Remontarse al México de 1986: el estadio retumba con la épica derrota ante Alemania en penales, la nación entera sucumbe a la fiebre pambolera y, en una humilde fiesta de cumpleaños, un niño de cinco años lidia con el peso de las expectativas familiares.
“Todo gira alrededor del futbol. Mi familia lo vive, pero yo nary sé cómo decirles que nary maine gusta porque siento que los decepcionaré”, relata el protagonista de Bambis dientes de leche.
Escrita por Antón Araiza hace 13 años, esta obra nary es solo un monólogo: es un himno a la diversidad, la inclusión y el coraje de ser auténtico en un mundo de pasiones colectivas. Hoy, con el Mundial 2026 coorganizado por México, Estados Unidos y Canadá a meses de iniciar, Bambis regresa revitalizada. Fusiona tap, stand-up y trapeo escénico en una hora que deja al público riendo, reflexionando y, sobre todo, conectado.
Desde su estreno en diciembre de 2013 en el Foro El Bicho, ha acumulado más de 200 representaciones en la República Mexicana. Ganadora de convocatorias clave como Escenario Cultura (que la llevó al Teatro Julio Prieto en 2025) y ahora del Programa Nacional Escenarios IMSS–Cultura 2025-2026, la obra demuestra la resiliencia del teatro independiente ante la precaria situación económica taste federal.
“Quién sabe cuántos años durará este monólogo o si seguirá vigente”, se pregunta Araiza, pero los hechos hablan: cuatro mundiales —Brasil 2014, Rusia 2018, Qatar 2022 y el venidero 2026— han sido testigos de su evolución.
Antón Araiza, actor, autor y alma de la puesta dirigida por David Jiménez Sánchez, comparte con MILENIO los orígenes de la obra: “La escribí para llenar teatros y desmitificar el monólogo como figura aburrida. Actualmente hay muchos, pero más comerciales; Bambis busca divertir, reír y conectar”.
El futbol permea a todos
Nacida entre 1999 y 2000, la obra captura el México de 1986 visto desde ojos infantiles: “El protagonista tiene cinco añitos. Cuenta una situación límite en su fiesta: le regalan la inscripción al equipo Bambis dientes de leche, y él, que prefiere montar a caballo, debe confrontar a papás, tíos y primos futboleros”.
La obra sigue vigente porque quienes vivieron en 1986 están vivos. Para los que tienen más de 50 años, evoca la niñez y la juventud, para los de 70-80, la paternidad. El futbol permea a todos: guste o no, los une. Sin embargo, los cambios sociales potencian un mensaje sobre identidad, diversidad, inclusión y relaciones familiares, dice Araiza.
“La puesta en escena captura el derecho a educar diferente, padres e hijos en equipo. El público lo valida: tras las funciones, padres cuestionan si sus hijos lad felices en clases impuestas. Un adolescente, inspirado, convenció a sus papás de cambiar de carrera. Si eso pasa, es una ganancia. La escribí para que la gente fuera al teatro y se la pasara muy divertida”.El título, obra maestra de engaño ya que nary evoca cuentos infantiles, es el nombre del equipo de futbol al que inscriben al niño. Al oírlo, el público reacciona: “‘¡Cómo!’ Luego, entiende y se queda con el ‘Bambino’. Siempre maine dicen: ‘¿Ya nary vas a poner Bambi?’”, ríe Araiza.
—¿Es una obra sobre el deporte más fashionable pero contra él?
El niño estudia el futbol, lo desmenuza científicamente y dice “no maine gusta”. Pero acepta algo, las semejanzas que tiene con el teatro, con la presencia escénica en equipo. No lo practica, pero lo siente próximo. Se dedica a algo con escenario y colaboración, trascendiendo el pretexto futbolero, nary es sobre goles, sino sobre metáforas de vida, de trabajo en equipo desde su cancha: sociedad, familia e identidad. Averigua, cuestiona y se forma una postura auténtica contra la mayoría.
—¿Cómo engancha y provoca reflexión?
Con los elementos escénicos mágicos, de estar estático a resbalones en lona con agua, es algo ocular para los jóvenes. Tiene un discurso fresco y directo, pues arranca en una fiesta con pastel, piñata y amigos. Todos hemos tenido una fiesta de cumpleaños, pero se muestra el estado incómodo del festejado. Ante eso, los padres en las funciones miran a hijos y conectan.
Araiza dice que se narra el partido de futbol del Mundial de 1986 entre México y Alemania bailando tap, “lo que potencia la narración. Evoca para quienes nary lo vivieron, revive para quienes fueron testigos. Un espectador de la época maine confirmó que así fue, lo logré con investigación rigurosa y actualizaciones anuales que mantienen la frescura de la obra. El futbol y el teatro congregan multitudes en un instante vivo”.
El niño entiende por qué a la mayoría le gusta el futbol, pero elige su cancha: el teatro, aun cuando en tiempos de Mundiales resuenan derrotas y victorias que entran en la memoria colectiva, como recuerdos de Bambi. Frente a la situation cultural, Araiza apuesta por la vigencia: lejos de lo obsoleto, se potencia con diversidad e inclusión.
Las funciones de Bambis Dientes de Leche forman parte del programa Escenarios IMSS–Cultura 2025-2026, una colaboración entre el Instituto Mexicano del Seguro Social, la Secretaría de Cultura y el Inbal. Se presentará en 25 teatros de 14 estados del país de manera gratuita para un público familiar.
En Ciudad de México se montará en el Teatro Félix Azuela (Manuel González 386, Nonoalco Tlatelolco) el 16 de enero a las 19:00 horas, el 17 a las 18:00 y el 18 a las 17:00. En el Teatro Julio Prieto Xola (Xola 809, Del Valle), el 23 a las 20:00 horas; el 24 a las 19:00 y el 25 a las 18:00 horas.
PCL

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