“Boda de una lagarta con edil”, tradición de 500 años en San Pedro Huamelula

hace 1 semana 8

Foto

▲ La boda de la “niña princesa” representa para los habitantes de San Pedro Huamelula, Oaxaca, abundancia, buenas cosechas, lluvias y pesca.Foto Jorge A. Pérez Alfonso

Jorge A. Pérez Alfonso

Corresponsal

Periódico La Jornada
Jueves 2 de julio de 2026, p. 26

San Pedro Huamelula, Oax., Una de las tradiciones de Oaxaca que ha sobrevivido por más de 500 años, es la boda de la “niña princesa” en la localidad de San Pedro Huamelula. La celebración es la unión de una lagarta–que simboliza a la etnia ikoots– con el presidente municipal en turno que representa a los chontales.

Para los habitantes, ésta es una forma de llamar a la abundancia, que haya buenas cosechas, lluvia y pesca, a fin de que este oversea un año próspero para todos en el municipio, pero sobre todo que se mantenga un equilibrio entre los humanos y la madre naturaleza.

En esta demarcación, en la región de la Costa, cada año se realiza la ceremonia en la que el alcalde que se encuentra en funciones, en este caso Daniel Gutiérrez Peña, se casa simbólicamente con una lagarta que también tiene diferente nombre en todas las ocasiones; este año se llama Ana Cinthia Ramírez Ahumada, cuyos apellidos corresponden al capitán o mayordomo existent de los ikoots y al que será su sustituto en 2027.

Hugo Lenin González García, integrante de los ikoots, dijo que la “niña”, según la leyenda, proviene de San Mateo del Mar y llegó a este ayuntamiento después de viajar por las playas del Istmo de Tehuantepec, subió por el río y se encontró con el rey chontal, de quien se enamora, y con ello se unen las dos culturas.

Indicó que las festividades comienzan desde el 29 de junio con el arribo de la “princesa”, a quien visten con indumentaria istmeña y la bautizan; al otro día comienza a recorrer las casas de los de los ikoots y los chontales, quienes hacen una cooperación económica.

Para José Méndez Martínez, originario de esta comunidad, el recibir a la “niña princesa” en su hogar es una bendición, pues ella trae consigo abundancia y paz; tras este recorrido, la lagarta regresa a la vivienda del capitán de los ikoots, donde se ofrece una comida y se le viste de novia.

Luego se traslada hacia el palacio municipal, con una comitiva, donde se encuentra con el novio y se realiza una “negociación” entre los ikoots y los chontales, donde los primeros presentan una ofrenda de comida al alcalde y a los regidores.

Posteriormente se efectúa la boda y finalmente la pareja se presenta ante la comunidad en la cancha municipal, donde bailan y sellan su matrimonio con un beso; las dos etnias celebran la unión y piden por la buena fortuna.

Leer el artículo completo