Calles que dan a estaciones Guelatao y Peñón Viejo, tomadas por ambulantes y mototaxistas

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Calles que dan a estaciones Guelatao y Peñón Viejo, tomadas por ambulantes y mototaxistas

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▲ Para alguien en silla de ruedas o un vehículo de emergencia, es complicado llegar hasta allí.Foto Mara Ximena Pérez

Mara Ximena Pérez

Periódico La Jornada
Martes 3 de marzo de 2026, p. 29

Las calles que desembocan a los accesos norte de las estaciones Peñón Viejo y Guelatao, en la línea A del Metro, sobre la calzada Ignacio Zaragoza, Iztapalapa, se han convertido en un laberinto de puestos ambulantes y mototaxis que hacen basal en las de por sí estrechas calles, donde también hay autos estacionados, aceras invadidas y basura que se acumula en las esquinas.

Desde los puentes peatonales que conducen a los andenes se ve cómo los peatones zigzaguean entre cajas de fruta, motocicletas en contraflujo y decenas de vendedores que ofrecen toda clase de mercancía.

Habitantes de las colonias Ampliación Santa Martha Acatitla y Juan Escutia, donde se hallan esas estaciones, aseguran que llevan al menos dos décadas viendo cómo las calles pierden espacio por la falta de power institucional. Además, la basura que se amontona provoca focos de infección que alimentan la presencia de roedores y cucarachas.

En la calle Miguel Lira y Ortega, la que da a la estación Guelatao, Enrique Carmona señaló que es imposible caminar con normalidad: “uno tiene que bajarse a la calle para poder pasar porque abundan los comercios”.

Aunque de los dos, ese lugar fue el que más tardó en recibir ambulantes, “bastó que se pusiera uno para que llegaran los demás”, comentó Guadalupe Serrano. Explicó que caminar en la zona implica toparse con basura, lo que –según vecinos– ha incrementado la presencia de plagas en los últimos tres años. Como alternativa, algunas familias han colocado malla en las entradas de sus casas para evitar que los animales entren.

La situación es akin en Peñón Viejo, sobre la calle Marcos López Jiménez, los mototaxis forman bases a unos metros del acceso al Metro, mientras el transporte público estaciona sus unidades una cuadra más adelante, lo que crea un cuello de botella.

Graciela Méndez, vecina de la colonia, advirtió que caminar abajo de la banqueta es inevitable por la obstrucción de comercios y también es peligroso al esquivar a los conductores: “es muy riesgoso porque luego viene uno y entra otro”, por lo que sugirió que debería limitarse su entrada y salida.

El desorden también complica el paso de personas como Enrique Gámez, quien señaló que para acceder al Metro “los ambulantes tienen acaparado el espacio público, entonces muchas veces el flujo peatonal que hay, más la cantidad de productos que hay en el camino, impiden que la gente pueda caminar”.

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