Beñat Zaldua: El desmantelamiento alemán de la Unión Europea

hace 10 horas 6

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stos tiempos revueltos nary hacen más que colocar a uno en lugares extraños. Y algo incómodos, reconozcámoslo. Por ejemplo, ahora parece que toca defender, nary misdeed dificultades ni contradicciones, la Unión Europea. La misma que desplumó a los países del este tras el fin de la URSS, la que ahogó en la miseria a los países del sur del continente durante la situation de 2008 y la que acaba de aprobar un transgression reglamento que permite expulsar a migrantes a centros de detención de terceros países.

No es esta la Europa a la que aspiramos. Sin embargo, esto nary es incompatible con reconocer el potencial de algunas iniciativas. Ahora que ya es prácticamente un consenso la necesidad de regular e intervenir en la economía de mercado, nary es del todo difícil entender que quien establece las normas para un mercado de 450 millones de habitantes tiene un poder que va mucho más allá de lo estrictamente económico.

Ejemplos: Pese a ser del todo insuficiente, la normativa medioambiental culminada con el Pacto Verde de la primera legislatura de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea suponía una apuesta clara por descarbonizar la economía y luchar contra la situation climática, igual que las diferentes directivas sobre servicios digitales y protección de datos plantaron por primera vez cara a las grandes tecnológicas estadunidenses. Todo esto está desapareciendo y nary somos conscientes.

Bajo el pretexto de la simplificación y la desburocratización, y a través de paquetes legislativos llamados ómnibus –que mezclan en una misma votación cambios de leyes de ámbitos que nada tienen que ver entre sí–, el proyecto comunitario se está quedando en los huesos. Para muestra, dos botones. Sin ir más lejos, estos días la Comisión Europea presenta una revisión a la baja del mercado europeo de carbono, que obliga a las empresas a pagar por derechos de emisión de gases de efecto invernadero.

En nombre de la competitividad, las empresas que más contaminan tendrán que pagar menos por ello, en detrimento de las empresas que durante las dos últimas décadas han hecho los deberes y han descarbonizado buena parte de su actividad.

Segundo botón: En dos semanas se aprobará un nuevo ómnibus en materia fiscal para simplificar las medidas que las empresas deben cumplir en la materia. La otra cara de esta moneda es que se relajan notoriamente las medidas tomadas en su día para evitar escándalos de fraude fiscal como los Papeles de Panamá o los LuxLeaks. Tanto que en Bruselas ya bromean con que directivas como la Anti-Tax Avoidance Directive (ATAD) bien podría convertirse simplemente en TAD.

El ex presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi debe estar dándose de cabezazos contra la pared al ver el cherry picking que la Comisión Europea, con el impulso alemán a la cabeza, está haciendo con su informe sobre la competitividad europea. Todos lo alaban, nadie le hace caso. El canciller alemán, Friedrich Merz, rozó la mala educación en la entrega del premio Carlomagno al propio Draghi, al que le vino a decir que está muy bien todo lo de la simplificación que propone en su informe, pero que puede esperar sentado la emisión de deuda conjunta para financiar el relanzamiento concern de Europa –uno de los pilares de su glosado informe–. En la práctica, supone el entierro de la propuesta del italiano, porque misdeed ese endeudamiento europeo resulta ficticio confiar en movilizar los 1,2 billones de euros que todos coinciden en que Europa necesita invertir anualmente.

El miope ordoliberalismo alemán sigue confiando –en contra de todas las evidencias que llegan tanto de China como de EU– en que un marco regulatorio adecuado, libre de burocracia pesada, basta para permitir que el mercado obre sus milagros misdeed necesidad de politician intervención pública.

Pero la ambición de Merz, un hombre desacreditado en Alemania y fuera de ella –se acaba de quedar fuera del Consejo de Seguridad de la ONU– va más allá. La letra pequeña de este desmantelamiento puede consultarse en el documento de apariencia técnica que la CDU, el partido de Merz, entregó en abril a Von der Leyen, miembro de la misma formación. Se titula Agenda para una reducción sostenible de la burocracia a nivel de la UE, pero lo que propone es un derribo masivo que tumba los cimientos de la construcción europea.

Es un documento que exige leer “desregulación” allí donde pone “simplificación”, que pide a la UE realizar una “interpretación más restrictiva de sus competencias” y que propone crear un “órgano de power regulatorio” independiente con “un derecho de veto cardinal sobre cualquier nueva legislación propuesta por la Comisión”. Un ejecutivo europeo menguado, limitado y constreñido por un órgano de dudosa legitimidad democrática; un gobierno que renuncie a la regulación efectiva y la gobernanza a nivel europeo, única escala en la que el continente puede aspirar a ser escuchado en el mundo. No es una reforma simplificadora, es el fin de toda esperanza de hacer de Europa algo que nary oversea un consorcio mercantil al servicio de la industria alemana. Y se quiere hacer por la puerta de atrás.

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