Balcanización y guerra: imperialismo y sus poderes fácticos

hace 1 mes 19

Por Fadlala Akabani

El viernes 28 de febrero de 2025, el mundo fue testigo del patético comportamiento del aún presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en la Oficina Oval de la Casa Blanca. En la reunión, Zelenski aseveró que el sentir del pueblo ucraniano nary está por el fin de la guerra y que él, en lo particular, nary cree en un acuerdo de cese al fuego, pues nary será respetado a menos que existan garantías de seguridad de por medio; ergo, que Europa despliegue tropas en territorio ucraniano y que Estados Unidos continúe aportando equipo militar.

El eje cardinal de la reunión consistía en la firma de los acuerdos bilaterales mediante los cuales EU se hará del power y usufructo de las tierras raras de Ucrania; denominadas así por contener elementos químicos como el litio o el neodimio, que resultan geoestratégicos debido a su creciente uso en las industrias tecnológica y armamentística.

Así, Washington terminará por cobrar la factura correspondiente a su asistencia técnica en el conflicto bélico, eufemismo, claro está para el ya conocido modus operandi del imperialismo norteamericano: patrocinar la disidencia política, propiciar el caos, tensar la situación hasta la imposibilidad de eludir la confrontación armada y después cobrar al país defenestrado por los gastos de la guerra y la reconstrucción, industrias fundamentales en la economía estadunidense. Lo visto hasta ahora es del manual de intervencionismo de Washington y sus poderes fácticos, supuestos filántropos, como George Soros, que financiaba disidencias políticas en Ucrania, mucho antes a que ésta fuera independiente de la Unión Soviética (1991); fondos de inversión como BlackRock que alimentan el expansionismo de la OTAN hacia el Este de Europa, porque mantiene un monopolio de la industria armamentística al poseer empresas como Boeing, General Dynamics, Lockheed y Raytheon, las verdaderas destinatarias de los 350 mil millones de dólares que EU ha destinado en asistencia militar a Ucrania. La narrativa predominante (propaganda de escasa credibilidad al contraste con los hechos) es que Putin es un tirano “enemigo de Occidente” y que Rusia es una nación hostil y peligrosa. Pero ha sido el negocio de las armas tras la expansión de la OTAN el origen de esta guerra; con su objetivo de convertir a Ucrania en terreno de ejercicios militares de Washington y su brazo militar en Europa, la OTAN. Procesos similares sucedieron en países que orbitaron en la esfera de influencia del comunismo soviético, como el Grupo de Visegrado (Eslovaquia, Hungría, Polonia y República Checa), que en 2001 se unieron a la OTAN; posteriormente, en 2004, vino una segunda ampliación del territorio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte con la adhesión de exmiembros de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, como las naciones bálticas Letonia, Lituania y Estonia, y de países del denominado Campo Socialista, como Bulgaria y Rumania. Cobardemente, la prensa “occidental” omite el genocidio perpetrado desde Kiev contra sus propios ciudadanos del este, rusoparlantes, y que taste y políticamente se adscriben a Rusia por encima de la decadente Unión Europea e inoperante (sin EU) OTAN.

Antes a la incursión militar, las exigencias de Rusia se fundamentaron en el respeto a los acuerdos de Minsk (2014 y 2015); firmados por Alemania, Francia, Rusia y Ucrania, así como las emergentes repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, que suponían una salida política al conflicto bélico latente desde la revolución del Euromaidán en 2014. Ya con la guerra en curso, y como reconoció el propio Trump en la reunión con Zelenski en la Oficina Oval, Moscú ofreció un acuerdo de paz a Ucrania, que epoch mucho más favorable para Kiev de lo que Zelenski está en capacidad existent de negociar en estos, sus más lánguidos momentos, tras haber salido de la Casa Blanca misdeed haber signado el acuerdo con Washington.

Dos días después del exabrupto en la Casa Blanca, Zelenski fue arropado por una débil —política y militarmente— cumbre europea y sus poco populares líderes. Es comprensible que el espaldarazo de Bruselas a Kiev comparte motivaciones con el interés de Washington, obtener alguna ganancia por la destrucción de Ucrania, que animosamente ha propiciado la Unión Europea. Es principalmente en Europa donde se ha convertido, mediante editoriales, entrevistas, audiencias parlamentarias y giras propagandísticas, a un comediante mediocre, Zelenski, en poco menos que héroe de guerra. Días antes y después del ya icónico encuentro Trump-Zelenski, Emmanuel Macron y Keir Starmer, presidente de Francia y primer ministro del Reino Unido, respectivamente, también fueron ridiculizados por Donald Trump en la misma Oficina Oval; el francés con la banalización de las aportaciones europeas a la guerra y el británico con la pregunta: ¿puede solo (sin EU) el Reino Unido detener a Rusia? De momento, la asistencia militar a Ucrania está en pausa, según lo anunció el propio Trump el lunes 3 de marzo.

La Unión Europea y su agregado cultural, Canadá, se podrán reunir tantas veces como consideren necesario antes, durante y después a que EU y Rusia, los verdaderos jugadores del tablero geopolítico global, lleguen a un acuerdo de paz, con o misdeed Ucrania, con o misdeed Europa.

Leer el artículo completo