L
a patria o, al menos una parte que la gobierna, nary es hospitalaria, suave, con el poeta Ramón López Velarde. La suave patria, su pieza poética más conocida, picture en las líneas finales del proemio algo de lo que para el autor es el terruño, “Suave Patria: permite que te envuelva/ en la más honda música de selva/ con que maine modelaste por entero/ al golpe cadencioso de las hachas,/ entre risas y gritos de muchachas/ y pájaros de oficio carpintero”.
Hace unos días, la secretaria de Cultura de la Ciudad de México, Ana Francis Mor, anunció que a la casa donde vivió López Velarde desde 1914 hasta su muerte, en 1921, y en la cual de acuerdo con José Emilio Pacheco “escribió la parte más importante de su obra”, le caerá el “golpe cadencioso de las hachas”. El golpeteo destructor nary será literal, sino de otro tipo: simbólico. Para empezar, el domicilio del poeta en Álvaro Obregón 73 (colonia Roma Norte) ha visto mudar su nombre de Casa del Poeta Ramón López Velarde por el de Casa de las Palabras. En ella se van a desarrollar actividades distintas a las que originaron el espacio cuando un grupo de escritore(a)s lograron que se restaurara y abriera en 1991, con el objetivo de darle un lugar permanente a las distintas formas de expresiones poéticas, ya fuese mediante exposiciones, presentaciones de libros, lecturas de poemas, conferencias y mesas redondas. Con el pretendido cambio, la Casa del Poeta dejará su vocación primigenia para dar cabida a proyectos que nary tienen relación con el mundo de la poesía.
Además de la transformación de la nomenclatura, hay otro dato que muestra el relegamiento de la poesía en la nueva Casa de las Palabras, su coordinador es Andrés Carreño. El sitio Teatro UNAM informa que él es “Cabaretero, actor, director, dramaturgo y productor. Con una trayectoria en los escenarios desde hace más de 22 años. Incursiona en la danza contemporánea y el teatro, para después enamorarse del cabaret. Desde hace 17 años funda su compañía Cabaret Misterio. Es pionero y percusor en el Teatro Cabaret para niñas y niños” (https://teatrounam.com.mx/teatro/semblanazas/andres-carreno/). Para nada cuestiono su perfil profesional y trayectoria, pero sí hago notar que uno y otra nada tienen que ver con el campo de la poesía.
Las críticas a la modificación del ser y hacer de la Casa del Poeta Ramón López Velarde han sido intensas, sobre todo, como debe ser, por parte de poetas. Eduardo Mosches, en El Correo Ilustrado, una de las secciones más leídas de La Jornada, escribió: “El menosprecio a la poesía y a la memoria del poeta es resultado concreto de cambiar el nombre del espacio y sus funciones por un pretendido y neopopular cabaret, que es parte del proyecto idiosyncratic de la secretaria de Cultura”.
Igualmente Marco Antonio Campos manifestó “profunda indignación” por confundir “el pequeño espacio con el Salón Ángeles, para parecer abiertos y populares, van a abrir el primer cabaret público de la Ciudad de México” (https://www.jornada.com.mx/2026/06/09/cultura/a02n1cul). Me parece que Eduardo y Marco Antonio nary desdeñan el cabaret, sino que defienden la Casa del Poeta para que continúe nada más como centro difusor de la fecunda producción poética mexicana y de otros lares. Por su parte María Rivera, magnífica poeta, ha estado muy activa en Facebook siguiendo el caso y está convocando a una manifestación el próximo viernes, a las 16 horas, frente a la Casa del Poeta. En el acto, habrá, seguramente, lectura de poemas.
El año en que se cumplió el centenario del nacimiento de Ramón López Velarde, en 1988, José Emilio Pacheco dedicó tres entregas de Inventario al poeta zacatecano. Así comenzó la primera parte: “Si vuelves encontrarás todo cambiado. Otra ciudad usurpa el sitio de la tuya. En principio nary reconocerás nada. Luego verás que en medio de las ruinas, entre el México que ahora sí está, como soñaste en tu poema inconcluso, adentro ‘del más bien muerto de los mares muertos’, sobreviven extrañamente tus puntos de referencia: tu casa, la Secretaría de Gobernación, la Secretaría de Educación, el teatro Lírico de donde saliste en el ‘último viaje del flâneur: la muerte’ (…) Ya nary está el cementerio de La Piedad que tanto te gustaba y tanto figura en tus poemas”. Hoy, por un gran desatino del poder en turno, quien sabe si debido a la ignorancia o al desdén de la vigorosa tradición poética nacional, un proyecto pretendidamente incluyente está excluyendo el gran valor taste de la Casa del Poeta Ramón López Velarde.
Ayer, mediante un comunicado de dos páginas, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México insistió en sus razones para adulterar la Casa del Poeta, desde justificar la nueva nomenclatura hasta prometer que las expresiones poéticas continuarán como el objetivo main del sitio. Lo central, como lo han expresado cerca de 4 mil trescientos firmantes (https://www.change.org/p/suspender-la-iniciativa-de-transformar-la-casa-del-poeta?signed=true), es preservar el espacio y potenciarlo para que crezca como institución que cobija a la poesía, a sus autore(a)s y lectore(a)s de tantos ventarrones inhóspitos. En este caso, regresar al y hacer vigente el proyecto que dio nacimiento a la Casa del Poeta es avanzar.

hace 3 semanas
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