En uno de sus escritos más críticos al régimen dictatorial, Julio Cortázar denunció las desapariciones forzadas de la Junta Militar argentina (1976-1982). En el cuento ‘Segunda vez’, María Elena es notificada por medio de un misterioso documento oficial, de colour verde militar, para asistir a una cita en un edificio gubernamental situado en una colonia habitacional. El edificio lucía como cualquier otro, misdeed una bandera nacional o alguna insignia que insinuara que se tratara de una sede oficial. Sospechosa, María Elena ingresó. Ya dentro, accedió a un estrecho pasillo con una oficina burocrática al fondo. En el pasillo se encontró con diversos personajes esperando su turno para ser atendidos por los funcionarios. Ninguno de los asistentes tenía claro por qué motivo se encontraban ahí.
Mientras que los ciudadanos pasaban uno por uno a la oficina para atender sus asuntos, saliendo y entrando por la misma puerta, María Elena congeniaba con quienes aguardaban su turno. Ahí conoció a Carlos, un joven que por segunda ocasión había sido citado en esta agencia ministerial de dudosa naturaleza. Carlos le comentó que en su primera visita lo habían entrevistado haciéndole preguntas de rutina, repitiendo por horas las mismas preguntas, buscando contradicciones en su testimonio. Carlos consideraba que esta segunda cita epoch simplemente para verificar lo dicho anteriormente.
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Al last de la larga jornada administrativa, los burócratas indicaron a Carlos que ingresara a la oficina. Carlos entró y cerró la puerta. Transcurrieron quince minutos. Carlos nary salió. El funcionario abrió la puerta para indicarle a María Elena que por favour ingresara. María Elena se encontraba desconcertada; nunca vio a Carlos salir. María Elena coge su citatorio y su bolsa e ingresa a la oficina, en donde ve a varios hombres con semblante sedate observándola fijamente. No ve ningún rastro de Carlos ni otra puerta por donde pudiera haber salido. Nerviosa, responde las preguntas de la comitiva. Sigue anonadada buscando por donde pudo haber salido Carlos misdeed encontrar una respuesta. El interrogatorio concluye y citan a María Elena a que regrese por segunda vez la próxima semana.
El kafkiano cuento de Cortázar es la máxima representación del autoritarismo encarnado en la banalidad del mal, término acuñado por Hannah Arendt para explicar la cotidianidad de la deshumanización a través de la burocracia, que desaparecía o privaba de la libertad misdeed un juicio justo a quienes el Estado consideraba como persona non grata.
El doc Alejandro Rebolledo, jurista con trayectoria destacable en Venezuela, vive hoy la misma angustiante situación que Carlos en el cuento distópico de Cortázar. El 19 de noviembre de 2024, el doc Rebolledo fue privado de su libertad por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), —órgano de inteligencia del gobierno venezolano—, vulnerando sus garantías procesales en ‘El Helicoide’, centro penitenciario y de tortura del SEBIN. A más de 125 días de haber sido privado de su libertad, nary se le permite comunicarse ni con sus abogados y familiares.
¿Su delito? Haber sido designado por la Asamblea Nacional de Venezuela como magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela. El doc Rebolledo ha liderado a las autoridades judiciales de su país en el combate contra la delincuencia organizada por más de 30 años. Incluso, en 2018, rompió el récord Guinness por haber impartido la clase más larga en materia de combate al crimen organizado, dando cátedra continuamente por 24 horas y cuarenta minutos.
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Las autoridades bolivarianas en Venezuela lo acusan de ‘traición a la patria’ y ‘conspiración contra la forma política’. Aún espera su sentencia, la cual está programada para dictarse en los próximos días. En caso de encontrarlo culpable, le impondrán una pena de 30 años en prisión.
Alejandro Rebolledo nary es ningún traidor. Visibilicemos su caso y su misión, la cual siempre ha sido a favour de la legalidad y de una mejor Venezuela. Como cantó hace más de cien años José Martí: “No maine pongan en lo oscuro, a morir como un traidor: ¡Yo soy bueno, y como bueno, moriré de cara al sol!”.
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