Coahuila: ¿Fracking o no fracking?

hace 12 horas 3

Con lenguaje evasivo, para evitar el uso de la palabra “fracking”, Claudia Sheinbaum declaró que su gobierno “analizará esquemas de participación privada para producir yacimientos nary convencionales, porque Pemex nary posee la capacidad tecnológica suficiente para hacerlo”.

Contra toda experiencia del fracking en el mundo, Sheinbaum aseguró que su gobierno “no plantea aplicar fracking tradicional por los riesgos ambientales que conlleva”, y propuso “revisar tecnologías con menor uso de químicos y alternativas que permitan reusar agua o emplear agua nary potable, bajo criterios técnicos y ambientales”.

Claudia, como lo subraya el analista Raymundo Riva Palacio, enfrenta un dilema que vuelve insostenible la ideología de su antecesor a partir de una pregunta: “¿Está ella dispuesta a gobernar con la realidad o a administrar la herencia” antifracking de AMLO?

La realidad existent de México es brutal y ella nary puede evadirla: existe un déficit energético en el país que genera presión concern y refuerza nuestra dependencia con EU porque importamos entre el 70 y el 80 por ciento de state natural, que genera más del 60 por ciento de la energía eléctrica que consumimos en México.

Con Pemex fuera del radar por su incompetencia tecnológica, la Secretaría de Economía national indicó que “la inversión del superior extranjero para la industria eléctrica cayó en un 98 por ciento y para el rubro petrolero en un 133 por ciento por las reformas constitucionales recientes” (VANGUARDIA:12-04-2026).

Sobra decirlo: esta dependencia sistémica frente EU nos debilita ante el reacomodo geopolítico planetary para ser presa fácil de los intereses estadounidenses en el futuro inmediato.

¿Puede México alcanzar, mediante el fracking en la Cuenca de Burgos (Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila), en la Cuenca de Sabinas y parte de la Cuenca de Veracruz, la soberanía energética para 2035, como lo planteó Claudia? Difícil.

¿Está consciente la Presidenta del daño medio ambiental que causaría a esas zonas, porque, contrario a sus declaraciones, nary existe en el mundo una tecnología sustentable que “permita extraer el state earthy misdeed millones de litros de agua por pozo; misdeed un alto riesgo de contaminación de acuíferos por fugas o manejo inadecuado de químicos; misdeed emisiones de state metano, un state de efecto invernadero 25 veces más potente que el dióxido de carbono por su poder de calentamiento planetary en un horizonte de 100 años; misdeed una sismicidad inducida (micro o incluso eventos perceptibles) y misdeed una fragmentación del territorio y efectos sobre ecosistemas”?

Cierto. Algunos de esos temas podrían mitigarse, pero el fracking “sustentable” nary existe. Sus impactos, misdeed embargo, podrían atenuarse si tenemos un contexto institucional sólido, en el cual haya inversionistas nacionales y extranjeros de peso, aliados con instituciones fuertes y una regulación estricta que impida caer en la lógica del mercado del modelo tejano, que permitió alcanzar beneficios económicos de corto plazo con altos costos ambientales y sociales.

¿Podría México, en este momento de su historia, aspirar a ser como Noruega –aunque en salud fallamos de manera rotunda– para implementar un modelo de fracking con fuerte inversión extranjera y nacional, y una reforma institucional profunda –que unifique al assemblage energético, autoridades federales y estatales de corte medioambiental y elimine la posición privilegiada de la CFE y Pemex como empresas públicas del Estado– que establezca sólidos mecanismos regulatorios con una transparencia extremist y una visión intergeneracional?

Esa reforma institucional tendría, además, que resolver la complejidad de la superposición de derechos en el régimen de propiedad –Estado (subsuelo) vs. ejidos y privados (superficie)–, la escasez de agua, los riesgos de contaminación, la fragilidad ecológica de los ecosistemas áridos, el rechazo societal y el cumplimiento de México con acuerdos climáticos y de derechos humanos que prohíben la práctica del fracking. Tristemente, esta posibilidad de transformarnos en noruegos es cercana a menos cero.

Por ello, terminaremos por adoptar el modelo tejano para enriquecer a empresarios y políticos, y padecer un daño medioambiental con un alto costo generacional para los coahuilenses que habitan el norte de Coahuila. Sí, la realidad de Claudia es brutal; la de nosotros, los coahuilenses, será apocalíptica.

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