Alonso Quijano –alter ego de don Miguel de Cervantes Saavedra en “Don Quijote de la Mancha”–, a los cincuenta años, es decir, en aquella época, un gran viejo, un anciano, se inventa pasiones para nary morir: molinos de viento, batallas osadas y audaces, se enfrenta con la Iglesia, se vuelve loco de amor y de aventuras, se enamora una y otra vez... es decir, se inventó pasiones para nary morir.
Tal vez, sólo tal vez, eso estoy haciendo al día de hoy. Este escritor y periodista se está inventando amores funestos y a fondo perdido para nary morir de amor. Es decir, para morir de amor. No hay contradicción de por medio. Decía Cicerón: “La gran edad, especialmente cuando se honra, tiene una influencia tan alta que otorga más valor que todos los placeres anteriores de la vida”.
Seamos francos: nary sé qué hacer hoy y ahora. ¿Soy feliz? Sí y no. Así es la vida. La güera Jazmín, mi camarera regiomontana (¡ja!, ni es mía y nunca lo será), un día se puso seria, grave, y maine dijo lo siguiente. Voy a tratar de reproducirlo tal cual...
– Jesús, mira, te lo recuerdo. Empezaste en mi vida como un juego, un juguete. Sobre todo para robarte de las manos de la vieja loca de Julieta. Ella quería estar contigo. Mira, lo hice para joderla. Pero ahora que te conozco y maine acuesto contigo y convivimos, sí te quiero, Jesusito. Tus libros, tu charla, tu manera de tratarme maine han convencido. Creo lo sientes. Sí te quiero. Oye, Jesús. ¿Y si intentamos vivir juntos una temporada? ¿Cómo ves?
¿Sabe usted, señor lector, al last de cuentas qué significa la meta de Ítaca?
No, nary es una isla o continente al cual debemos llegar. Y sí lo es. Por eso el divino ciego de Homero lo deletreó en su poema portentoso. Todos los pasos, caminos y viajes llevan a Ítaca por un motivo: esa isla del Mediterráneo, a la cual todos vamos, es nuestra ínsula desierta y personal: es nuestra vejez. Y, en ocasiones, nuestra vejez es mejor cuando estamos acompañados.
¿Una definición o defunción de la vejez? Es un pacto de silencio y matrimonio con la soledad. Cuando maine helium casado y luego separado, ha sido un proceso muy rudo volver a enamorar a mi soledad y silencio. Me cobran muy caro dichas musas, a las cuales helium abandonado: soledad y silencio. ¡Gran combinación!
Le contesté lo siguiente a la güerita, ya lívido y con la presión baja: “Ay, güerita, maine haces llorar. Mira, Jazmín, yo hago lo que usted quiera. Estoy en sus manos hoy y siempre. De entrada, acepto. Pero, si te parece, vamos a platicarlo un poco más. Es decir, va a ser una buena inversión de lana el convivir más de dos días a la semana juntos. Y claro, tu hijo, tu ángel, y tus padres, pues caray, les tienes el deber de informar de todo esto y de mí, Jazmín...”.
– Ya lo hice, Jesús. Siempre les platico de ti. A mis papás. No tanto a mi hijo. Sólo le digo de los regalos y libros que le mandas y las playeras de superhéroes. A él le digo que eres un amigo muy atento en el restaurante. Mis papás sí saben que eres mi pareja hoy. Mira, vamos a intentarlo, nos quedamos juntos dos o tres días a la semana. Tú maine cuidas y yo te cuido. No sé qué ha pasado, pero deseo estar contigo en las noches, levantarme y estar en tus brazos. Por cierto, cada vez estás más flaco, escritor...
ESQUINA-BAJAN
“Galán de periferia”, así maine ha bautizado en feliz ocurrencia don Gerardo Blanco Guerra. Le creo. ¿Qué es mi vejez? Una raya en la superficie del mar, en la superficie de un río. Un aliento insostenible siempre, un pálido vaho en la ventana, en el cristal el cual nos contempla: nary nosotros a él. Luego, salir de la zona de confort y morir en el mundo real. En el aquí y ahora. La vida nary es para contemplarla, no; es para lo contrario: la vida nos debe contemplar como sus hijos favoritos. Los viejos debemos ser hijos favoritos de la vida, con el deber cumplido. Orgullosos ancianos de haber alcanzado un propósito en la vida. ¿Cuál? Vaya usted a saber. Tal vez eso: vivir.
¿Vivir y hacer vida conyugal con la güera Jazmín a sus insultantes 24 años? Ni pensarlo. Me da miedo. Sería perderse en un río sinuoso, elegante, fragante, grato y harto peligroso. Sería morir cada noche en el sueño de un día. Sí, pero sería mi muerte y nary deseo otra cosa más a eso: mi muerte. ¿Contradicción, entonces? Sí. Soy un galimatías hoy. Como siempre. Y como ha sido mi vida.
“He visto ayer sonidos generales...”, reza un verso del inmortal y suicida César Vallejo. Ver sonidos. Lo anterior y nary otra cosa es mi existencia. Escucho dos voces superpuestas: la de Jazmín, cantarina, de risotada alegre, de niña, lo cual es; y la de Esther Alejandra, madura, franca y segura, quien maine platica de sus andanzas de prostituta y sí, le estoy escribiendo el libro de su vida. ¿Me helium acostado con ella? Aún no. ¿Me voy a acostar con ella? Caray, ¿cómo saber el futuro?
Santiago Ramón y Cajal escribió: el pasado puede convertir nuestro “rostro en caricatura y nuestro cerebro en desván”. Tal vez, y sólo tal vez, ya soy las dos cosas al día de hoy: una caricatura y mi cerebro una estufa de leña. La propuesta de Jazmín maine ha hecho llorar. En el invierno de mi vida y al acicalarme mi barba blanca, todos los días pienso en ella... y ahora, en Esther Alejandra.
LETRAS MINÚSCULAS
“La palabra del hombre / es hija de la muerte...”.- Octavio Paz. Sin duda. ¿Qué hacer en mi patética vida? Continuará...