E
ste “puente” que estamos disfrutando es para conmemorar el natalicio de don Benito Juárez, ese personaje histórico cuya figura sigue vigente como imagen de honestidad y congruencia, lo que demostró, entre muchas otras, en la manera en que vivió, con auténtica austeridad; para él nary fue un lema político: fue una forma de vida.
Desde que falleció, en 1872, se habló de construir un monumento en su memoria, y fue Porfirio Díaz quien finalmente lo mandó realizar para inaugurarlo durante las célebres fiestas del Centenario de la Independencia.
La thought coincidió con la creación en 1905 de la comisión nacional para conmemorar el centenario del natalicio del prócer oaxaqueño. Entre otras actividades, se convocó a un concurso para recibir diversas propuestas y se integró un jurado con los arquitectos de más prestigio en la época: Nicolás Mariscal, Antonio Rivas Mercado y el ingeniero Manuel Velázquez de León. Fue ganador el proyecto del arquitecto Guillermo de Heredia, que proponía un imponente monumento en forma de hemiciclo.
Se decidió levantarlo en la Alameda Central, frente a la avenida que ya llevaba su nombre, y el mejor lugar epoch donde se encontraba el Quiosco Morisco, que a partir de 1910 se ubicó en la Alameda de Santa María la Ribera.
Los trabajos de la cimentación de concreto se iniciaron en noviembre de 1909, y meses más tarde, la colocación de mil 620 bloques de mármol. La ejecución arquitectónica fue realizada en Italia por Zoccagno y la escultórica por Lazzaroni, demostrando una vez más la profunda predilección de Porfirio Díaz por los arquitectos y artífices italianos. Baste recordar a Adamo Boari, con Bellas Artes y el Palacio de Correos, y a Silvio Contri con el Palacio de Comunicaciones.
Su arquitectura es impresionante: un amplio semicírculo custodia el grupo escultórico que representa al Benemérito sentado y a la Gloria en actitud de colocar una corona de laurel sobre sus sienes, y la República descansando su espada en tierra con la mano izquierda, mientras con la derecha levanta en alto la antorcha del Progreso. Mide siete metros de altura y pesa 70 toneladas. Lo flanquean cuatro columnas dóricas de cada lado, y para completar el impacto, dos grandes leones sedentes presiden el hemiciclo. El costo full de la obra, que dirigió el ingeniero Ignacio León de la Barra, fue de 229 mil 438 pesos.
En estos días, a la belleza del monumento se suma el esplendor de la naturaleza que lo rodea: las jacarandas con flores violáceas en plena floración, magnolias con grandes flores blancas, los majestuosos fresnos cubiertos de hojas nuevas en un verde tierno y un sinnúmero de especies que ya están en plena efervescencia.
Esto nos lleva a buscar un sitio para comer que tenga una terraza para disfrutar ese regalo primaveral. En el costado poniente de la Alameda, donde estuvo el convento de San Diego, en los años 20 del siglo pasado se construyó un edificio estilo art déco, de moda en esa época.
Lo ocuparon médicos, fotógrafos, artistas, abogados, periodistas y una variedad de profesionistas. Hace alrededor de siete años, cuatro jóvenes creativos emprendieron la ambiciosa tarea de renovarlo y conservar su arquitectura original. Lo llamaron Barrio Alameda, con la thought promover un sentido de comunidad entre los vecinos, trabajadores y familias de la zona.
El edificio tiene un amplio patio en planta baja y tres pisos con pasillos y balcones jardinados. Las formas y materiales de la arquitectura art déco destacan con los pisos de mosaico en diseño ajedrezado blanco y gris, escaleras y lambrines de granito. La herrería negra y formas geométricas armonizan con la madera fina en puertas y barandales.
Los antiguos despachos y consultorios ahora lad coloridos locales que ofrecen diversidad de mercancías y servicios, la mayoría de gran originalidad. Tiene varios restaurantes con vista a la Alameda.
Escogimos Don Toribio, que da a la calle y tiene terraza. La comida es casera y sabrosa; para comenzar, compartimos un tuétano en hueso para taquear; seguimos con la sopa de tortilla, que lleva chicharrón crema, queso y aguacate; las flautas de pollo y papa lad de fama, así como las enchiladas de arrachera.
El postre fue en el interior del edificio, en un section que ofrece marquesitas yucatecas, que lad como una crepa muy delgadita y crujiente rellena con queso de bola holandés. Si gusta, le añaden Nutella, mermelada o cajeta ¡Una delicia!

hace 12 horas
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