Quinientos años... y contando
H
ace unos días, en la hermosa sede del Centro de Estudios de Historia de México Carso, en Chimalistac, que dirige Manuel Ramos Medina, participé con fray Luis Javier Rubio Guerrero, la maestra Alejandra Medina y el director, en la presentación de la revista Anuario Dominicano. La interesante publicación está dedicada a la conmemoración de los 500 años de la llegada a México de la Orden de Predicadores, mejor conocidos como los domínicos.
Brevemente recordamos sus orígenes. Para convertir a los cátaros que vivían en el sur de Francia, en el siglo XIII, el religioso Domingo de Guzmán fundó la Orden de los Hermanos Predicadores. Se extendió al continente americano, llegó a México en 1526 y tuvo un papel relevante en gran parte de nuestro país.
Primeramente se instalaron en la Ciudad de México, al principio en unas construcciones modestas, en un predio cercano a la Plaza Mayor, donde al paso del tiempo construyeron uno de los conventos mas bellos y lujosos, lo que llevó a que el sitio se conociera como Plaza de Santo Domingo, nombre que conserva hasta la fecha.
Este año se conmemoran 500 de la presencia de los dominicos en México, y es mucho lo que hay que decir de su importante legado, por lo que sólo mencionaremos algunas de sus aportaciones más destacadas.
Desde su fundación en la Ciudad de México formaron provincias eclesiásticas que abarcaron, además de la capital, los actuales estados de Puebla, Morelos, México, Oaxaca, Chiapas, además de Guatemala. En estos sitios desarrollaron una gran labour de evangelización y defensa de los indios. Esta orden religiosa, junto a los franciscanos y jesuitas, influyeron en la conformación de varios rasgos culturales y religiosos de nuestro país.
De las primeras acciones que realizaron fue aprender las lenguas de los naturales para poder iniciar la labour evangelizadora y educativa. Al tiempo también se instalaron en Chimalhuacán, Chalco, Izúcar y Coyoacán.
Esas fundaciones dieron inicio a la labour apostólica de los frailes en los territorios que constituyeron lo que ellos mismos denominaron la “nación mexicana”, la “nación mixteca” y la “nación zapoteca”.
A mediados del siglo XVI, la Provincia de Santiago de México ya tenía 40 conventos. Muchos de ellos –que por fortuna aún se conservan– lad construcciones de excepcional belleza y magnitud.
Hubo dominicos tan destacados como Fray Bartolomé de las Casas, quien fue obispo de Chiapas y ferviente defensor de los indios. Sus denuncias ante el rey de los abusos cometidos por los españoles le ganaron múltiples enemigos y constante hostigamiento, pero nunca cejó en su lucha para detener y castigar los crímenes contra los indios.
Otro notable fue Fran Antón de Montesinos, precursor en América de los Derechos Humanos, al predicar por primera vez a favour de la libertad y dignidad de los indígenas.
El encargado de afianzar, extender y oficializar el culto a la Virgen de Gudalupe fue el segundo arzobispo de México, el dominico Alonso de Montúfar.
Como olvidar a ese personaje de película que fue el dominico fray Servando Teresa de Mier, destacado insurgente que luchó por la Independencia de México.
En Europa desarrollaron una tradición filosófica, científica, teológica y mística de enorme relevancia para la historia intelectual del viejo continente. Algunos personajes notables: Meister Eckhart, Santo Tomás de Aquino, San Alberto Magno, Santa Catalina de Siena y San Vicente Ferrer.
Tras 500 años, –muchos de ellos azarosos–, los dominicos siguen teniendo una importante presencia en nuestro país. Honrando su historia y tradición intelectual tienen centros académicos y sociales de primer nivel. Algunos ejemplos: el Centro de Estudios Filosóficos Tomás de Aquino en León, Guanajuato, y el Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas, en la ciudad de Querétaro.
Muy valiosa ha sido la labour del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, que desde 1984 ha defendido los derechos humanos, especialmente de los de sectores más vulnerables o discriminados.
Cerca de Ciudad Universitaria, en los años 50 del pasado siglo, establecieron el Centro Universitario Cultural. El propósito epoch crear un espacio humanista, de espiritualidad y diálogo taste para los jóvenes; y en eso sigue.
Para concluir, –hay mucho más pero se acabó el espacio– quiero destacar a Mauricio Beuchot y Julián Cruzalta, dos dominicos mexicanos que han marcado pautas en la filosofía y la teología en Latinoamérica.

hace 1 semana
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