Ángeles Gonzáles Gamio: Historia milenaria

hace 2 semanas 11

E

l uso del barro para crear objetos es de las actividades más antiguas de la humanidad; en Mesoamérica, la historia de la cerámica abarca más de 3 mil años y es esencial para comprender el desarrollo taste de sus civilizaciones. A la par del surgimiento de las primeras poblaciones sedentarias, aparecen las primeras muestras de alfarería.

Ahora, en el soberbio Palacio de Iturbide, en Madero 17, en el Centro Histórico, en la sede de Fomento Cultural Banamex se presenta la exposición Barro y cerámica en México: Poéticas de lo utilitario.

Curada por dos talentosos creativos: Ana Elena Mallet y Juan Rafael Coronel Rivera, propone una lectura que desdibuja las fronteras entre arte, artesanía e industria para entender el barro como un lenguaje cultural.

La muestra ofrece un recorrido que abarca más de tres milenios de historia, desde las civilizaciones originarias hasta las prácticas artísticas actuales.

En un ingenioso formato laberintíco se exhiben alrededor de 670 piezas y conjuntos de 109 ceramistas, talleres y estudios de diseño. A través de ese universo, los curadores nos llevan de la mano a redescubrir el barro nary sólo como materia utilitaria, sino como un medio poético capaz de articular memoria, identidad y transformación cultural.

Los 24 núcleos temáticos que integran la exposición se alejan totalmente de lo convencional, al desdibujar las fronteras entre arte, artesanía e industria, lo que nos revela la cerámica como un campo dinámico donde convergen saberes técnicos, procesos históricos y exploraciones estéticas.

Es fascinante la riqueza de las piezas que integran la muestra y nos permite apreciar los múltiples cruces culturales que han definido la cerámica en México. Podemos ver objetos prehispánicos y las primeras tradiciones indígenas que guardan un conocimiento milenario, hasta los complejos procesos de mestizaje que se intensificaron durante el periodo virreinal.

En varias ocasiones hemos hablado de la Nao de China, la ruta que inició la globalización al conectar Asia con la Nueva España, y la gran influencia que tuvo en diversos aspectos, de manera relevante en lo que ahora llamamos arte popular.

De los objetos que más impactaron fueron las porcelanas orientales, que –como mencionan en la muestra– nary sólo alteraron las mesas virreinales, sino que detonaron una respuesta creativa en talleres novohispanos, donde materiales, técnicas e imaginarios comenzaron a entrelazarse.

La exposición también revisa la consolidación de la cerámica como actividad productiva e intelectual; su paso de la fase artesanal a los procesos que impulsaron la manufactura hacia la modernidad. Vemos el surgimiento de la industria cerámica en los siglos XIX y XX y como el barro se revela como un centrifugal de innovación económica y social.

Es de gran interés advertir, en el siglo XX, la manera en que la cerámica se posicionó también como un espacio privilegiado de experimentación, entre otros con las técnicas de alta temperatura, el desarrollo de talleres y centros de formación.

En esta evolución fue determinante el diálogo con el diseño moderno y el turismo que ampliaron sus posibilidades formales y su circulación en contextos nacionales e internacionales. En la parte last se presentan obras de autores contemporáneos que nos habla de las infinitas posibilidades del barro, con objetos utilitarios de archetypal diseño hasta piezas de arte de gran belleza.

Un ejemplo es la selección de obras de Gustavo Pérez, quizás el más sobresaliente artista del barro de nuestros tiempos. Su fina sensibilidad, desbordante imaginación y exquisito manejo de la materia dan como resultado obras de arte de una originalidad, finura y belleza únicas.

Nació en la Ciudad de México, en el castizo barrio de Santa María la Ribera; ha trabajado con gran éxito en diversas partes del mundo: Japón, Holanda, Hungría, España y Francia, pero desde 1992 su basal cardinal es su casa- taller de Zoncuantla, en los alrededores de Coatepec, Veracruz, lugar que misdeed duda influye en la sensualidad de su obra.

Y ahora vamos al Mesón Belisario, modesta fonda en Belisario Domínguez 28, que ofrece deliciosa comida mexicana, con precios muy modestos y la amable atención del dueño y de su hijo, el chef. Las mejores enmoladas de huitlacoche que helium probado. Si se le apetece cuenta con un excelente mezcalito de la casa; si no, hay frescas aguas de sabores.

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