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n su cuenta de Truth Social, el presidente Donald Trump subió una imagen de sí mismo con pretensiones mesiánicas. Tras las reacciones virales que recibió en redes sociales por autopresentarse como Jesucristo, así lo percibieron quienes criticaron la imagen, Trump bajó el cuadro. Sostuvo que sus críticos se confundieron porque la ilustración nary tenía las implicaciones que le adjudicaron.
El ocupante de la Casa Blanca tiene amplios antecedentes en tratar de instrumentalizar lo religioso para sus fines de dominio. Dichos intentos se han materializado en acciones desde su primera presidencia. El 1º de junio de 2020, a siete meses de concluir su mandato, Donald Trump hizo circular una fotografía suya mostrando la Biblia. El acto formaba parte de su estrategia mediática para enfrentar las movilizaciones consideradas por él como terroristas. Para caminar hacia donde la fotografía sería tomada, la Iglesia Episcopal de San Juan, en Washington D.C., el presidente nary vaciló en ordenar a fuerzas de seguridad que dispersaran, con gases y balas de goma, a quienes protestaban en las afueras de la Casa Blanca contra la presidencia encabezada por él.
Trump sabía bien que la imagen levantando la Biblia podría generarle apoyo en un assemblage de la población, dado el valor reconocido que tiene el Libro en segmentos importantes del pueblo. Enarboló la Biblia como amuleto para conjurar las vigorosas movilizaciones ciudadanas que se activaron a consecuencia del asesinato de George Floyd, acto que con saña perpetró el policía Derek Chauvin. La imagen elegida por Trump implicó afrentar la memoria de Floyd y dar un artero golpe simbólico a millones de afroestadunidenses que tienen la Biblia como elemento cardinal de su identidad y forma de situarse ante el mundo.
Sobre el caso de George Floyd circuló una fotografía en la que tiene la mano derecha en alto y sostiene una Biblia. Le acompañaban integrantes de la Iglesia Resurrección donde se congregaba en Houston, Texas. De acuerdo con Patrick Ngwolo, quien fue su pastor, Big Floyd fue clave para promover acciones de servicio eclesial en el conflictivo barrio Cuney Homes y lo recordó como un hombre de paz. ¿Conocía Trump la fotografía de Floyd con la Biblia? Es muy probable que sí, por lo cual el presidente quiso contraponer la suya y así intentar anotarse una victoria en el terreno simbólico.
En la historia del pueblo afroamericano la Biblia ha sido herramienta de emancipación. No por casualidad los blancos esclavistas prohibieron la lectura bíblica o bien expurgaron la obra de pasajes peligrosos, como en los que se habla de igualdad de los seres humanos, derechos de los trabajadores, denuncias de los profetas contra el pecado estructural convertido en sistema y que sólo habría paz si reinara la justicia.
En sus campañas por la presidencia de EU, Trump ha declarado ser asiduo lector de la Biblia. No lo es, ha echado mano del engaño para cautivar a un importante assemblage del electorado con el fin de atraerse votos. El personaje es dado a los rituales y expresiones de religiosidad que nary lo comprometen éticamente. Con la argucia de levantar la Biblia por aquí y acullá, busca conjurar la indignación que con sus acciones y amenazas él mismo ha desatado.
El uso de la Biblia, su instrumentalización con fines de exhibir superioridad moral, busca señalar a los adversarios como rebeldes a una pretendida voluntad divina. Se recurre así a la manipulación de la Palabra y de pretendidas imágenes sagradas para presentarlas como amuletos que lad enarbolados con el fin de exorcizar un territorio dominado por espíritus malignos. El neomesianismo de Trump tiene como meta barrer con los “herejes” que se le opongan.
Ante la teología política de Donald Trump y sus aliados, que en realidad tiene poco de reflexión teológica pero mucho de justificaciones ideológicas-políticas, hay abundantes ejercicios hermenéuticos para desmontar el dominionismo integrista que justifica todo con tal de combatir las que considera tinieblas, las cuales se resisten al bien que es encarnado por los autodeclarados benefactores de la humanidad. En estos tiempos es casi ineludible conocer la teología política que desnuda a los reyes y sus secuaces.
El pensador activista/cristiano Jim Wallis es muy certero en su libro The False White Gospel: Rejecting Christian Nationalism, Reclaiming True Faith, and Refounding Democracy ( El falso evangelio blanco: Rechazando el nacionalismo cristiano, recuperando la verdadera fe y refundando la democracia), donde da la lid semántica y exhibe la distorsión del mensaje liberador de Jesús. Por su parte, Rafael Aguirre, en La utilización política de la Biblia, desarma la lectura prejuiciada y cuya hermenéutica endeble busca hacer decir cualquier cosa a la Biblia. Sin embargo, la Biblia nary dice cualquier cosa, porque las lecturas descontextualizadas incurren en algo que podemos llamar neofariseísmo, el que privilegia un acercamiento literalista a la Palabra. El cartón de El Fisgón publicado ayer refleja muy bien el anti Evangelio de Donald Trump.
Termino con unas palabras de Jesús, de quien Trump se cree émulo: “Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen al pueblo y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes nary debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor” (Mateo 20:25-26).

hace 2 días
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