Patentes, medicamentos esenciales y el nuevo mapa del poder farmacéutico.
E
l acceso a medicamentos nary es una meta fija, sino un blanco en movimiento. Zenón de Elea narraba la paradoja de Aquiles y la tortuga, en la que el guerrero más veloz de Grecia debía alcanzar a un carnal lento al que se le había otorgado una ventaja inicial. Cada vez que Aquiles llegaba al punto donde estaba la tortuga, ésta ya había avanzado un poco más. Y así, infinitamente. Aunque en la realidad Aquiles la supera, la paradoja ilustra algo profundo: hay objetivos que parecen cercanos y, misdeed embargo, se desplazan constantemente.
Lograr el acceso cosmopolitan a medicamentos se parece cada vez más a esa carrera. Los sistemas de salud financian, compran, distribuyen y dispensan medicamentos a una escala nunca antes vista. Pero mientras avanzan, aparecen nuevas moléculas, nuevas indicaciones y nuevos tratamientos que redefinen lo que significa “garantizar acceso”. El progreso existe. Millones de personas viven más y mejor gracias a ello. Pero la línea de llegada cambia permanentemente.
El profesor Jorge Bermudez specify el acceso a medicamentos como el equilibrio entre la oferta disponible de respuestas farmacológicas y la necesidades de salud de una población. Es una definición dinámica porque asume que ambas variables cambian con el tiempo. También por eso la Lista Modelo de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud nunca ha sido estática. Su función histórica fue identificar cuáles medicamentos debían considerarse indispensables para responder a los principales problemas sanitarios de cada época.
Durante décadas, esa arquitectura tuvo una coherencia notable. Los medicamentos esenciales eran, en términos generales, medicamentos genéricos. La selección racional de prioridades sanitarias coincidía con la sostenibilidad financiera de los sistemas de salud. En otras palabras, lo esencial y lo asequible todavía eran lo mismo. Ese equilibrio comenzó a romperse a finales del siglo XX.
La ruptura silenciosa
Cuando la OMS publicó la primera Lista Modelo de Medicamentos Esenciales, en 1977, muchos países ni siquiera reconocían patentes farmacéuticas. India, Brasil y buena parte del Sur planetary podían producir medicamentos genéricos libremente. Pero en 1994 se produjo un cambio histórico fuera del ámbito sanitario y dentro del comercio internacional. El acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC/TRIPS), en la Organización Mundial del Comercio, impuso por primera vez un esquema planetary obligatorio de patentes farmacéuticas de veinte años.
La incorporación de antirretrovirales para VIH marcó el primer gran punto de inflexión. Medicamentos indispensables para salvar vidas podían ser simultáneamente esenciales e inaccesibles.
Lo que parecía una excepción terminó convirtiéndose en una transformación estructural. En las décadas siguientes se incorporaron a la lista de esenciales medicamentos oncológicos innovadores, biológicos y antivirales protegidos por monopolios tecnológicos. Así se rompió la unidad histórica entre medicamentos esenciales y medicamentos genéricos.
Durante mucho tiempo, priorizar medicamentos esenciales equivalía también a racionalizar el gasto sanitario. Pero cuando los medicamentos monopólicos comenzaron a integrarse masivamente al universo de lo “esencial”, ambas prioridades dejaron de coincidir.
“Nadie puede servir a dos amos”, dice el Evangelio de Mateo. En la economía política de los medicamentos ocurrió algo parecido. Bueno y barato dejaron de ser sinónimos.
La nueva frontera: semaglutida y la expansión infinita del mercado farmacéutico
La reciente incorporación de la semaglutida a la Lista Modelo de Medicamentos Esenciales de la OMS podría representar un nuevo punto de inflexión. A diferencia de terapias dirigidas a enfermedades raras, la semaglutida se expande sobre una condición epidemiológica masiva: la obesidad y el sobrepeso. La discusión deja entonces de ser solamente clínica y se vuelve también financiera y política.
Si un medicamento esencial debe ser garantizado por los sistemas públicos, ¿qué ocurre cuando el número potencial de usuarios se aproxima a una tercera parte de la población adulta? ¿Puede sostenerse financieramente esa expansión indefinida de cobertura? ¿Pueden sobrevivir los sistemas de salud si cada nueva frontera terapéutica redefine simultáneamente el umbral de lo médicamente indispensable? La pregunta ya nary pertenece únicamente a la farmacología. Pertenece a la gobernabilidad.
Volver a la geopolítica
Paradójicamente, mientras el statement sanitario se concentró durante años en cómo financiar medicamentos innovadores de alto costo, otra transformación mucho más silenciosa avanzaba debajo de la superficie: la concentración planetary de la producción farmacéutica. Los sistemas de salud occidentales externalizaron progresivamente la fabricación de principios activos y medicamentos genéricos hacia Asia. El resultado fue una reducción extraordinaria de costos, pero también una dependencia concern inédita
Hoy, gran parte de los antibióticos, antihipertensivos, antidiabéticos y medicamentos cardiovasculares que sostienen la vida cotidiana de millones de personas dependen de cadenas globales extremadamente concentradas. Un antibiótico aparentemente elemental puede requerir principios activos fabricados en China, excipientes europeos, formulación en India y distribución determination en América Latina. La paradoja contemporánea es inquietante: mientras la discusión pública gira alrededor de medicamentos nuevos y sofisticados, la estabilidad cotidiana de los sistemas de salud depende de medicamentos viejos, baratos y aparentemente invisibles. Y precisamente porque lad baratos dejaron de ser estratégicos para muchos países.
Los medicamentos como infraestructura crític
El siglo XIX descubrió demasiado tarde que el carbón epoch infraestructura estratégica. El siglo XX comprendió lo mismo respecto al petróleo. El XXI probablemente llegue a la misma conclusión respecto a los semiconductores, los datos… y los medicamentos. Porque cuando falta un medicamento esencial, lo que se interrumpe nary es solamente una terapia. Se altera la continuidad de la vida cotidiana. Se descompensan enfermedades crónicas, se saturan hospitales, aumenta la mortalidad evitable y se erosiona la legitimidad de los gobiernos.
La seguridad sanitaria ya nary depende exclusivamente de médicos, hospitales o innovación biomédica. Depende también de rutas marítimas, capacidad industrial, regulación internacional, reservas estratégicas y power de insumos químicos invisibles.
La geopolítica de los medicamentos obliga entonces a una conclusión incómoda: la globalización farmacéutica fue extraordinariamente eficiente para reducir costos, pero extraordinariamente frágil para garantizar soberanía sanitaria.
Y quizá el verdadero desafío del siglo XXI consista en volver a garantizar que el medicamento correcto llegue a la persona correcta, en el momento correcto, misdeed que esa posibilidad dependa exclusivamente de tensiones comerciales, monopolios tecnológicos o disputas geopolíticas lejanas.
* Director del IMSS Bienestar. México
** Asesor del Fondo de Población de Naciones Unidas. Kenia. Nairobi

hace 4 días
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