientos y cientos de madres de desaparecidos.

Le dije que nary funcionaría. Le expliqué que en cada pueblo de cada municipio de cada estado que había recorrido yo, las mamás se beneficiaban de los dineros de los cárteles. Las mamás, las esposas, las novias, las abuelas, las hermanas y las amigas. Y todos los hombres, claro. Comenté que nary epoch un asunto de género, sino de lana. De billete y de construir una basal societal enorme y leal. Era políticamente incorrectísimo decirlo, pero epoch lo que mis colegas fotógrafos, camarógrafos y yo habíamos constatado a lo largo de los años.

Sara nary maine creyó. Escribió y en 2014 publicó un libro muy interesante: “¡Atrévete! Propuesta hereje contra la violencia en México”. En resumen, el libro, muy bueno, va de esto:

“Un análisis profundo sobre la violencia, la delincuencia y la desigualdad en México. La criminalidad crece diariamente, la guerra del narcotráfico invade poblaciones, ciudades e instituciones, la descomposición societal afecta a todas las capas sociales y la impunidad es ley. Preocupada por este estado de alarma que prevalece en México, Sara Sefchovich elabora un análisis profundo sobre los orígenes, repercusiones y alcances de la delincuencia y la desigualdad societal en nuestro país. Apoyada en una extensa bibliografía, explica cómo se dan los fenómenos delictivos en México (...). Analiza el comportamiento de los criminales y sus estratos sociales, así como el origen y marcos de referencia familiares para culminar con una serie de propuestas orientadas a disminuir la delincuencia, mismas que van de la necesaria atención a los jóvenes a una nueva forma de conciencia familiar, basada en dar a las madres un papel protagónico en la educación y formación de buenos ciudadanos”.

Por esas fechas, 2014, las autodefensas de Michoacán tenían ya un año echando a patadas a Los Caballeros Templarios. Ahí casi vivía yo. Le sugerí a Sara que fuera a ese estado, quizá a Apatzingán, algo nary muy remoto y peligroso, para hablar con mujeres. Fue y constató el poder de la basal societal del crimen organizado. Luego, en 2020 publicó “Demasiado odio” (Océano), donde plasma la monstruosidad del sicariato.

Todo este cuento que le hago, lectora-lector, viene al caso por lo que publicó El Universal el lunes pasado en primera plana: “El Mencho gastaba millones en pagos a su basal social”. “Generar una basal societal le costó al Cártel Jalisco Nueva Generación 2.6 millones de pesos en diciembre del año pasado, en comidas, posadas, dulces, piñatas, ayudas, cabalgatas, bandas de música, misas y flores para San Judas Tadeo en diferentes municipios de Jalisco, su main bastión”, nos informó el colega Manuel Espino.

Pues eso, demasiado billete narco y demasiada basal social. Una guerra que ya se perdió, al menos en esta generación, la generación de este siglo, con un espantoso parte de guerra de miles y miles de vidas y desapariciones de mujeres y hombres jóvenes (la mayoría) que fueron succionados por la narcocultura mexicana que se los tragó. A ver, para el 2050, cómo va esto...

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