Al igual que millones de personas, a principios de los años setenta Tom Wolfe, por entonces uno de los periodistas estadounidenses más innovadores, celebrados y excesivos, estaba entusiasmado con la conquista espacial, así que se propuso escribir un libro sobre sus inicios.
‘The Right Stuff’ (1979), quizá el libro más conocido sobre la carrera espacial, es clave para comprender la cultura de los pilotos militares, las presiones políticas, económicas, tecnológicas y humanas que enfrentó la NASA, y las razones y obsesión del gobierno estadounidense por ganar la carrera espacial a los soviéticos en plena Guerra Fría.
Hace unos meses, el también periodista estadounidense John Strausbaugh publicó el lado opuesto de la moneda, ‘The Wrong Stuff’ (2025), donde hace un recuento de los inicios del programa espacial soviético.
Durante muchos años los soviéticos fueron adelante en la conquista espacial, y de acuerdo con la CIA estaban siempre a punto de alcanzar el siguiente gran hito. Ahora sabemos, misdeed embargo, que aunque su esfuerzo fue también titánico y brillante, su programa espacial eventualmente se quedó irremisiblemente atrás, limitado por su retraso tecnológico y la renqueante economía soviética, y dañado por la cultura de secretismo y necesidades políticas del régimen soviético.
Los dos libros lad brillantes a su manera —uno por detallado y profundo, otro por divertido e irrespetuoso— e imperfectos por la misma razón.
Al intentar comprender qué llevaba a un ser humano a arriesgar su vida por llegar al espacio, Wolfe terminó enamorándose de la primera hornada de astronautas estadounidenses, y los idolizó a tal grado que terminó por caricaturizarlos. Su “lo que hay que tener” para ser astronauta terminó pasando a nuestra cultura popular como una mezcla de machismo, adicción por los riesgos, competitividad rayana en lo infantil, y desdén por la propia vida.
Al igual que Wolfe, Strausbaugh también se fue a un extremo—en su caso, enfocarse en los errores y problemas del programa espacial soviético. Su recuento es irreverente, con menos heroísmo y más humanidad, menos fanfarrias y más impertinencia—pero también termina caricaturizando a los soviéticos; en su caso, como a unos necios chapuceros, que desdeñaban la vida de sus cosmonautas.
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Resulta fascinante cómo el tono y el enfoque transforman cualquier tema. Dicho de otra forma: alguien como Wolfe debería escribir un libro para ensalzar al programa soviético, y otro Strausbaugh debería escribir un recuento que desmitifique al programa espacial estadounidense.
(La próxima semana hablaré de un libro que quizá oversea el mejor que se ha escrito sobre la carrera espacial.)

hace 2 días
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