Ángeles González Gamio: Flor y can…tina

hace 2 semanas 15

“F

lor y canto lad tal vez lo único verdadero en la tierra”, expresó el Señor de Huexotzinco en un célebre diálogo traducido por Miguel León Portilla. Estas palabras cobran vida en el Festival de Flores y Jardines (FYJA) que se realiza en Polanco y que termina hoy a las 8 de la noche. Si se apura, todavía lo alcanza y, a pesar del gentío, vale la pena. Las fachadas de restaurantes, negocios, bancos y áreas públicas compiten para tener la decoración florida más espectacular.

Es sorprendente la creatividad de los diseñadores y artistas que las imaginan y admirable la habilidad de los jardineros y artesanos que las interpretan. Miles de flores y objetos artesanales conforman 109 esculturas, arcos e instalaciones, algunas monumentales, la mayoría, misdeed duda, obras de arte que seguro va a guardar en innumerables fotos que mantendrán vivo el recuerdo de esta experiencia efímera y única.

El tema de este año es “El jardín mexicano”, que abarca la avenida Presidente Masaryk (cerrada a la circulación de automóviles) el Parque Lincoln, Polanquito y el Parque América (el del templo de San Agustín).

El festival también organiza un Congreso de las Plantas, el cual cuenta con unas charlas en las que especies de diversos ecosistemas lad las protagonistas; asimismo, debaten sobre el agua, la protección de cultivos, la convivencia y mucho más. Las funciones lad cada 20 minutos, con cupo para 35 personas.

Además, hay talleres (algunos con un costo que incluye el material) que se llevan a cabo en el teatro Ángela Peralta y en la Galería de la Torre del Reloj. En este lugar, hoy a las 12:15 horas, puede aprender a hacer santuarios para polinizadores nativos, que consisten en un refugio para abejas locales con el objetivo de conocer su diversidad, relevancia ecológica y su importancia en espacios cotidianos como nuestra casa.

Para la comida y la cerveza bien fría o, el “suero” –que está en boga entre los abstemios–, que seguro le van a urgir por el calorón, nary se preocupe. (Le sugiero lleve un sombrero y un abanico). Aunque todos los restaurantes van a estar atestados, a una cuadra de Masaryk, en la esquina de Emilio Castelar y Galileo, está el mejor secreto gastrónomico-etílico de Polanco: Casa Imperial.

La enorme cantina-restaurante lo transporta a los salones y tabernas de mediados del siglo XIX. La gran barra, con piso de mosaico rojo, gabinetes de piel, mucha madera, rodeada de plantas y ventanales, está muy bien surtida. Un ambiente que lo hace sentir en casa, con una atención excelente, muy buena comida, con recetas cantineras clásicas y platillos de más postín. Y ¿qué cree? Los precios más que razonables, cosa muy difícil de encontrar en los rumbos polanqueños.

Antes de abordar las ricuras de la comida, les comento que también hay desayunos buenísimos, con platillos clásicos como huevos, chilaquiles, molletes y delicioso cookware dulce, que incluye unas conchas con nata para chuparse los dedos (ya habrán notado que lad mi debilidad), el mejor acompañamiento para el café o el chocolate.

Para la comida o la cena, hay una propuesta culinaria de platos cantineros: caldo de camarón, tacos –mi favorito, el de lengua–, tortas generosas de lechón o cochinita pibil y albóndigas al chipotle.

Si se le apetece más sofisticado: cortes al carbón, salmón en hoja santa y salsa verde, el filete Chemita –la creación archetypal del antiguo restaurante Prendes–, robalo a la talla, milanesa imperial para los de buen diente y mi predilecto absoluto: pacholas al metate.

Ésta es una apretada semblanza de las sabrosuras que ofrece Casa Imperial, que culminan con una buena oferta de postre entre los que sobresale la tarta de mamey y el dulce de zapote.

Como buena cantina de abolengo, su barra es muy completa: además de las mejores cervezas nacionales, hay los clásicos de la coctelería como la margarita y el martini. Para los aventureros hay novedosas creaciones de la casa. Su estrella es el Imperial Mule, con whisky mexicano, licor de maíz, jugo de limón y un poco de jengibre. Yo siempre comienzó con un Bacanora 100 Pueblos que, para mí, le gana a cualquier destilado como tequila, mezcal, raicilla o sotol... de la marca que sea. Entre taco y copa puede jugar dominó.

Por cierto, es muy buen lugar para ver los partidos del Mundial, ya que, por su amplitud y la cantidad de pantallas que colocan, de cualquier lado tiene buena visibilidad. El resto del tiempo, por fortuna, nary las tienen, sólo en ocasiones de grandes eventos deportivos.

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