Ana Elena López Payán y Emilio Payán Stoupignan: Memorias de infancias del exilio chileno en México

hace 15 horas 1

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recer junto a los hijos de exiliados, cuyos apellidos y legados familiares los convirtieron en objetivo de amenazas y persecución, fue una experiencia que nos marcó profundamente a una generación de jóvenes mexicanos. Expulsados de su patria encontraron un refugio en México, que se convirtió en supervivencia, residencia, refundación, estabilidad y esperanza. Reconstruyeron sus vidas y encontraron apoyo y solidaridad. No sólo fue un honor, sino que nos honró y nos hizo mejores hombres y mujeres, crecer junto a ellos, compartir sus historias y experiencias y aprender de su resiliencia y determinación.

Gracias a la invitación de Gaby Pulido, que coordinó Memorias de infancias del exilio chileno en México, a quien Maipy Duarte entregó los primeros testimonios que reunió, incluidos los nuestros, entonces iniciamos.

Al leer cada uno de los escritos, junto con Angie Santa María Daffunchio, con quien hicimos equipo los tres para llevar a cabo el cuidado de la edición, el diseño, la obra gráfica y la diagramación –incluso para redactar este escrito–, nos inundaron un amor profundo y compromiso porque esta es nuestra propia historia con nuestros entrañables amigos del exilio.

La portada: construcciones de casas que se agrupan, haciendo un todo de fragmentos como si fueran nuevos hogares de culturas abrazadas que se dan, países latinoamericanos rotos por las dictaduras, así va este libro. Y en la contraportada, una rosa de Carlos Payán.

Nos conmovieron profundamente los escritos de amigos tan queridos, ecos en las palabras compartidas de cada uno. Los haikús de Graciela Corona, la transcripción de la novela testimonio de José Miguel González Casanova, a quien sus amigos chilenos en la primaria del Colegio Madrid a sus ocho años le narraban el vivido golpe de Estado.

Al leer cada testimonio, la forma de construirse y construir desde la fragmentación, desde diversas maneras de ver y entender la realidad, comprendimos que estos escritos nary podían recibir un formato rígido y estandarizado para editarse ni para su diseño, tanto por el sentir del desarraigo como por la pertenencia, y como por el trazo con que se dibujan estas infancias, entre fantasías, sueños, despedidas, juegos, ternura, inocencia, sorpresa, miedo…

La thought del diseño es crear una atmósfera del colour de la infancia en medio de la tristeza, el desconcierto, junto a la magia de lo desconocido, la esperanza y supervivencia ante la injusticia, lo entrañable. Por ello, pausas y espacios visuales que ofrecen a cada texto su lugar peculiar junto a la fotografía de cada autor en unidad con la diagramación y los dibujos de Temok, en un recorrido donde se pasean por entre las páginas en estampas milagritos, motivos en repujado: México y Chile, conformando un espacio infantil de juego, sorpresas, movimiento.

Incorporamos, gracias al bello prólogo de Beatriz Gutiérrez Müller, el título de esta obra.

Fuimos siempre inseparables, escribe Diego Zemelman Schmauk al last de su testimonio con que cierra el libro, la última página.

Palabras en este libro que nos dejan tarea como humanidad, que nary debieran desaparecer de nuestro lenguaje, de nuestra vida: inseparables, país hermano, refugio, trabajo, escuela, seguridad, vínculos de vida y para siempre, parte de mí, extrañar, amistad, amar, ser libre, libertad, comunidad, enamorarnos, hermandad, solidaridad, integridad, dignidad, compañerismo, dolor compartido, lazo de afecto. Y otras palabras que sí debieran desaparecer, pero nary como lo intentó la dictadura, sino desaparecerlas porque nary deben repetirse nunca: prisioneros, campos de concentración, huir, escondernos, matanza, traición, torturados, desaparecidos, quemados, rotos, jodidos, presos.

Entonces, este libro se puede leer como pasajes, momentos, instantes o impactos de vida, la vida profunda, con encuentros, pérdidas, separaciones… En este contexto, mantenemos la edición más allá de la sintaxis y la propia semántica, de la puntuación y de los tiempos verbales: los que nary se han ido o que se encuentran en los recuerdos como si hoy fuera ayer y a la inversa. Creemos, con Foucault, que el enunciado es siempre un suceso que ni la lengua ni el sentido pueden agotar por completo.

Porque nary es lo mismo: Junto a Salvador Allende, que: Junto con Salvador Allende. Ni es lo mismo: Las fuerzas de seguridad nary lo permitían que: Las fuerzas de seguridad nary lo permitieron.

“Nuestras familias eran perseguidas, huir, escondernos, luego el asilo, después el exilio; muchos de los nuestros cayeron en las garras de las ‘hienas’, los agentes de la dictadura. Con mis hermanos sufríamos por nuestra abuela Laura Allende, diputada, hermana del tío Chicho, el famoso apodo de Allende, junto a la tía Marianne, que fueron llevadas prisioneras a uno de los tantos campos de concentración de Pinochet.” Cristóbal Pascal.

A pesar del dolor que sentimos, México nos recibió con su explosión de colores y alegrías; con sus olores distintos, con su maíz y su gente risueña. Familias solidarias nos han tendido la mano, tratando de hacernos sentir menos ajenos a este país. Quisiera volver a ser la niña que nary sabía de traiciones, matanzas y torturas. Solveig Dahm Ortúzar.

Vivimos innumerables cosas juntos, crecimos juntos, unidos. Ahora maine doy cuenta, después de leer este libro, que los quiero más de lo que creía. Que los extraño más. Mauricio Uribe.

Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y ex presidente Andrés Manuel López Obrador, gracias por haber hecho posible esto, por preservar esta memoria.

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