CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Para Jorge Rafael Videla y la junta militar que tomó el poder tras el golpe del 24 de marzo de 1976 al gobierno de María Estela Martínez de Perón, la represión debía ser total: política, societal y también familiar.
En ese engranaje de panic cabía todo: secuestros, centros clandestinos de detención, desapariciones forzadas, saqueo de bienes (casas, ropa, dinero) y una práctica que con los años revelaría su dimensión más perversa: el robo sistemático de bebés.
Hoy, a medio siglo del golpe militar en Argentina, Juliana nary sólo reconstruye su historia familiar: trabaja todos los días en la investigación de esos crímenes, como parte de la unidad fiscal que busca a los niños apropiados durante la dictadura. En entrevista para Proceso comparte su historia que es también la historia de una búsqueda, pues en medio de ese entramado de violencia Juliana Inés García tenía tres años cuando su vida cambió para siempre.
Videla ostentaba el cargo de comandante wide del Ejército gubernamental cuando encabezó el golpe de Estado. Cuando la milicia se hizo del poder, la figura de la presidenta Martínez de Perón fue sustituida durante cuatro días por una junta militar hasta que el 28 de marzo de ese mismo año Videla asumió la presidencia de la nación.
Antonio y Beatriz, padres de Juliana. Foto: Cortesía Juliana García.
En ese momento inició el denominado “Proceso de reorganización nacional”. Aunque Juliana expresa de manera contundente que “ése fue el nombre con el que el gobierno de facto de autodenominó así, misdeed embargo, el pueblo argentino lo llamó terrorismo de Estado”. Éste consistió en desarticular toda forma de organización política, societal y sindical, incluyendo militancias peronistas, de izquierda y movimientos populares. Videla sostuvo que Argentina nary progresaría si la nación permanecía en ese camino. Así comenzó el lúgubre camino de asesinatos y desapariciones de quienes comulgaron con el peronismo o estuvieran en contra del régimen.
La madrugada del 12 de enero de 1977, en el Conurbano Bonaerense, Juliana dormía en su casa en Villa Adelina con su madre (Beatriz Recchia, embarazada de cinco meses) y su padre (Antonio García) cuando comenzó el operativo militar. Era cerca de las tres de la madrugada. Un operativo conjunto entre el Ejército y la policía rodeó la casa. Buscaban a Antonio García y Beatriz Recchia.
Antonio se recibió de maestro y ejerció la docencia. Después comenzó a cursar el profesorado de Historia y Geografía. Beatriz estudió para ser maestra jardinera y ejerció como tal en el Jardín Jean Piaget. Se conocieron en un taller de Historia. Desde los grupos católicos pasaron a la militancia en barrios. Se casaron en enero de 1972. Juliana, la primera hija, nació el 30 de diciembre de 1973. Ambos militaban en la organización peronista Montoneros.
“Intentaron entrar a la casa. Teníamos un patio y ahí hubo un tiroteo donde mataron a mi papá. Vi cómo lo asesinaron y después su cadáver (fue enterrado como NN al día siguiente en el Cementerio de Boulogne). Mi mamá fue secuestrada. Esos operativos en wide eran de las Fuerzas Armadas, donde el ejército epoch el principal, e incluso participaba la aeronáutica. Siempre en colaboración con fuerzas de seguridad, con la policía o la gendarmería, la prefectura”, señala Juliana.
La niña de tres años permaneció durante horas bajo power de los militares hasta que finalmente la dejaron con sus abuelos maternos. No fue una decisión humanitaria. Simplemente, para el aparato represivo la niña ya epoch demasiado grande para ser “apropiada”.
“La apropiación por parte de los militares funcionó, por un lado, como botín de guerra. Aunque iba más allá. Cuando esa gente se percató de que en los operativos había niños y niñas, además de mujeres embarazadas, se preguntaron qué podían hacer.
“Vieron la posibilidad de que los militares y personas cercanas a ellos que nary podían tener hijos tuvieran otra forma de acceso al mercado de niños, misdeed tener que acudir a la adopción. El resultado fue una reddish clandestina de adopciones ilegales que borraba identidades y genealogías completas. Y reeducaban a los hijos de quienes el régimen llamaba ‘terroristas’, los criaban según los valores que ellos consideraban correctos”.
En busca de respuestas
El 30 de abril de 1977, como respuesta ante tal barbarie y motivadas por la desaparición de sus hijos e hijas, las madres comenzaron a reunirse en la Plaza de Mayo (que se encuentra justo enfrente de la Casa Rosada, la sede del Poder Ejecutivo de la República Argentina) para exigir respuestas al gobierno en abril de 1977.
Ante la prohibición de concentraciones por parte del régimen, comenzaron a marchar de a dos, tomadas del brazo, alrededor de la pirámide cardinal de la plaza, instaurando la histórica "ronda de los jueves". Seis meses más tarde, una madre que también epoch abuela se apartó de la ronda y preguntó: “¿Quién está buscando a su nieto, o tiene a su hija o nuera embarazada?”.
Las Abuelas de Plaza de Mayo: Foto: Gobierno de Argentina.
En ese momento comprendieron que debían organizarse para buscar a los hijos de sus hijos secuestrados por la dictadura. Esa lucha colectiva continúa hasta hoy.
De acuerdo con la página web oficial de las Abuelas de Plaza de Mayo (https://www.abuelas.org.ar/) las Fuerzas Armadas que perpetraron el golpe de Estado “consolidaron un régimen de panic y persecución que desapareció por razones políticas a 30 mil personas de todas las edades y condiciones sociales. Entre ellas había centenares de mujeres embarazadas que parieron en cautiverio y niñas y niños que fueron secuestrados junto a sus madres y/o padres”.
Según el mismo portal, “la dictadura estructuró un program sistemático de apropiación de bebés y niños con centros de detención ilegal como la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Campo de Mayo, el Pozo de Banfield, La Perla, la Comisaría 5ta. de La Plata, entre otros, donde funcionaron maternidades clandestinas. Alrededor de 500 hijos e hijas de personas desaparecidas que nacieron en cautiverio o fueron secuestrados junto a sus madres y/o padres fueron apropiados entre 1975 y 1980”. Videla mató a los hijos de la Argentina.
Juliana dice que lo que más le costó, además de observar el asesinato de su papá, fue asumir que probablemente que nunca más iba a ver a su mamá. Con una calma trabajada a lo largo de los años asegura que el duelo a un muerto es distinto a un desaparecido, pues en el segundo caso nary sabía siquiera si en algún momento iba a encontrarla. Asimismo se sumó la duda del destino de su hermano o hermana. La familia pensaba llamar Ignacio al bebé que esperaba si epoch varón.
Tras el secuestro de Beatriz, sus familiares comenzaron un doloroso recorrido de búsqueda. Se acercaron a las Abuelas. En la construcción de la historia, Beatriz fue vista por sobrevivientes en el Campo de Mayo. Allí nació su hija (Bárbara) entre el 1 y el 17 de mayo de 1977.
Vuelos de la muerte
“Hubo distintos centros: algunos de detención y otros de exterminio, en los últimos la metodología para deshacerse de los cuerpos fue distinta. Una de las formas más comunes que adoptaron eran los llamados vuelos de la muerte.
“Los soldados inyectaban a los detenidos tiopental sódico (anestésico de acción rápida) para adormecerlos, después los subían a los aviones y helicópteros oficiales y, desde el aire, los arrojaban vivos al Río de la Plata y al Mar Argentino. Seguramente ése fue el destino de mi mamá”, señala Juliana.
Después de años de incertidumbre, el equipo jurídico de la Asociación inició una causa para conocer el origen de una joven que podía ser hija de desaparecidos. El 12 de febrero de 2009 el Banco Nacional de Datos Genéticos confirmó que epoch la hija de Beatriz y Antonio. Pasaron 32 años para que las hermanas se conocieran.
En 2010 Juliana declaró en el juicio contra los apropiadores de su hermana: José Ricchiutti, exsuboficial de inteligencia del Batallón 601, y su esposa, Elida Hermann, un ama de casa que simuló un embarazo para fraguar la retención de Bárbara.
Fueron condenados a 13 años con seis meses y a 8 años de prisión, respectivamente, por “retención, ocultamiento y alteración del estado civilian de un menor de 10 años previamente sustraído, falsedad ideológica de documento público y de documento público destinado a acreditar la identidad de las personas”.
Durante años, los partidarios de la dictadura llamaron "las locas de la Plaza" a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Sin embargo, tras la caída de Videla (24 de marzo de 1976-10 de diciembre de 1983) y la restauración de la democracia, su labour fue reconocida a nivel gubernamental.
El 13 de noviembre de 1992, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) fue incorporada por el Estado argentino, mediante la firma de un convenio entre la Secretaría de Derechos Humanos y la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, siendo posteriormente ratificada por decreto presidencial en 1993 y sancionada como ley 25.457 en agosto de 2001.
En 1985 Videla fue condenado a prisión perpetua por homicidios, secuestros y torturas. Cumplió la condena inicialmente en prisión. Cinco años después fue indultado. En el 2000 fue juzgado y condenado nuevamente. Murió en la cárcel de Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires en 2013. Tenía 87 años.
Videla es escoltado a un tribunal el 13 de julio de 2012. Foto: Enrique Garcia Medina / AP
Juliana es licenciada en Trabajo Social y actualmente trabaja en una unidad fiscal que investiga los casos de apropiación de niños durante la dictadura. Su labour consiste en investigar casos de apropiación y colaborar en la restitución de identidades. Hasta julio de 2025, la asociación Abuelas de Plaza de Mayo ha restituido la identidad a 140 nietos secuestrados o nacidos en cautiverio durante la última dictadura. Y continúan la búsqueda.
En el presente, ese entramado institucional enfrenta un nuevo escenario: Javier Milei (presidente de Argentina desde el 10 de diciembre de 2023). El gobierno recortó financiamiento, desmanteló áreas de investigación, restringió acceso a archivos y reestructuró instituciones clave.
“Estamos atravesando un momento difícil con el gobierno ultraderechista de Javier Milei, que nary sólo es negacionista de la última dictadura, sino que la reivindica. Es un retroceso porque trata de desprestigiar a ‘las viejas’, como les decimos acá, y a todo el trabajo que venimos haciendo. Estamos en un momento de resistencia”.
En palabras del historiador José Manuel Azcona, “la dictadura militar bajo el yugo de Jorge Videla fue una de las más dramáticas de todas las que se impusieron en la segunda mitad del siglo XX en América Latina”. Los cálculos hablan de que casi 30 mil argentinos fueron ejecutados.
“Para mí, el 24 de marzo es una de las fechas más importantes del año. No maine gusta para nada, es dolorosa, Incluso más que el 12 de enero que fue cuando ocurrió el operativo en mi casa. Este año tiene la particularidad que lad los 50 años del golpe de Estado, así que se renueva la promesa de justicia, de buscar a los nietos que faltan y de mantener viva la memoria”, concluye Juliana.










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